COLUMNA

Lo grande es feo

Small is Beautiful (Lo pequeño es bello). Este era el título de un libro de E. F. Schumacher que sostiene que las grandes organizaciones eran malas para la humanidad. La actual crisis muestra la sabiduría del eslogan de este economista. El rescate de Citigroup muestra cómo de feo puede ser lo grande.

Tras la caída de Bear Stearns y Lehman Brothers se puso de moda argumentar que los bancos de inversión eran más seguros si formaban parte de instituciones más grandes. Es una tontería. Los bancos más grandes son incluso más aterradores, pues les hace demasiado grandes para quebrar. Como Islandia descubrió recientemente, la seguridad implícita puede convertirse en peligrosa cuando las instituciones se hacen demasiado grandes para salvarse.

El desplome de Citi no era necesario para mostrar que los bancos de inversión puros no eran los únicos en problemas. ¿Recuerdan UBS, Wachovia, RBS, HBOS y Fortis? Ninguno era un banco de inversión puro, pero todos sufrieron enormes pérdidas metiéndose en activos de riesgo. Sus otros negocios hicieron de pequeño colchón. De hecho, la mezcla de negocios puede haber hecho a esos bancos menos competentes en operaciones de gestión de patrimonios o incluso más imprudentes.

Desafortunadamente, la crisis está creando conglomerados financieros más grandes. Bank of America se ha tragado Merrill Lynch; Barclays y Nomura se han dado un festín con el cadáver de Lehman; JPMorgan no ha dejado escapar Bear y Washington Mutual. A no ser que se haga algo, la próxima crisis golpeará incluso a más gigantes.

Esta reciente conglomeración es, hasta cierto punto, inevitable. Pero no es deseable. El verdadero camino para hacer a los bancos más seguros no es hacerlos más grandes sino regularlos para que tomen menores riesgos. Y el verdadero camino para hacer el mundo más seguro es recortar el tamaño de los bancos para que ninguno sea demasiado grande para quebrar. Por Hugo Dixon

Temer ahora, pensar luego

El grupo de los desapalancados es más impaciente que nunca. Desde hace más de un año, los Gobiernos del mundo han estado intentando calmar a los inversores. El rescate de emergencia de Citigroup -y la apagada respuesta del mercado- muestra cómo de dura es la tarea.

La transformación del destino de Citi ha sido sorprendentemente rápida. A finales de septiembre el banco estadounidense era todavía considerado bastante fuerte para pujar por su quebrado rival Wachovia, aunque sólo con ayuda del Gobierno de EE UU. Hubo recelos acerca de que un banco excesivamente grande se hiciera más grande, pero las acciones de Citi subieron hasta 23 dólares con estas noticias.

El viernes el precio de la acción era de 4 dólares, lo que provocó el rescate del fin de semana, 27.000 millones de dólares en efectivo del Gobierno y una garantía por 306.000 millones para una cartera de poco fiables activos. ¿Qué ha cambiado entre el inicio de octubre y el final de noviembre?

Primero, la economía mundial parece peor. Los mercados de trabajo, la disponibilidad de crédito, la confianza de consumidores y empresas, la producción industrial... las noticias son uniformemente malas para un gran prestamista como Citi. Los generalizados golpes para los consumidores y las compañías se están amontonando junto a pérdidas relacionadas con los activos inmobiliarios, que aún están aumentando.

Segundo, allí donde los bancos necesitan soltar apalancamiento, los inversores se han movido en el modo alerta roja -vender primero y hacer preguntas detalladas más tarde-. Una espiral de noticias precipitó el desplome del precio de la acción de Citi: un cambio en la dirección en el programa Tarp del Gobierno de EE UU y un pellizco en la propiedad de 17.000 millones de dólares de activos problemáticos.

Pero tras más de un año de 'nosotros nunca imaginamos que llegaríamos a esto', los inversores ya no esperan más. Vendieron las acciones de Citi ante el temor de que su financiación se agotara -una profecía autocumplida a no ser que el Gobierno actúe-. Por tanto las autoridades de EE UU no tuvieron verdadera elección sino acudir a otro insomne rescate de fin de semana.

A pesar de la reacción alcista de los mercados de valores con las noticias de que Citi ha sido al menos temporalmente salvado, el aterrado grupo de inversores no se calmará completamente hasta que los Gobiernos proporcionen a los bancos bastante capital para superar una terrible recesión. Los Gobiernos están todavía armándose de valor para actuar audazmente. Mientras esperan, deberían prever más crisis. Por Edward Hadas