TRIBUNA

Comportamiento psicológico

Abordar el tema de un nuevo crac en los mercados se hace realmente complicado cuando en cuestión de días el inversor, fundamentalmente el particular, pierde buena parte de los beneficios obtenidos en semanas o incluso meses. No obstante, sí que debemos reconocer que, aunque tales circunstancias son extremadamente excepcionales, se dan, y por lo tanto, no está de más que nos ocupemos de ellas.

Prescindiendo de porcentajes o puntos de caída del Ibex 35 en estos días, pues es materia sobradamente conocida por todos ustedes, vamos a tratar de exponer a grandes rasgos el comportamiento psicológico humano cuando tales hechos se presentan.

Tomando como punto de referencia Psicología del mercado bursátil, de Lars Tvede (Ediciones Deusto, 1993), el psicólogo Muzafer Sherif, en 1937, procedió a realizar un experimento: dijo a un grupo de personas situadas en una habitación a oscuras que se fijaran en un punto luminoso de una caja metálica. Igualmente, se indicaba que se iba a mover y que su cometido era descubrir cuánto era el desplazamiento. Cuando cada grupo de personas indicó lo que se movía ese punto luminoso, se vio que los distintos grupos mantenían diferentes opiniones muy divergentes entre sí. El aspecto interesante del experimento fue que no se había movido en absoluto. 'Así pues, la respuesta de las personas sometidas a la prueba era una manifestación directa de pura psicología humana' (...). 'Los grupos demostraron que no eran conscientes de haber sido influidos por otros'. Esto es lo que se denomina actitudes de adaptación. Seguros estamos de que muchos de nosotros nos hemos visto identificados con lo aquí descrito, en más de una ocasión.

Otro punto interesante que destaca la bibliografía, dentro de la percepción psicológica del inversor, se refiere a nuestro comportamiento interior (actitud de defensa del ego). Si una inversión no obtiene beneficios, automáticamente cambiamos el aspecto temporal de la misma: del corto-medio plazo pasa a ser para el medio-largo plazo. Además, si el mercado se sigue deteriorando, pasamos de seguir día a día nuestros valores a prestar una atención más puntual u ocasional, incluso rechazamos artículos u opiniones negativas sobre valores que nos interesan, fijándonos exclusivamente en las opiniones favorables. Esto es lo que denomina exposición selectiva ('evitar la lectura de artículos negativos en su periódico y limitarse a leer aquellos que apoyan sus operaciones'). E incluso, podemos llegar a lo que se denomina percepción selectiva; esto es, aquella actitud con la que el inversor actúa para afrontar los argumentos que van contra su postura, distorsionándolos inconscientemente 'a fin de que erróneamente parezca que apoyan sus compras'. Los psicólogos también describen esto como error de asimilación.

La caída de los mercados de estos días se aceleró el lunes pasado, apareciendo en los medios referencias como crac, desplome, batacazo, pánico de los inversores, lunes negro, etcétera. En realidad, desconocemos si esta situación durará varios días o varias semanas. Pero lo que sí que tenemos todos en mente son aquellos días de octubre de 1987, o los de agosto/septiembre de 1998, por su estrecha similitud con lo que está ocurriendo ahora. Protagonista indiscutible de la sesión de ayer, junto con la alta volatilidad de las distintas plazas, fue la rebaja de 75 puntos básicos de la Reserva Federal, situando los tipos de intervención en el 3,50%. De momento, las Bolsas europeas se lo han tomado bien.

Cuando estamos en tendencia alcista, existen una serie de bucles de retroalimentación que estimulan el mercado a través de una especie de contaminación social (Psicología del mercado bursátil). A medida que este sistema funciona, los medios de comunicación hacen el resto: propagar la información, haciendo que más y más personas participen del evento. Cuando estamos en tendencia bajista, los bucles de retroalimentación también funcionan, pero en este caso se propagan de una forma mucho más acelerada que en el caso anterior. El punto de partida puede ser un acontecimiento inesperado, la pérdida de un nivel de referencia importante de un índice, etcétera. A partir de ahí, los precios descienden, provocan actitudes defensivas del ego para, posteriormente, generar en un punto más abajo pánico (se vende todo al precio que sea).

Ese modo de proceder forma parte integrante de la psicología humana, siendo nuestro lado más irracional la que controla nuestras acciones en esos momentos. 'La verdad es que las decisiones de los seres humanos rara vez se toman sobre la base de un razonamiento lógico. Estas actitudes irracionales combinadas con enormes bucles de retroalimentación son las que hacen que nuestro monstruo sea tan monstruoso' (Psicología del mercado bursátil).

Fernando Ayuso Rodríguez Economista