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Lecciones para evitar el síndrome de la abeja reina

Los expertos aconsejan a las ejecutivas delegar tareas

El techo de cristal comienza a resquebrajarse poco a poco. La educación paritaria, las leyes que alientan la discriminación positiva y la incorporación de la mujer al mercado laboral han contribuido a ello. Las mujeres trabajan y ocupan espacios de poder. Muchas son profesionales y desempeñan ya puestos directivos. Pero muchas también se dejan la vida en el empeño. Lo dijo ayer la psicóloga Luz Pérez durante la celebración del VI Seminario Internacional Mujer y Superdotación. 'Del aura mediocritas, que alentaron desde la Edad Media los doctores de lglesia, al síndrome de la Abeja Reina sólo hay un paso', advirtió.

æpermil;ste es un fenómeno documentado que padecen algunas directivas tocadas por el éxito y en el que suelen caer a menudo las mujeres con una altísima capacidad intelectual, 'porque la perfección es un rasgo exagerado en los superdotados', como recuerda la psicóloga Carmen Pomar, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela.

Son profesionales que insisten en ser supermujeres: las mejores profesionales, las mejores madres, las mejores anfitrionas, las mejores esposas y, también, por qué no, las mujeres más femeninas. Y de tanto querer ser perfectas terminan perdiendo por el camino el equilibrio emocional y desmarcándose de sus otras colegas.

Los participantes en el VI Seminario Internacional Mujer y Superdotación enumeraron varias medidas para alcanzar el liderazgo sin caer en la patología. Luz Pérez propone afirmarse profesionalmente como mujer, esto es, ejercer el mando con atributos femeninos. También aconseja buscar ventajas a la doble jornada, por lo enriquecedor que puede resultar trabajar en dos ámbitos tan opuestos como es el laboral y el familiar. En tercer lugar, recomienda decidir a priori qué rol se va a jugar en situaciones conflictivas, como puede ser la enfermedad de un hijo, y contar con ayuda externa o días propios para afrontarlas. Por último, recuerda que es importante establecer compartimentos diferenciados entre trabajo y familia y controlar la dedicación. Es decir, aprender a planificar en el entorno laboral y familiar y, sobre todo, delegar.

La psicóloga Pilar Domínguez cree necesario educar el talento social para favorecer el liderazgo, que no siempre es un atributo de los cerebros más eminentes. 'Es importante fomentar la asertividad, enseñarlas a desarrollar estrategias para negociar soluciones, potenciar su capacidad de análisis social y fomentar su gusto por las relaciones interpersonales', explica.

La socióloga María Antonia García de León opina que es necesario legislar nuevas y más arriesgadas políticas de conciliación y enseñar a las mujeres a desenvolverse en el sutil entramado del poder, lo que ella llama la caja negra.

La 'caja negra' del poder, en manos masculinas

El poder se gesta en las llamadas redes informales. Lo afirma taxativamente la socióloga María Antonia García de León y lo corroboran numerosos investigadores fuera y dentro de España. El poder se cultiva en el ámbito de las relaciones interpersonales 'y es ahí donde la mujer trabajadora, con su apretada agenda y su doble jornada, no llega'. Sólo si cambian los códigos de poder y los hombres comienzan a implicarse en la tareas domésticas, 'las profesionales podrán tener tiempo para planificar su ascenso a la dirección', asegura García de León. A juicio de esta socióloga, que ha pasado los últimos meses en el famoso Wellesley College, institución americana que mantiene cerradas sus puertas a los varones para fortalecer el liderazgo entre las niñas, es fundamental fomentar en España la figura del mentor o entrenador educativo.

Las superdotadas se esconden en la adolescencia

Las niñas no quieren ser superdotadas. La Sociedad Española para el Estudio de la Superdotación lleva varios años indagando el por qué hay en España más varones con altas capacidades que superdotadas, cuando en realidad la ciencia ha demostrado hace tiempo que este atributo afecta al 2% de la población mundial y se reparte por igual entre hombres y mujeres. Y la conclusión a la que han llegado es desalentadora: las superdotadas se esconden cuando llegan a la adolescencia porque sobre ellas pesa como una losa el cliché del género. 'No quieren que las chicas, y sobre todo las chicos, las miren como bichos raros'. Lo explica la psicóloga Carmen Pomar, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela. Así, mientras entre los 6 y los 12 años, se detecta un 52% de niños superdotadas y un 48% de niñas con altas capacidades, esa cifras tornan en porcentajes del 70% y 30%, respectivamente, cuando la detección se produce entre los 12 y los 16 años. Además, mientras que el 73% de los niños superdotados acuden a programas específicos para fomentar sus capacidades, sólo lo hacen el 27% de las niñas.

Los estudios realizados por esta sociedad científica han detectado dos leves diferencias entre ellos y ellas. Las chicas son mejores estrategas y resuelven mejor problemas, pero son más indecisas a la hora de tomar decisiones de futuro.