COLUMNA

Claves de la evolución económica

Las principales claves para la evolución económica en el año que empieza son, claramente, las condiciones financieras y los precios del petróleo, a lo que se puede unir la depreciación del dólar. La persistencia de la inestabilidad financiera y el nuevo alza del precio del petróleo han llevado a organismos internacionales, como es el caso del Fondo Monetario Internacional, a rebajar sus previsiones de crecimiento mundial para 2008. El principal foco de debilidad se encuentra en la economía norteamericana, que ni la economía europea, de Japón o de diversas zonas de países emergentes podrán contrarrestar. En el caso de Europa y Japón, el crecimiento parece haberse desacelerado en el cuarto trimestre. En el caso de los países emergentes, ha sido destacable que no fueran afectados por la crisis financiera, pero es previsible que si las economías desarrolladas ralentizan su crecimiento aún más terminen por verse afectados. Los riesgos se concretan en que el sector inmobiliario en EE UU muestre una mayor profundización en su deterioro y en que los mercados financieros no retornen a una situación que pueda calificarse de normalidad.

No obstante, hay que destacar que, a pesar de todos los riesgos existentes, a la fecha actual, las expectativas son de crecimiento. El principal factor que podría cambiar esta previsión sería un freno en el consumo de las familias norteamericanas. Este gasto depende de la renta que, a su vez, depende de los salarios y de la creación de empleo. De momento, parece que estas variables van a tener una influencia positiva. Se espera que las empresas norteamericanas sigan creando empleo, dado que han seguido mostrando unos niveles respetables de beneficios y que, en general, no tienen elevados niveles de endeudamiento. Así que constituyen variables a observar en los próximos meses los datos sobre el empleo y los datos sobre el sector de las viviendas. Otro tanto ocurre con los datos del petróleo, cuya evolución puede comprometer las expectativas de inflación, así como la evolución del dólar. Ambas magnitudes condicionan, por otra parte, la capacidad de acción de los bancos centrales en la resolución de la crisis de liquidez de las entidades financieras.

Hay economistas, como John Lipsky, director del FMI, que siguen considerando que el desequilibrio externo norteamericano supone una importante fuente de riesgo para las perspectivas económicas internacionales. En particular, señala la necesidad de que los países vuelvan a retomar lo acordado en las Consultas Multilaterales sobre los Desequilibrios Globales en abril de 2007. Entonces quedó claro que era necesario que no sólo EE UU debería hacer un esfuerzo por reducir el crecimiento excesivo del gasto interno, sino además, que tanto Europa como los países emergentes deberían tomar medidas para estimular su demanda interna. Ambos esfuerzos contribuirían a la reducción del déficit externo americano. Por otra parte, en la coyuntura actual hay que considerar que el elevado precio del petróleo está contribuyendo a que los países exportadores incrementen su superávit.

Siempre es conveniente que los ajustes de los desequilibrios tengan lugar de forma no brusca y, por tanto, se produzcan a lo largo de un periodo de tiempo. Así, la depreciación del dólar ha ido permitiendo que se fuera reduciendo el déficit de la balanza de pagos norteamericana. Sin embargo, los movimientos cambiarios en algunas economías emergentes no han sido consistentes con el ajuste necesario en sus balanzas.

Las perspectivas de inflación también se encuentran algo sombrías debido a los precios de los alimentos y de la energía, aunque los componentes más estables permanecen creciendo de forma moderada. Algunos economistas predicen que el precio del petróleo puede descender en 2008 de forma vinculada a una modificación en la estructura de precios si algunos países productores empiezan a aceptar pagos en otras monedas diferentes al dólar. En cualquier caso, el propio presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha señalado que la clave se encuentra en convencer a los agentes económicos que las alzas en precios son temporales, de forma que no se incorporen a los salarios. Esto es parecido a lo que ocurre con las turbulencias financieras, hay que tener fe y considerarlas transitorias, y no perder la calma en medio de la tempestad, de modo que se incrementen la volatilidad y las primas de riesgo.

Como siempre se señala, la predicción económica es siempre una tarea difícil, pero no parece exagerado decir que en la actualidad es más difícil que nunca.

Nieves García-Santos. Economista