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París revive el esplendor de las ciencias árabes

Bagdad fue, según relatan los historiadores, y a falta de documentos arqueológicos que lo prueben, una bellísima muestra de arquitectura, hasta que los mongoles la saquearon y destruyeron, en 1258. No sólo eso. La ciudad iraquí se alzó en el siglo IX como capital del increíble auge que vivieron las ciencias árabes hasta el siglo XIV. Un extenso periodo de apogeo de la sabiduría hecho posible gracias a la apertura del imperio árabe hacia otras culturas, una política eficaz y un idioma propio que sirvió para vehicular la ciencia, desde Córdoba hasta Samarcanda.

Astrónomos, médicos, físicos, matemáticos, filósofos y químicos venidos de todas partes eran llamados por califas y mecenas en un momento de fuerte competencia política y económica entre Córdoba, El Cairo y Bagdad. La aportación de este hecho histórico al desarrollo de la ciencia moderna ha sido durante largo tiempo tachada de simple 'transmisión' de la herencia griega a la Europa medieval, esto es, de simple intermediaria.

Una visión 'totalmente deformada de la contribución de la ciencia árabe a la reactivación de las ciencias en Occidente a partir del siglo XII', explica Ahmed Djebbar, comisario científico de la muestra El auge de las ciencias árabes, que el Instituto del Mundo Árabe de París dedica a este capítulo de la historia hasta el próximo 19 de marzo.

¿El genio de estos sabios? Traducir, en un primer tiempo que duró un siglo y medio, textos griegos, indios y persas. Después llegaría el tiempo de la asimilación, de la crítica en algunos casos, y de las propias invenciones. Entre ellas el preciado número cero, recuperado de la numeración india por el genial matemático Al-Khwarizmi, originario del actual Uzbekistán, a quien debemos el álgebra y los primeros pasos de la trigonometría. La exposición muestra hasta 200 objetos prueba del dinamismo de las élites científicas de aquella época: el astrolabio universal, globos celestes, tablas astronómicas, manuscritos de geometría, instrumentos de diagnóstico y de cirugía, e incluso la reconstrucción de un sistema hidráulico -del que un espectador físico dirá que se trata del precursor de la máquina de vapor-.