COLUMNA

Cualificación laboral y temporalidad van unidas

El mayor reto con que se enfrentan las economías occidentales es ser capaces de generar empleos cualificados en el marco de una estrategia de desarrollo sostenible, y esto depende tanto de la oferta como de la demanda del mercado de trabajo.

La oferta de empleo cualificado creció en España de manera importante durante el último año. Nada menos que un 23%, según el Informe Infoempleo 2006. Oferta y Demanda de Empleo Cualificado.

El informe revela que Madrid y Cataluña aglutinan, casi, el 40% de la demanda de profesionales cualificados de España. Concretamente, Madrid acaparó el 20% de esta demanda, seguido de Cataluña (19,3%).

Además, ambas comunidades autónomas realizaron en 2005 un esfuerzo en gasto empresarial en I+D superior a la media nacional (1,13%). Madrid efectuó el 1,82%, en relación con el PIB, y Cataluña el 1,35%.

Estos datos apoyan la tesis de determinados expertos referente a que cuanto mayor es la oferta de cualificación, menor es la tasa de temporalidad en el mercado laboral. Así, la tasa de temporalidad de Madrid (29%) y Cataluña (26,2%) es bastante inferior a la media de España (34%).

Sin embargo, la Comunidad Valenciana destaca por todo lo contrario. Su oferta de empleo cualificado se sitúa en el 6,3% del total de España con una tasa de temporalidad (37,5%) superior a la media nacional. En función de su importancia económica (acapara el 10% de los contratos registrados por los Servicios Públicos de Empleo) debería de corresponderle más del 10% del total de la oferta de empleo cualificado. Es más, su inversión en I+D se ha situado por debajo de la media nacional.

Otro buen ejemplo nos lo proporciona Francia: aunque los trabajadores no cualificados representan el 20% de los asalariados, acaparan el 30% de los contratos temporales, según indica un informe elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos.

Estos rasgos negativos vienen determinados, en buena medida, por las características de una estructura productiva que mantiene una fuerte especialización en industrias y servicios tradicionales. Unos sectores donde predomina un modelo de competencia basado en precios, es decir: uso intensivo de mano de obra poco cualificada, bajo contenido tecnológico, escasa inversión en formación, temporalidad y rotación de trabajadores y reducción de los costes laborales.

En dichos sectores existen carencias en materia de cualificación profesional, como consecuencia del escaso nivel de formación continua en las empresas. Por su parte, los trabajadores temporales reciben menor formación y acumulan menos experiencia que los indefinidos, lo que repercute en pérdida de productividad y déficit de capital humano.

La cualificación profesional convierte al trabajador en menos sustituible, mientras sucede lo contrario en actividades poco cualificadas y que, por lo tanto, no necesitan, prácticamente, formación inicial (cajeras, trabajo en hoteles, limpieza, personal doméstico, trabajos de vigilancia, etcétera).

No obstante, la temporalidad del empleo es un fenómeno complejo, que no puede explicarse por un solo factor, sino por la combinación de factores generales (económicos, jurídicos o sociológicos) y específicos relacionados con las características de los procesos de trabajo y las condiciones laborales de los diferentes sectores productivos.

La reducción de la temporalidad no puede abordarse, por ello, exclusivamente, a través de reformas del ordenamiento jurídico que regula la contratación temporal, aunque entendemos que la Reforma Laboral acordada por el Gobierno y los agentes socioeconómicos permitirá crecer aún más la oferta de empleo cualificado y con él la competitividad, ya que está enfocada a mejorar la calidad del trabajo.

Asimismo, es conveniente realizar un mayor esfuerzo en la articulación de medidas orientadas a fomentar un modelo de competencia que no quede limitado a reducir costes, sino al desarrollo de otros aspectos como la innovación, la incorporación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la diferenciación de productos y la calidad, y la formación y cualificación de los trabajadores.

Por el lado de la demanda de puestos de trabajo, la dificultad está en disponer de una demanda de trabajadores con una cualificación adecuada o, si no, con capacidad de aprendizaje. Los individuos con más preparación participan en mayor medida en el mercado laboral y tienen mayor probabilidad de obtener empleo. Poseer un diploma es el mejor medio para facilitar el acceso al mercado laboral con un empleo estable y duradero.

Según el Instituto Valenciano de Investigación Económica (IVIE), la tasa de paro de los colectivos con estudios superiores o anteriores al superior se ha mantenido siempre por debajo de la tasa de paro total. A través del análisis de la estadística del paro se impone la evidencia: en España, con una tasa de paro del 8,1%, la tasa de paro de las personas con educación media o superior es del 5,9%, frente a las personas con educación primaria (9%) y analfabetos (16,6%).

Hay que recordar que uno de los objetivos asignados por la estrategia de Lisboa consiste en lograr 'un crecimiento económico duradero acompañado de una mejora cuantitativa y cualitativa del empleo'. Por ello, la cualificación es un camino hacia la competitividad, y en esta línea, la disponibilidad de capital humano y de talento están siendo las claves para competir. Una mano de obra altamente cualificada y adaptable mejora la capacidad de un país para crear nuevas tecnologías en su propio territorio, y también para absorber y aplicar tecnologías desarrolladas en el extranjero.

Vicente Castelló Roselló. Profesor de la Universidad Jaume I de Castellón