COLUMNA

Poco éxito del Tarp español

El equivalente español al Fondo Tarp, de adquisición de activos estadounidenses, ha funcionado como un petardo mojado. Los bancos españoles tuvieron la oportunidad de vender activos ilíquidos por valor de 5.000 millones de euros la pasada semana. Pero solo se descargaron 2.100 millones de euros. Y, de los 23 bancos que recibieron dinero en efectivo, tan solo un puñado de ellos admitió haberlo hecho.

¿Por qué no ha resultado exitoso? Para empezar, el Gobierno español no ofrecía mucha ventaja frente a la piscina de liquidez del Banco Central Europeo. Es verdad que tiene un vencimiento de dos años, mientras que la europea se extingue a los seis meses. Pero los activos AA que se aceptaron como colaterales eran los mismos. Y en el 3,3%, los activos españoles resultaban más caros que los del BCE. Dado que se espera una caída generalizada de los tipos de interés en el corto plazo, el BCE podría convertirse en una fuente de financiación más barata.

Además, los bancos temen resultar estigmatizados por acudir a la ventanilla del Gobierno. Uno de ellos, Caja Navarra, incluso ha colgado un vídeo en Youtube explicando por qué los bancos toman parte en la subasta. 'Si pudiera, usted también lo hubiera hecho', dice uno de los banqueros en el vídeo. El Gobierno español planea publicar la lista de quienes reciben fondos cada cuatro meses.

La próxima subasta, fijada para el 11 de diciembre, presenta mejores perspectivas. Para empezar, será mayor: 7.800 millones de euros incluyendo los 2.800 millones de euros no adjudicados en la primera subasta. El Gobierno español también comprará activos que no puedan considerarse colaterales a los del Banco Central Europeo. Serán activos AAA, a tres años en lugar de a dos. Y lo que es más importante, se sentirán menos estigmatizados ahora en que buena parte de los bancos extranjeros está recurriendo también a los planes de sus Gobiernos.

El Fondo Tarp estadounidense ha dado muchas vueltas hasta que el Gobierno ha renunciado por completo a la compra de activos. El Tarp español conserva su misión original. Pero si la próxima subasta no es mejor que la primera, Madrid va a tener que regresar al tablero de dibujo.

Por Fiona Maharg-Bravo

Tiempo de sangre

Los ataques terroristas en India suceden en un momento decisivo por la fragilidad histórica del subcontinente y, quizá, para los mercados mundiales. No parece que, la matanza de Bombay, que se ha saldado con 101 muertos y casi 300 heridos, coloque al mercado de valores indio al borde del colapso, aunque por primera vez los extremistas islámicos se han dirigido contra los turistas y el distrito financiero. Ambos son esenciales para el crecimiento de India y su prestigio internacional.

Los inversores han minimizado el riesgo geopolítico. Las acciones se desplomaron después de los ataques al World Trade Center en 2001. Pero desde entonces la política ha sacudido los mercados con energía hacia la marcha de prosperidad global. Incluso el asesinato de la líder de la oposición paquistaní Benazir Bhutto, en diciembre de 2007, trasladó escasos movimientos a un mercado tradicionalmente volátil.

La seguridad es a menudo un punto débil en los países en desarrollo y el temor de la violencia puede descarrilar en otras economías.

Los ataques de Bombay añaden más inestabilidad a la ecuación política de la inversión. Los extranjeros se lo pensarán tres y cuatro veces antes de viajar a India. Los comerciantes pueden trabajar desde cualquier lugar, pero los bancos internacionales y las empresas necesitan personas sobre el terreno. Los peces gordos estarán ahora menos dispuestos a alojarse en hoteles de negocios de alta gama como el Oberoi y el Taj Mahal, en el centro de los ataques.

Peor aún, la agitación se produce cuando los recientes acercamientos a Pakistán habían despertado esperanzas de que una de las principales líneas de fractura del subcontinente estaba cerca de cicatrizar. El Gobierno indio está teniendo cuidado de no culpar a su vecino musulmán de la última atrocidad, pero las relaciones siguen estando a merced de una pira de tensiones hindomusulmanas.

Los inversores y los empresarios internacionales no pueden esperar que el Gobierno de India cree una perfecta armonía religiosa, pero lo que sí deben ver es que las autoridades están luchando codo con codo con cierto éxito. India tiene que demostrar que sigue siendo un lugar atractivo para hacer negocios.

Por Una Galani