COLUMNA

Los mismos desequilibrios globales

Un año después los problemas que caracterizan a la economía mundial permanecen, siendo su principal exponente el extraordinario déficit por cuenta corriente americano, que se aproxima a un 7% de su PIB. Los análisis señalando la necesidad de su ajuste y las llamadas de atención sobre la posibilidad de que éste se pudiera producir de forma abrupta no han tenido efecto, aunque la posibilidad de encontrarnos en una situación de equilibrio (Bretton Woods II) tampoco resulta convincente.

Se puede recordar que el desequilibrio de la economía americana se explica por la falta de ahorro privado a la que se ha sumado en la década de los 2000 el creciente déficit público en respuesta a los recortes fiscales. Dicho desequilibrio sigue siendo financiado por el exceso de ahorro, originalmente en los países asiáticos, pero recientemente también en los países productores de petróleo, que se traduce en unas reservas oficiales excesivas materializadas en dólares, especialmente en títulos públicos.

Hay que reconocer, por una parte, que la continuidad de los desequilibrios refleja la mayor integración de los mercados financieros y de bienes y, por tanto, es una tendencia positiva en la economía mundial. Así, habría que esperar que cada vez haya un mayor número de países con superávit o déficit y unos superávit y déficit mayores en la medida en que los flujos de bienes y de capitales tiendan a igualar la inversión y el ahorro en los diferentes países.

Sin embargo, tras esa evidencia existen factores de riesgo, especialmente referidos a la posibilidad de que se incrementen los desequilibrios y a su durabilidad. Que aumenten y que persistan dependen de diferentes factores, como los diferenciales en el crecimiento económico, la apertura de los mercados financieros o las actitudes diferentes hacia el riesgo y las expectativas de los agentes económicos. Así, los agentes del mercado deben permanecer vigilantes sobre el desarrollo de las economías y de los flujos, pero también las autoridades económicas deben permanecer vigilantes sobre un posible cambio de las expectativas de los agentes.

æpermil;stas pueden condicionar el precio al que desean financiar esas posiciones externas, con lo cual los países deudores pueden enfrentarse a unos mayores costes si se revisan las expectativas. Los inversores privados pueden revisar su interés por demandar activos en dólares si los bancos centrales asiáticos reducen su pauta de acumular reservas en esa moneda.

Hay que tener en cuenta, además, que en la actualidad los activos americanos no son las únicas inversiones que se pueden considerar como refugio. Por lo tanto, las fuerzas del mercado tienen una especial importancia a la hora de proporcionar incentivos a la política económica, ya que el aumento de la proporción de la riqueza financiera que se mantiene en activos externos reduce las restricciones financieras de los países, pero además condiciona los ajustes.

Un factor adicional que se debe tener en cuenta a la hora de analizar los posibles ajustes es la convivencia de diferentes regímenes cambiarios en países con importancia sistémica, ya que en unos países el régimen es de libertad de flotación mientras que en otros el tipo de cambio es una magnitud controlada. Esto implica que los ajustes obligados por las fuerzas del mercado se concentrarían en un grupo de países, lo que conllevaría el peligro de deteriorar el libre comercio, lo cual a nadie le interesa, especialmente a EE UU, cuya benigna situación económica y financiera deriva del mismo.

Como los economistas sostienen y la evidencia reciente ratifica, es difícil anticipar cuándo y cómo se puede producir el ajuste a los desequilibrios globales. En principio parece que la probabilidad de un ajuste brusco es reducida, pero la acumulación de reservas supone unos costes que los países asiáticos dejarán de ignorar alguna vez y el déficit americano no puede ignorar indefinidamente las necesidades estructurales. Los ajustes deberían afectar a todas las áreas económicas principales, y esta recomendación es la misma que se hizo hace un año.

Sin embargo, puede existir un factor diferencial si el nuevo presidente de la Reserva Federal se traduce en alguna mayor restricción monetaria en EE UU. Hasta ahora la Reserva Federal ha mantenido una situación de calma ante los desequilibrios de la economía norteamericana pero el cambio de su presidente obliga a estar atentos a partir de ahora.