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La revolución inteligente de Anantapur

La Fundación Vicente Ferrer promueve el desarrollo de una de las áreas más pobres de la India

Desde hace más de 30 años, en el distrito indio de Anantapur, al sur del país, España no es desconocida. De hecho, cada vez hay más nativos que hablan castellano y ubican nuestro país en el mapa; y todo ello merced a la labor que desempeña la Fundación Vicente Ferrer (FVF), más conocida por sus siglas en inglés (RDT), de Rural Development Trust.

El trabajo de esta organización no gubernamental de desarrollo (ONGD) es uno de los más conocidos en toda la India, no sólo por el tiempo que lleva desempeñándose, desde 1969, sino también por los métodos que utiliza. La Fundación ha ideado un sistema por el que los beneficiarios de las ayudas son los principales protagonistas de cada uno de los seis proyectos que acomete en la actualidad: educación, ecología, sanidad, vivienda, mujer y discapacitados.

Es decir, que además de recibir la aportación económica, esta organización siempre promueve la implicación de sus destinatarios y promociona su capacidad de acción. Valga como ejemplo que cuando la Fundación elige a una familia como beneficiaria de una ayuda para comprar una vaca, ésta debe devolver esa aportación, sin intereses, con los recursos que comienza a darle la explotación del animal.

Si se trata de una vivienda, la familia puede ceder el suelo o participar activamente en su construcción. 'No sólo se trata de mejorar sus condiciones de vida, sino también de devolverles la autoestima y el respeto de su comunidad, algo primordial para colectivos como el de las mujeres', explica un portavoz de esta organización. La sociedad india está organizada en base a un estricto sistema de castas, con unas reglas de conducta y creencias religiosas muy arraigadas todavía, pese a que fue derogado por la Constitución nacional en 1950.

La casta más baja es la de los dálits o intocables, históricamente condenados a realizar los trabajos más penosos y serviles y a la que pertenecen unos 160 millones de personas en todo el país. Vicente Ferrer siempre recuerda cómo le llamó la atención a su llegada a India, en 1952, la especial situación de este grupo: 'había pobres que no tenían apenas derechos, pero luego estaban los intocables, que ni siquiera tenían derecho a recibir ayuda'.

Desde entonces, la Fundación trabaja para que estas personas en lugar de tener el destino predeterminado, consigan ser dueñas de su vida mejorando sus condiciones y siendo aceptados por la sociedad según sea su contribución a la misma y no en función de la casta a la que pertenezcan.

Comenzaron por una labor educativa en nuevos valores, como el de la igualdad entre sexos y el respeto a las personas con alguna discapacidad, pero siempre tuvieron claro que el objetivo no era occidentalizar su forma de vida, sino atajar la pobreza extrema y la marginación. Así, en India en general y en el medio rural en particular todavía continúan muy extendidos los matrimonios concertados, a los que las mujeres deben aportar la dote.

En lugar de convencerles de que es mejor opción que hombres y mujeres decidan libremente con quién quieren casarse, desde la FVF ayudan a las niñas de las familias con menos recursos a que puedan contribuir a la economía doméstica a la vez que acuden a la escuela. 'De esta forma contribuimos a que las mujeres pasen de ser una carga para las familias, ya que cada niña significa una dote para sus padres, a un importante pilar de su economía capaz de ser productivas', sostienen en la Fundación.

Poco a poco la introducción de esos nuevos valores está calando entre la sociedad rural de Anantapur, un distrito con una superficie de más de 19.000 kilómetros cuadrados con una población de cuatro millones de personas, de los que la mitad ya se beneficia de alguno de los proyectos puestos en marcha por la FVF. Esa extensión de la ayuda ha sido gracias al compromiso de los trabajadores de la Fundación, que ya son 1.650 más 5.000 voluntarios locales entre profesores rurales y auxiliares sanitarios. Otro de los éxitos de los que presume esta organización es que después de tres décadas de trabajo casi no hay que ir a buscar nuevos poblados donde actuar, 'ahora, cuando los nativos ven la forma de vida de las comunidades beneficiadas de las ayudas, son ellos quienes vienen a buscarnos'.

La Fundación es también partidaria de que si los indios pueden realizar las tareas, sean ellos y no otros los que finalmente acometan los proyectos. En la actualidad, el 99% de las personas que trabajan sobre el terreno son naturales de Anantapur, han sido formados por la organización y trabajan, por tanto, en su tierra natal.

Cuando se les pregunta a los responsables de la Fundación por cuál ha sido la clave de esta transformación no vacilan: 'la revolución inteligente, aquella que se hace con el sentido común, no con promesas, sino con actuaciones concretas porque nosotros ya hemos demostrado que erradicar la pobreza es posible', dice Vicente Ferrer.

Pero además de esa actitud, desde la Fundación se estima que sin la estructura financiera que aporta el apadrinamiento de niños no sería posible diseñar un proyecto estable a largo plazo.

'Contar con esos recursos económicos nos da seguridad y eso es algo vital para nuestro proyecto porque en dos o tres años todo habrá vuelto a cambiar mucho. Temblamos de alegría porque además ya sabemos cómo lo vamos a hacer', admite Vicente Ferrer.

La aportación mensual que realizan los padrinos no se asigna íntegramente al niño apadrinado, ya que su progreso no puede ser aislado, sino que debe pasar por el progreso de su familia, las familias de su pueblo y del resto de poblados de su entorno, formando un todo equilibrado. Así lo han entendido en Anantapur y gracias al resultado conseguido hasta ahora, así seguirán, aplicando el sentido común.

Educación. La base fundamental de la prosperidad

Cuando la Fundación llegó a esta región, el índice de alfabetización de su población no llegaba al 1%, hoy, treinta años después, alcanza el 58%. El cambio se inició llevando a cabo primero una labor de concienciación para que las familias optaran por llevar a sus hijos a la escuela, tanto si eran niños, como niñas, en lugar de instruirles en las labores del campo. En la actualidad, la organización que lidera la familia Ferrer no sólo ha logrado incrementar la tasa de escolarización, sino que lleva a cabo varios proyectos de escuelas complementarias especializadas en atajar el fracaso escolar entre los niños de las castas inferiores. No en vano, la imposibilidad de superar el curso está detrás de los numerosos suicidios de niños, que utilizan los pesticidas para quitarse la vida. Además de acabar con esa situación, la mayor satisfacción de la FVF es ver cómo muchos de los profesores de sus escuelas son antiguos alumnos.

Ecología. La lucha contra un medio natural hostil

El distrito de Anantapur es el segundo más seco de India, por lo que el riesgo de sequía está siempre presente. Hasta tal punto es pertinaz la escasez de agua en la zona, que cuando la Fundación se instaló en ella, en 1969, los geólogos pronosticaban la progresiva desertización de la región e incluso aconsejaban a su población el éxodo en un periodo máximo de 50 años.

Sin embargo, los responsables de la FVF iniciaron un plan de desarrollo ecológico basado en la construcción de muros de contención y bancales para frenar la destrucción de la capa fértil de la tierra. Al mismo tiempo, promovió la proliferación de presas y embalses para poder recoger el agua (que allí es mínima) que dejan los monzones.

Gracias a esta política, que arroja ya un balance de 1.500 instalaciones desde 1990, se ha pasado de una cosecha al año a una cada cuatro meses.

Mujer. De la marginación a un merecido protagonismo

La situación de la mujer en India es de una absoluta marginación ya desde la misma cuna. Pese a la pobreza, todavía hay familias que tienen seis y siete hijos esperando que nazca un varón. Las chicas son una carga para sus familias porque desde que nacen deben iniciar el ahorro necesario para hacer frente a la dote que están obligadas a aportar cuando se casan. Y pese a que en la mayoría de los casos son las que soportan el peso de la economía familiar, realizando las tareas más duras dentro y fuera del hogar, no tienen derecho a tener cuenta en el banco ni a la toma de decisiones en su comunidad. La Fundación inició en 1982 un proyecto para devolverles esa valoración dentro del grupo. Además de brindarles unos recursos económicos iniciales, les asesoran en la puesta en marcha de una actividad laboral que les otorgue independencia, conciencia de sus derechos y reconocimiento social.

Vivienda. Un hogar digno para cada familia

En los poblados del medio rural donde desempeña su labor la FVF la vivienda tipo de las castas más bajas es una humilde choza de apenas ocho metros cuadrados donde viven hasta tres generaciones de una misma familia. Como pertenecen a los colectivos más marginados, están confinados en colonias a las afueras de cada población, alejadas de los mínimos servicios comunes, como pozos, colegios o dispensarios médicos. La fragilidad de estas construcciones hace también que con demasiada frecuencia deban ser reconstruidas al término del monzón. Por ello, la Fundación ha puesto en marcha un proyecto por el que se construyen casas de unos 40 metros cuadrados repartidos en dos estancias con las condiciones mínimas de salubridad y resistencia, aunque sin romper con las costumbres de la zona. Estas casas devuelven la dignidad a una comunidad fuertemente discriminada.

Discapacitados. Construir el camino para su integración

Si la mujer está fuertemente discriminada en el medio rural del país, los discapacitados son el caso extremo. Las familias a menudo suelen confinarles en casa, negándoles el acceso a la educación e incluso en ocasiones hasta el alimento. Las acciones de la Fundación van encaminadas primero a convencer a la sociedad de que estas personas tienen los mismos derechos que el resto y como tales deben acceder a la escuela e integrarse plenamente en las relaciones del grupo. Pero la labor de esta organización va más allá. Con el objetivo de favorecer su desarrollo, la Fundación ha puesto en marcha talleres de ortopedia y rehabilitación que mejoren su calidad de vida desde el punto de vista de su movilidad. Y al tiempo, promueven centros de formación profesional donde los discapacitados aprenden un oficio, gracias al que después obtienen su independencia económica y el reconocimiento y respeto social.

Sanidad. Un servicio de mayor calidad para todos

La extensión de la asistencia sanitaria a todas las castas que promueve la Fundación tiene como objetivo mejorar las expectativas y calidad de vida en el medio rural del distrito de Anantapur. Pero para lograrlo, no sólo se necesita tener más y mejores médicos y los más modernos equipamientos técnicos, sino cambiar algunos hábitos de higiene y alimentación e incidir en una correcta planificación familiar. El Gobierno de India ha puesto en marcha un plan por el que ofrece 100.000 rupias (2.000 euros) a aquellas familias que con una sola hija decidan someterse a una intervención de ligadura de trompas o vasectomía y ha prohibido que en las ecografías se comunique el sexo del feto para frenar los abortos detectados cuando se trataba de niñas. La FVF ofrece asesoramiento y asistencia sanitaria gratis en estos casos y promulga campañas por los poblados para extender el uso del preservativo.