Hacia un nuevo orden financiero

Lehman insta una quiebra histórica y desestabiliza Wall Street

Lehman puso fin ayer a 158 años de historia al instar su quiebra ante un juzgado tras truncarse su posible venta el domingo. El deterioro de la situación forzó a Merrill Lynch a entablar unas meteóricas conversaciones con Bank of America para cerrar la suya la pasada madrugada. El modelo de entidad de corretaje independiente se cuestiona en un día histórico que además tuvo que digerir la crisis abierta en AIG.

Los empleados de la sede de Lehman Brothers en Manhattan salían ayer del edificio con sus efectos personales pocas horas después de que los abogados presentaran la quiebra ante el juzgado de James Peck, en Manhattan. Lehman, un banco que emplea a 25.000 personas en todo el mundo y ha estado dirigido por Richard Fuld desde 1994, presentaba al juez una documentación en la que se daba cuenta de una deuda de más de 613.000 millones de dólares y activos valorados en 639.000 millones.

Las magnitudes convierten a Lehman, el banco de inversión y firma de corretaje más pequeña de Wall Street, en el protagonista de la mayor quiebra de la historia.

El ambiente era de tristeza y enfado entre unos empleados que han perdido buena parte de sus ahorros, salarios y trabajos con la rápida caída de una empresa que hasta hace una semana defendía sus liquidez y viabilidad, pero que no pudo venderse este fin de semana ni siquiera con la mediación de la Reserva Federal (Fed), la SEC y el Tesoro.

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George Bush dice que la economía está fuerte

La negativa a proveer de ayudas públicas a los posibles compradores, Bank of America y Barclays, arruinó esta operación de salvamento. Ayer, en rueda de prensa, Henry Paulson, secretario del Tesoro, afirmaba que la circunstancias del rescate de Bear Stearns en marzo, donde sí hubo dinero público, eran distintas que las de Lehman, aunque evitó dar las razones de ello.

La quiebra de Lehman se está viviendo en unas horas dramáticas, que ya han cambiado al sector en solo un fin de semana, y ha desencadenado una cadena de efectos que al cierre de esta edición no habían cesado, pero que incluía la sorprendente y meteórica venta de Merrill Lynch a Bank of America.

El eslabón más débil de esta cadena financiera y la entidad más vigilada por la banca mundial era ayer AIG, una aseguradora que ha visto cómo su capitalización se ha ido evaporando en las últimas semanas y que ayer trataba de llegar a un acuerdo con la Reserva Federal y con el Gobierno del Estado de Nueva York (su regulador) para facilitar el acceso a 20.000 millones de dólares de capital proveniente de sus subsidiarias.

Con ese capital y 20.000 millones más derivados de la inmediata venta de activos, AIG quería solucionar sus problemas de liquidez, dificultades que según el Gobernador de Nueva York, David Patterson, le impiden conducir sus operaciones diarias. AIG negociaba con la Reserva Federal de Nueva York un préstamo por valor de 20.000 millones que se avalaría con los activos que quiere poner a la venta. Está por ver que la Reserva, una institución que no tienen ninguna autoridad sobre las aseguradoras, conceda el crédito. Para estudiarlo, la Fed ha contratado a Morgan Stanley y al bufete de abogados Wachtell, Lipton, Rosen & Katz. Mientras, ayer, casi a cierre de mercado, el Gobierno instó a JPMorgan y a Goldman Sachs que lideraran la creación de un fondo de unos 75.000 millones de dólares del que pudiera tomar prestada la aseguradora. Tanto AIG como un nerviosísimo mercado estaban a la espera de recibir el crítico veredicto de las agencias de rating y la posibilidad de encontrar financiación para evitar la bancarrota.

La incertidumbre hizo que su valor se desplomara un 60,8% en Bolsa.

Lehman, por su parte, tiene ante si la liquidación ordenada del negocio. El grupo comunicó ayer que aún está tratando de vender su gestora de capital, incluida la firma Neuberger Berman, su joya. De momento, esta gestora está funcionando con la normalidad que se podía en un día histórico y convulso como pocos para Wall Street.

Mientras, los empleados de Merrill Lynch se habían desayunado con la noticia de que su banco había sido vendido a Bank of America a 29 dólares la acción, es decir con una prima del 70% sobre su cierre del viernes. En total, el banco que tenía en su logo el toro, el símbolo de los mejores tiempos para la inversión, se ha vendido por 50.000 millones de dólares.

El consejero delegado de Merrill, John Thain, puso así fin a la independencia de un banco de inversión y firma de corretaje con 98 años de historia. Según el propio Thain, la venta fue una consecuencia de la rápida caída de Lehman y la vulnerabilidad de su firma tras la desaparición de la de Fuld. En una rueda de prensa junto con Ken Lewis, presidente de Bank of America, Thain afirmaba que no era así como había imaginado que iba a rescatar a Merrill Lynch cuando fue elevado al puesto de máxima responsabilidad hace menos de un año. No obstante, dijo que las dos entidades cuadran bien y recordó que este es 'el momento más difícil que he vivido en los 30 años que llevo en el sector'.

Muchos de los empleados estaban en estado de shock pero también muy ocupados en un día en el que la quiebra de Lehman ponía en cuestión el valor de los activos inmobiliarios comerciales de toda la banca y presión en el mercado de los derivados donde Lehman es uno de los mayores jugadores. El temor es que una liquidación desordenada de los activos inmobiliarios de Lehman ejerza más presión sobre el valor de las carteras de otras firmas con activos similares y que éstas se vean abocadas a reajustar a la baja, de nuevo, el precio de lo que poseen. De momento, las gestoras Pimco, Vanguard y Franklin, se encontraban entre las firmas que podrían acumular más pérdidas por su exposición a la deuda de Lehman, algo que se reflejará en los fondos de pensiones de muchos inversores.

La quiebra de Lehman y la venta de Merrill Lynch han cambiado radicalmente el paisaje de una industria financiera que ha sido presa de su propio -pero efímero- éxito en el mercado hipotecario y, en general, del elevado apalancamiento. En la rueda de prensa que unió a Thain y Lewis, este último recordó que 'de forma consistente y desde los últimos siete años' ha mantenido que la banca comercial acabaría comprando las firmas de corretaje independientes porque ésta tiene mejor base de capital.

Lewis dijo que la compra de Merrill era una oportunidad única que surgió este fin de semana. Thain fue uno de los participantes en las reuniones que la Fed organizó con el sector financiero para tratar la crisis de Lehman y su posible rescate. Una vez vista la situación y la consecuencias que tenía para su propia firma, el sábado, Thain llamó por teléfono a Lewis con quien quedó más tarde. La venta tardó en cerrarse 48 horas.

Lewis dijo que no había recibido ninguna presión por parte de las autoridades para cerrar la compra. Este directivo, conocido por desdeñar el negocio de la banca de inversión que tantos dolores de cabeza le ha dado, recordó ayer que con Merrill no sólo se hacía con este negocio sino con una gran firma de corretaje y gestora de patrimonios.

Lewis y Thain, que no han discutido el futuro de este último ni los presumibles recortes de plantilla, afirmaron sin embargo, que la división de corretaje mantendrá su estructura y su nombre. Preguntado por AIG, Lewis cambió el semblante 'no conozco ningún gran banco que no tenga una amplia exposición a AIG', para explicar que la caída de esta aseguradora tendría peores consecuencias que la de Lehman.

Ayer, tanto George Bush como Henry Paulson comparecieron para tranquilizar a los ciudadanos y el mercado, y decir que la situación es complicada pero el sistema financiero y bancario es fuerte.

Ken Lewis, el gran comprador

Flee Boston Financial y Bank of America se fusionaron en 2004, un ejercicio muy movido en el sector bancario en EE UU. La transacción estaba valorada entonces en 47.000 millones de dólares. Tras esta operación Kenneth Lewis, presidente de Bank of America desde hacía solo tres años, se empezó a forjar la reputación de ser un ejecutivo que no sabía decir que no a un acuerdo .

MBNA Corp, el primer emisor independiente de tarjetas de crédito y fidelización fue adquirido en junio de 2005 por Lewis. El acuerdo, que se materializó en dinero y acciones, se valoró en 35.000 millones de dólares. Aquella compra se cerró a comienzos de 2006, un año en que Bank of America no movió más fichas.

LaSalle Bank fue la adquisición que llegó en 2007. Esta operación supuso una inversión de 21.000 millones de dólares. LaSalle era filial del holandés ABN Amro, entidad que el año pasado fue adquirida por Royal Bank of Scotland, Fortis y Santander. La absorción definitiva se produjo el pasado mayo.

US Trust, el gestor de patrimonios de Charles Schwab, pasó a manos de Bank of America en 2007, tras acordarse un desembolso de 3.300 millones de dólares en efectivo.

Countrywide la mayor y más vulnerable hipotecaria de EE UU fue adquirida en enero de este año por 4.100 millones. Su integración en Bank of America es complicada.