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La inflación depende del sexo con que se mira

Las mujeres perciben subidas de precios más altas, según un estudio

Cuando se trata de interacciones humanas, los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Las manifestaciones de estas diferencias se filtran a todo tipo de percepciones, aún cuando se trate de algo sin una relación obvia con el sesgo masculino-femenino: la inflación.

Michael Bryan, economista del Banco de la Reserva Federal en Cleveland, ha estudiado datos durante décadas, usando la encuesta de consumidores de la Universidad de Michigan, realizada junto a la Fed de Cleveland y la Universidad Estatal de Ohio, entre otras instituciones.

Bryan ha averiguado que los ricos, casados, blancos y de entre 40 y 60 años de edad suelen creer que la inflación subirá menos que los pobres, solteros, no blancos y jóvenes. Pero incluso después, a igualdad de ingresos, edad, educación, raza y estado civil, 'los hombres y las mujeres tienen muy diferentes puntos de vista sobre el ritmo al cual los precios cambian', señala Bryan. Las mujeres creen que la inflación es 1,9 puntos porcentuales más alta que los hombres, y esperan que los precios suban 2,1 puntos más que ellos. 'He elaborado un montón de teorías a lo largo de los años, solo para verlas derrumbarse', dice Bryan. æpermil;stas son algunas de ellas.

Ellas hacen la compra. Las mujeres hacen la mayor parte de las compras para la casa. æpermil;sta fue una de las primeras hipótesis de trabajo de Bryan, pero la descartó por poco convincente. 'Con el tiempo, los precios suben, no bajan'', afirma Michelle Girard, economista de RBS Greenwich Capital Markets. El comprador frecuente tiene 'mayores probabilidades de notar los aumentos de precios'', y no digamos de prever su continuación en el futuro.

La mujer compra lo más cotidiano. Los hombres hacen compras menos frecuentes y mayores: un Porsche, un ordenador o un televisor de pantalla plana. Las mujeres compran lo cotidiano: comida, ropa y gasolina, pero además 'usan los servicios más que los hombres'', dice Girard. 'Mi peluquero sube los precios todos los años'', señala. A diferencia de los bienes, los servicios no se intercambian en los mercados globales, y sus precios tienden a inelásticos. En los últimos 20 años, el índice de precios al consumo para servicios en EE UU (sin excluir nada) aumentó un promedio del 3,4%. El IPC para las materias primas subió el 2%.

Compradoras de calidad. En EE UU, muchos elementos del IPC se ajustan por cambios de calidad. Por ejemplo, cuando salgan los modelos de automóviles de 2008, la Oficina de Estadísticas Laborales determinará cuánto del aumento de precio corresponde a una mejora de la calidad y cuánto a un aumento real. Según esta hipótesis, las mujeres hacen sus propios ajustes de calidad. Una mujer que no valore un cromado reluciente, por ejemplo, atribuirá todo el aumento a la inflación.

Madres preocupadas

La economista Veronique de Rugy, investigadora del Mercatus Center de la George Mason University en Arlington (Virginia) cree que la distinta percepción de los precios por parte de hombres y mujeres 'está muy relacionada con la maternidad. Tiene que ver con el hecho de preocuparse''. Si los hechos no concuerdan con las expectativas de una mayor inflación, entonces 'debe de ser una tendencia a la preocupación. Después de todo, las mujeres no nos dejamos confundir por los números'', afirma.