TRIBUNA

El uso corporativo de productos derivados

Más del 90% de las 500 empresas de mayor tamaño del mundo utilizan productos derivados para controlar sus riesgos. Así lo indicó la influyente International Swaps and Derivatives Association (ISDA) en su reunión anual de 2003, celebrada en Tokio. Después de leer este dato, cualquier duda acerca del papel prominente que los derivados han alcanzado dentro de las empresas no financieras debería ser eliminada.

De acuerdo al informe de ISDA (organismo que agrupa a los dealers más importantes del mercado de derivados y que regula las operaciones entre contrapartidas), el 92% de las 500 compañías mundiales que generaban mayores ingresos a finales de 2001 usaban derivados con regularidad. Estas entidades estaban basadas en 26 países diferentes y representan un amplio abanico de industrias. El director ejecutivo de ISDA, Robert Pickel, declaró que 'estos resultados demuestran que hoy en día los productos derivados forman una parte integral de las políticas de control de riesgos de las empresas más importantes del mundo', añadiendo que 'a través de regiones geográficas y de sectores industriales, la grandísima mayoría de estas corporaciones se apoyan en los derivados para cubrir los muchos riesgos a los que se enfrentan a diario en el curso de sus actividades'.

¿Cómo hemos llegado a este estado de cosas? ¿Qué explica la extraordinaria popularidad de los derivados entre el sector empresarial? Evidentemente, estos productos han demostrado aportar un valor significativo en el área crítica de gestión de riesgos. Si los derivados no ofreciesen un servicio útil, claramente las empresas no los usarían con el fervor con el que lo hacen. Además, la industria de los derivados no deja de innovar y aporta nuevas soluciones prácticamente cada día. Si los tesoreros corporativos han dispuesto de herramientas líquidas para la cobertura de riesgos de tipo de interés y de divisa desde hace más de dos décadas, hoy en día el menú se ha extendido a productos que ayudan a controlar un mucho más amplio rango de riesgos, incluidos los derivados del cambio climático.

El mercado de derivados en general ha experimentado un crecimiento imparable en los últimos 25 años, y las aplicaciones corporativas se han afianzado en consonancia. Es básicamente imposible saber con certeza exactamente cuándo la empresa A empezó a utilizar opciones, o cuándo la empresa B empezó a usar swaps, pero existen anécdotas suficientes que sugieren que no sólo el sector empresarial fue de los primeros en subirse al carro de los derivados, sino que muchos de los productos más sofisticados se diseñaron con necesidades corporativas en mente.

En la actualidad, el uso de derivados por parte de empresas se enfrenta a una seria amenaza. Por supuesto, nos estamos refiriendo a las nuevas reglas de contabilidad para derivados introducidas recientemente, primero en Estados Unidos (FAS 133 a primeros del 2001) y luego en Europa (IAS 39 a primeros del 2005). Las reglas, que son obligatorias para toda empresa que cotice en Bolsa, suponen un doble golpe para el sector de derivados corporativos. Por un lado, tienen el potencial de generar volatilidad inestable en las cuentas de resultados. A no ser que el derivado cualifique para un trato especial (hedge accounting), los cambios en su valor de mercado (mark-to-market) deben ser registrados como pérdidas o ganancias. Dado que el valor de mercado de un derivado puede sufrir grandes cambios de forma continua, los efectos sobre los resultados pueden ser devastadores. No es de extrañar, por tanto, que los ejecutivos (que aprecian la estabilidad contable) impongan una política de entrar sólo en aquellas estructuras que obtengan el trato especial.

El problema es que obtener ese trato es un proceso laborioso y costoso, y donde los resultados positivos no están garantizados. Muchas empresas han descubierto que obtener hedge accounting incluso para productos simples es tarea ardua, y prácticamente inabordable para productos más exóticos. Incluso se han dado casos de sustanciales (y altamente desestabilizadoras) revisiones de resultados históricos debido a errores técnicos a la hora de aplicar las nuevas reglas (que han sido repetidamente catalogadas como las más complicadas nunca impuestas sobre el sector empresarial).

Dado que ni la volatilidad contable ni la carga de trabajo extra (sin garantía de resultados óptimos) ni la posibilidad de tener que revisar las cuentas en el futuro son cosas deseables para los ejecutivos, la preocupación es que algunas empresas simplemente decidan abandonar el uso de los derivados. O, como mínimo, limitarlo a los productos más sencillos. En este sentido, la introducción de las nuevas reglas contables habría puesto el freno a más de dos décadas de innovación financiera.