COLUMNA

Penosa paradoja del desempleo

Lo que es bueno para uno no es necesariamente bueno para todos, especialmente con un sistema financiero dañado. Esto es más obvio con el tsunami de despidos en todo el mundo, incluyendo los 76.000 parados anunciados en un solo día. El recorte tiene sentido para cada una de las compañías que responden así a la profunda crisis, pero para el conjunto de la economía puede empeorar la situación.

Se conoce como la paradoja del desempleo. Los despidos suponen costes que se han de duplicar cuando vengan mejores tiempos y haya que volver a contratar. Aunque con la recesión empeorando, los responsables empresariales optan por el mal menor. Y los recortes salariales permitirán sobrevivir a más de una empresa.

Pero los recortes de empleo de unas empresas acaban afectando a otras, cuando sus parados dejen de pagar los créditos y se resienta el consumo de bienes y servicios. El aumento del paro implica más morosidad para la banca.

La deflación de los salarios hace esta paradoja especialmente penosa. Los trabajadores despedidos aceptarán trabajos con nóminas más bajas y los que mantengan sus puestos asumirán recortes salariales. La reducción de los costes salariales permitirá a muchas empresas bajar los precios de sus bienes y servicios, presionando a la competencia para que rebaje precios y también salarios. Esta espiral de deflación salarial debería ayudar a limitar la caída del PIB real, pero no tendrá su respuesta correspondiente sobre el valor nominal de la deuda de los consumidores y las empresas. Por tanto, una estabilización de la industria podría pasar factura a la estabilidad financiera.

La paradoja del desempleo está estrechamente relacionada con la paradoja del ahorro identificada por John Maynard Keynes. El economista alertaba de que rebajas sensibles en el gasto de muchos hogares desemboca en recortes de la producción, mayor paro, salarios más bajos y más preocupación en las familias.

Los keynesianos aspiran a romper este círculo vicioso con ayudas públicas para sustentar el gasto con créditos. Ahora se sigue este consejo. Sin embargo, aunque los déficits se están disparando, los empleos se destruyen rápidamente. Mientras esto no se pare, los bancos tendrán que afrontar otra ronda de crisis por el aumento de la morosidad. por Edward Hadas

El país de la suma creiente

No hay nada parecido a un banco de inversión libre. Nomura alegó que se hizo con una ganga cuando el banco japonés adquirió los negocios asiáticos y europeos de Lehman Brothers en septiembre por sólo 225 millones de dólares. El banco de inversión parece haber llegado para casi nada. Cuatro meses después, Lehman está ya dejando su marca en el nuevo propietario -cubriéndolo de tinta roja-.

Nomura contabilizó pérdidas de 4.400 millones de dólares antes de impuestos en los últimos tres meses de 2008, el primer trimestre desde que Lehman se unió al redil. Para ser justos, el principal problema no era Lehman sino la volatilidad del mercado, que vio perder a los negocios relacionados con los mercados 3.300 millones de dólares. Nomura también salió chamuscado de casi cada fuego financiero que se desató en 2008. El fraude de Bernard Madoff, la crisis de Islandia y la caída de valor del 15% de su participación en Fortress Investment Group tuvo un coste conjunto para Nomura de 2.200 millones de dólares.

En cuanto al reparto de Lehman, el coste de comprar un negocio enfocado en la gente ha demostrado ser alto. Nomura informó de 681 millones de gastos 'adicionales' de Lehman en su tercer trimestre fiscal, sobre todo por el coste de proporcionar camas de plumas a los banqueros que quería retener y paracaídas para aquellos que no quería. El consejero delegado Kenichi Watanabe dice que espera que el total de esos pagos sean más o menos 2.000 millones de dólares.

Los efectos positivos de escarbar en los restos de Lehman son más difíciles de adivinar. Nomura señala con optimismo su mejorado tamaño en el mercado de fusiones y adquisiciones. Irónicamente, la única filial que registró beneficios fue el negocio retail japonés de Nomura.

Nomura tiene aún que demostrar que conocía lo que estaba haciendo cuando arrebató a Lehman de la quiebra. Incluso los bancos de inversión que sobrevivieron a la crisis financiera llevan profundas cicatrices por ajustarse a un mundo donde los precios de los activos están cayendo y la deuda ya no es barata. La habilidad particular de Lehman estaba en abastecer a los hedge funds, una más reducida fuente de honorarios. Watanabe ha prometido arreglar Nomura eliminando activos que no le pertenecen. Su verdadero desafío será demostrar que Lehman no está entre ellos. Por John Foley