Financiación

La mayoría de la financiación exterior se dedica a construcción

Más del 80% de la financiación exterior obtenida por España desde 1998 se destinó a invertir en el sector de la construcción. El Banco Central Europeo recuerda que el déficit acumulado en los últimos años tiene su causa en el aumento de este tipo de inversión, y no en un supuesto deterioro del ahorro.

España no ha dejado de ahorrar. Según las cifras publicadas en el boletín mensual del Banco Central Europeo correspondiente al mes de julio, el ahorro nacional bruto en términos de PIB apenas se ha modificado desde 1998 y se mantiene marginalmente por encima de la media de la zona euro, que ronda el 22% . El ahorro bruto del sector público, reflejado en el superávit presupuestario, ha servido para compensar la reducción del ahorro privado (especialmente, el de las empresas). Dado que el déficit corriente mide la diferencia entre el ahorro nacional y la inversión, la ecuación es sencilla.

Con el ahorro prácticamente intacto, el galopante agujero corriente español, que el año pasado rozó el 8% del producto interior bruto, se explica por un incremento igualmente notable de la inversión: entre 1998 y 2006, la formación bruta de capital fijo creció algo más del 7% . Los otros dos países de la zona euro en los que más ha crecido el agujero comercial, Grecia y Portugal, deben achacarlo fundamentalmente a la reducción del ahorro nacional y, sólo en mucha menor medida, a la pujanza de la inversión. Si el incremento de la formación bruta de capital fijo puede considerarse una muestra de vigor de la economía española (que acumula 14 años de expansión y donde la población ocupada supera ya los 20 millones de personas) , más preocupante es la casi absoluta centralización del impulso inversor en la construcción.

De los siete puntos que ha avanzado la inversión entre los años 1998 y 2006, sólo uno se debe a bienes de equipo, centrándose los seis restantes en la construcción. En los últimos trimestres, la contabilidad nacional ha reflejado un avance más intenso de la inversión productiva, pero el ladrillo, incluso en el entorno de desaceleración actual, sigue llevándose de largo la palma. En la estadística del BCE se observa que hace apenas nueve años la construcción representaba alrededor del 12% del PIB español, en línea con su importancia media dentro de la zona euro.

Pero la evolución de los últimos ejercicios ha llevado ese porcentaje a suponer algo más del 17% el año pasado. El BCE explica la diversidad de balanzas corrientes entre países de la zona euro por que "los flujos de capitales reflejan decisiones de ahorro y de inversión, que favorecen a Estados miembros con mayores perspectivas de crecimiento y rentabilidad, relacionadas con los procesos de convergencia y con el éxito de las reformas estructurales".

Un mensaje que parece adaptarse como un guante en la situación española, aunque viene seguido de una matización que sirve de aviso: "Sin embargo, también existe la posibilidad de que abultados déficit sean reflejo de desequilibrios económicos o de rigideces estructurales, como la falta de flexibilidad de los precios y los salarios". Los limitados avances de la productividad y el sistemático diferencial de inflación de España frente a la zona euro indican que, en alguna medida, la segunda explicación también es aplicable a nuestro país.

Sólo en Irlanda es más importante el ladrillo

La construcción copa el 80% de la financiación llegada a España El boletín de julio del Banco Central Europeo establece una comparación entre las causas del saldo corriente en los trece países de la zona euro, que denota a las claras el tremendo empuje que ha tenido la construcción en la economía española del último decenio. Sólo en Irlanda el ladrillo resulta hoy más importante, en términos de actividad, que en España: ocupa alrededor del 21% del producto interior bruto, frente a algo más del 17% en nuestro país. Estos dos Estados han visto cómo la relevancia del ladrillo en términos de actividad se ha acentuado notablemente desde 1998 hasta el año pasado.

También se da la circunstancia de que Irlanda y España han sido los que más han crecido en términos de renta per cápita en los últimos años. De hecho, Irlanda ha pasado de ocupar el furgón de cola a liderar el bienestar económico dentro de la zona, sólo por detrás del particular Gran Ducado de Luxemburgo. En la balanza del conjunto de la zona euro apenas ha habido modificaciones reseñables en los últimos años: el saldo corriente se mueve entre mínimos positivos o negativos, pero siempre muy cerca del equilibrio. Los peor colocados en términos de déficit son España, Grecia y Portugal, aunque este último país ya registraba niveles abultados en 1998. En el otro extremo se sitúa Holanda, que cuenta con un superávit equivalente al 10% de su producto interior bruto, y el propio Luxemburgo, con algo más del 8% . Pero, de largo, los cambios más destacables hacia el logro de balanzas positivas son los registrados por Alemania (pasó de déficit a superávit de más del 4% , coincidiendo con la reciente recuperación de su economía) y Austria.