TRIBUNA

Fernando Torres y la paradoja de la econometría

La econometría, entendida como un intento de predecir el futuro basándose en lo ya sucedido, ¿sirve para establecer los movimientos del mercado financiero en el futuro? Para el autor, es llamativo que se usen los datos pasados como predictores de las acciones de los seres humanos.

En su best seller Fooled by Randomnes, el trader convertido en famoso autor Nassim Taleb expone las siguientes ideas: 'Al principio, cuando no sabía casi nada de econometría, me preguntaba por qué las series temporales de datos reflejando las actividades de personas muertas o jubiladas deberían tener importancia a la hora de predecir el futuro. Los económetras nunca hacían esta pregunta, lo que me indicaba que quizás se trataba de una cuestión estúpida por mi parte (…) Ahora estoy convencido de que quizás la mayoría de la econometría no vale para nada, y que mucho de lo que los estadísticos financieros saben no vale la pena saberse'.

Intrigantes pensamientos, sin duda. Y polémicos. El campo de la 'econometría financiera' parece más fuerte que nunca, con muchísimos académicos notables dedicándole mucha atención, y con uno de sus inventores de hecho recibiendo el Premio Nobel hace pocos años. Y, sin embargo, parece difícil no estar de acuerdo con Taleb. Cuando se trata de los mercados financieros, el análisis econométrico es posiblemente menos relevante de lo que se suele asumir en círculos teóricos.

En su esencia básica, la econometría es un intento de predecir el futuro basándose en lo sucedido en el pasado. Como todo estudiante de la asignatura puede confirmar, dicho ejercicio requiere el uso de maniobras matemáticas y estadísticas extremadamente complejas. Pero no hace falta ser un experto para entender la esencia fundamental: expliquemos el mañana basándonos en el ayer.

Datos históricos de los mercados se usan para predecir los movimientos futuros de los activos, mediante el uso de modelos con nombres particularmente pintorescos. Pero a pesar de la sofisticación de dichos métodos y de la indudable inteligencia de sus creadores, no es fácil convertirse en creyente. El simple sentido común indica que la información pasada no debería ser muy útil a la hora de adivinar el mañana de los mercados financieros.

¿Por qué? Mayormente porque, como dice Taleb, estaríamos intentando predecir lo que los actuales jugadores financieros van ha hacer en base a lo que hicieron los del pasado. En los mercados, los precios se mueven por una sola razón: actividad humana. Claramente, cada ser humano tiene su capacidad intrínseca para tomar decisiones de forma independiente. Los precios de determinado periodo son el resultado de las acciones tomadas por los individuos activos en los mercados en ese preciso momento. Esos precios reflejan las decisiones consensuales de aquellos jugadores que pasaban por allí, de acuerdo a las circunstancias relevantes de entonces.

Los económetras intentarían usar esos precios para predecir los precios de periodos posteriores -por ejemplo, hoy-. El problema es que muchos de los individuos originalmente involucrados en generar los precios en las series temporales analizadas están muertos o no presentes en los mercados. Los económetras estarían por tanto tomando prestado de cerebros inactivos, intentando predecir los procesos de tomas de decisiones de un grupo de personas con capacidad de pensamiento independiente a partir de los procesos de tomas de decisiones de un grupo diferente de personas con capacidad de pensamiento independiente que ya no están en el juego.

¿Por qué las operaciones en Bolsa de Pedro hace 20 años deberían importar a la hora de predecir las operaciones en Bolsa de Pablo hoy, especialmente cuando Pedro lleva una década retirado en las Bahamas? Se podría admitir que los datos de las actividades pasadas de Pedro sean relevantes para predecir las acciones actuales de Pablo, pero definitivamente parece sospechoso usar esos datos como predictores de las acciones de otros seres humanos diferentes.

Lo que los económetras financieros están intentado hacer es similar a predecir el número de goles que marcará un equipo de fútbol la temporada que viene basándose en los históricamente marcados por el equipo. Al igual que los precios financieros son el producto de acciones específicas de personas muy específicas, los goles son el resultado directo de las acciones tomadas por los jugadores presentes en el terreno de juego. Como cualquier seguidor de fútbol diría, suena raro tratar de inferir alguna información relevante de datos de goles que incluyan jugadores que ya no juegan. Sencillamente se trata de personas distintas, y parece muy atrevido asumir que esas series temporales históricas pueden decirnos mucho con respecto al futuro, por muy complejas que sean las técnicas utilizadas.

El hecho de que el legendario Ian Rush consiguiese marcar 346 goles durante su estancia en el Liverpool en los ochenta y los noventa no nos dice absolutamente nada acerca de las capacidades goleadoras de la nueva estrella del conjunto inglés, Fernando Torres. Similarmente, utilizar datos pasados para predecir precios financieros futuros parece un ejercicio de revivir a los muertos.

Pablo Triana. Director del Centro de Finanzas Avanzadas del Instituto de Empresa (IE)