Discurso

Obama advierte al Congreso: "el tiempo para juegos con la reforma sanitaria se ha acabado"

El presidente de EE UU se dirigió ayer a una sesión conjunta del Congreso, un evento muy poco frecuente, para pedir el fin de la trifulca política alrededor de la reforma sanitaria y una acción decisiva del legislativo para sacarla adelante. Barack Obama recordó el hecho de que el país más rico del mundo es la única democracia que impone un crítico peso en sus ciudadanos por un sistema sanitario deficiente y caro.

"No soy el primer presidente que hace de esta (la sanidad) su causa pero estoy determinado a ser el último", dijo. Y advirtió "el tiempo para las peleas se ha acabado, el tiempo para los juegos ha pasado ya. Es el momento de la acción"

Obama volvió a ser de nuevo el maestro en oratoria que ha demostrado ser desde que su nombre saltó definitivamente a la primera liga de la escena política estadounidense. Y lo hizo para intentar recuperar las riendas de uno de los debates más importantes de la legislatura, si no el que más, después de un verano en el que la reforma de la sanidad ha sido objeto de una intencionada manipulación por parte de sus detractores que ha pasado una grave factura a la Casa Blanca. Obama pidió hace meses a las cámaras que sacaran adelante una reforma bipartita y dio ideas generales de lo que él quería en ella antes de pasar el volante al legislativo. En puridad, el Plan Obama para la reforma sanitaria no existe y en las cámaras no hay consenso sobre el futuro de esta asignatura pendiente para América. La opinión pública, se ha vuelto escéptica y crítica aunque buena parte no tiene en sus manos información suficiente para esta segunda actitud.

Ayer por la noche, Obama volvió a recordar que la reforma es importante porque más de 30 millones de personas no tienen cobertura médica, el coste sanitario está disparado y amenaza la viabilidad de los programas estatales, principalmente Medicare y Medicaid (sanidad para los mayores de 65 años y los pobres) además de los de las empresas, y, por último porque no hay seguridad personal con el actual sistema para los que están asegurados. Aunque ahora son las empresas las que proveen a sus trabajadores con seguros médicos, no todas lo hacen y además este cesa en cuanto se pierde el empleo. Además, no es siempre posible que alguien pueda contratar un seguro privado porque las compañías no lo extienden a personas con enfermedades preeexistentes o rebajan sus servicios cuando aparecen complicaciones en los cuadros clínicos.

El presidente volvió a dejar ayer la iniciativa en manos del legislativo pero fue más concreto en sus propuestas ya que dijo querer una serie de protecciones a los asegurados, -para garantizar la cobertura por la que pagan-, fomentar la competitividad para evitar las altas primas, y expandir los programas de salud para las clases medias bajas, las más desprotegidas actualmente. Obama aludió a propuestas de sus opositores, una de ellas hechas por el ex candidato John McCain en la campaña, en un esfuerzo por volver a tender la mano a una oposición que hasta ahora ha sido un muro a las propuestas demócratas y que no ha aportado más que negativas al debate. Siguiendo con el gesto destinado a curar las heridas, el presidente afirmó que hay que poner coto a las demandas por práctica negligente de la medicina, una cuestión siempre esgrimida por los médicos y la oposición.

Obama volvió a repetir que el favorece la creación de un seguro sanitario por parte del Estado, la llamada "opción pública", que pueda competir con las empresas privadas, pero se declaró abierto a otras propuestas como la de las cooperativas sin ánimo de lucro. El modelo es muy cercano al que el sindicato de los autónomos, Freelancers Union, tiene para sus socios en Nueva York y que con ser más barato que los que hay en el mercado en este estado, sigue siendo caro, es insuficiente y está sujeto a constantes revisiones de precio anuales. Es algo que juega en contra de esta idea lanzada por los demócratas más conservadores que no quieren la "opción pública" y que se quieren alejar de algo que en círculos conservadores se tacha como "socialismo"

La reforma, según calcula la Casa Blanca, costará unos 900.000 millones en 10 años, sobre todo para expandir el Medicaid, y subsidiar a quienes no tengan capital para tener un seguro. Es una cifra que está por debajo de lo que cuestan las guerras en Irak y Afganistán pero que puede que sea insuficiente.

En su discurso, el presidente dijo que era el "momento de construir el futuro" pero se encontró con algunos abucheos cuando con tono firme dijo que era mentira que se abriera la puerta en la ley al concepto de los "paneles de la muerte". Se trata de una interpretación intoxicante de la que se hizo eco la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, al describir las sesiones de consultas entre médicos y pacientes en casos de enfermos de larga duración. El momento más vergonzoso de la noche lo protagonizó el miembro de la cámara de Representantes por Carolina del Sur, Joe Wilson cuando gritó "mentiroso" al presidente tras decir este que la cobertura universal no se extendería a los inmigrantes indocumentados. Wilson emitió una nota de disculpa pero su lamentable comportamiento queda para la historia y no es más que el reflejo de un ambiente muy hostil para una reforma esencial para EE UU.

Obama dijo que el espectáculo político de los últimos meses "solo ha reafirmado el desdén con el que muchos americanos ven a su Gobierno. En vez de un debate honesto, hemos visto tácticas de miedo". "No voy a perder tiempo con quienes han hecho el cálculo que es mejor acabar con este plan que mejorarlo", advirtió el presidente dando la pista de que aunque aboga por el bipartidismo, habrá límites en su paciencia.