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Columna
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A agricultura muerta, nueva agricultura puesta

El recorte de las subvenciones agrícolas es uno de los temas estrella de la conferencia ministerial de la OMC que ayer se inició en Hong Kong. Pero éste es sólo un capítulo más del desánimo que cunde en el sector, según el autor, que apuesta por el futuro de la agricultura, lo que requerirá profundas transformaciones

A rey muerto, rey puesto, rezaba el viejo aforismo monárquico rebosante de inteligente sabiduría. Las cosas públicas seguían, y de nada valía llorar al monarca que se iba. El que llegaba debía coger pronto las riendas de la situación. Algo así pasa con la agricultura, que languidece entre el desinterés de unos y otros.

La verdad es que pintan bastos para la agricultura que hemos conocido hasta ahora. Sequías y heladas, que pueden ser consideradas como coyunturales, mermaron las cosechas del presente ejercicio. Pero eso no es lo realmente importante. Los precios se mantienen hundidos y los costos se incrementan, mientras que las subvenciones agrícolas comunitarias han iniciado su vertiginosa reducción.

Con estos ingredientes, ya podemos figurarnos el guiso resultante. Según todos los indicadores, la renta agraria ha caído este año de forma importante, en un descenso superior incluso a la gran sequía de mediados de los noventa. Uno tras otro, están cayendo por entero sectores agrícolas tradicionales. Si ayer era el algodón, hoy es la remolacha. Los agricultores de riego se preguntan, ¿si el trigo y el maíz no valen, qué sembramos? Mientras, el gasóleo se pone por las nubes, los salarios suben y, lo que es aún más limitante, la mano de obra agrícola desaparece. El desánimo cunde en el sector, mientras que nadie lanza un mensaje de optimismo. Pues ha llegado la hora de empezar a cambiar el discurso. Creo sinceramente que la agricultura tendrá un razonable futuro, que significará cambios importantes en cultivos, conceptos, filosofías y tecnologías. Mostremos algunas de estas posibilidades.

El campo tendrá un razonable futuro, que significará cambios importantes en cultivos, conceptos, filosofías y tecnologías

Parece que la evidencia del cambio climático ha movido por fin a las dos grandes potencias hasta ahora abstencionistas, Estados Unidos y Rusia, a mover ficha, interesándose por un eventual Kioto II. Y si vamos en serio, el asunto no puede quedar limitado a la reducción de las emisiones industriales, ni a la compraventa de cuotas de CO2. Los cultivos y los bosques limpian la atmósfera y sirven para producir oxígeno. De alguna forma deben participar también en el programa global contra el efecto invernadero.

Unido a lo anterior se pueden esgrimir muchos otros razonamientos medioambientales para aconsejar un colosal programa de reforestación en toda Europa de tierras marginales. En España hablaríamos de cientos de miles de hectáreas, que podrían dedicarse a bosques proporcionando una renta a sus propietarios, con el consiguiente aprovechamiento de caza, madera y, en general, todos los productos forestales. La financiación de estas políticas de repoblación no deberían cargarse exclusivamente a los fondos agrarios, sino a los medioambientales y a los dedicados al cambio climático. Por no demasiado dinero solucionaríamos varios problemas de golpe. Retiraríamos de la producción tierras marginales, con lo que aliviaríamos excedentes, produciríamos oxígeno, retiraríamos CO2 de la atmósfera, y proporcionaríamos naturaleza para una sociedad urbana que la demanda de forma creciente.

No olvidemos que nuestra población está aumentando con rapidez. Hoy somos 44 millones, y de seguir esto así, en unos años alcanzaremos los 50. Los clientes de las actividades al aire libre y al turismo rural se multiplicarán con mayor rapidez que la oferta disponible.

El petróleo sube y sube, amenazando nuestra dependiente economía. Los biocombustibles y la biomasa serían importantísimas fuentes energéticas alternativas. Y además, no aportan CO2 al balance global, ya que todo el que sueltan al aire lo fijaron previamente de la atmósfera. El desarrollo de estas tecnologías supondría un importante esfuerzo en I+D que redundaría en el crecimiento de un nuevo sector tecnológico e industrial, que podría exportarse al mundo entero.

Estamos en la era digital. En teoría eso debía significar que abandonaríamos el soporte papel, cuando la realidad ha sido exactamente la contraria. Sube y sube su consumo, y por lo tanto su precio. ¿Es que no existen cultivos adecuados para producir celulosa? Por supuesto que sí. Sólo que falta un programa general que ordene explotaciones, ayudas e industrias. Se podrían dedicar muchas hectáreas de forma rentable a la producción de papel, hoy extraído en exclusiva de la tala de bosques.

La agricultura tiene futuro. Y eso que no he querido referirme a un probable ciclo de subida de las materias agrícolas básicas, deprimidas anormalmente más tiempo del que nos dicta la razón de mercado.

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