TRIBUNA

El impacto económico de la gripe aviar

¿Qué ocurriría si la gripe aviar se convirtiera en pandemia? Ante esta posibilidad, el autor concluye que se produciría un 'shock' tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta. Combinados, estos trastornos serían muy dañinos para la economía mundial

Los Gobiernos mundiales han elevado el nivel de alerta contra la posibilidad de una pandemia de gripe aviar en humanos. El presidente de EE UU, George Bush, recordó recientemente el impacto de la gripe de 1918, y la aparición de casos en Rumania y en Grecia ha elevado el nivel de alerta entre los Gobiernos de la UE. Los ministros europeos de Exteriores de la UE han declarado la posible pandemia una amenaza global que requiere una intervención coordinada. Por su parte, el Gobierno español ha creado una comisión interministerial permanente para el seguimiento de la gripe, y ha anunciado que encargará antivirales para proteger al 25% de la población.

La preocupación es comprensible. Además de haber afectado a decenas de millones de aves en el sur de Asia, el virus causante de la gripe, el H5N1, ha afectado ya a más de 100 personas y matado a 60 personas desde 2003.

En terminología de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la epidemia se encuentra en la fase 3 del sistema de alerta: se han detectado infecciones esporádicas en humanos, pero no ha habido todavía contagio de humano a humano. Si la epidemia se mantiene en este nivel no hay peligro. Pero si el virus mutase y la transmisión de humano a humano se generalizase, alcanzando las fases 4 y 5 del sistema de alerta, entonces la situación sería altamente preocupante. El momento crítico llegaría cuando el virus se transmitiera a través del aire, algo que el virus del SARS (siglas en ingles de Síndrome Respiratorio Agudo Severo, o neumonía atípica) nunca llego a hacer y que evitó que la epidemia se convirtiera en pandemia.

¿Cuales serían las consecuencias económicas de este escenario?

Es difícil de predecir, ya que hay muchas variables que podrían ir en varias direcciones, pero hagamos una primera aproximación. Supongamos que la fase 5 se declara en un país emergente, probablemente en Asia -donde el riesgo de transmisión y de mutación es mayor por el amplio contacto entre aves y humanos-, y que es parte activa de la cadena de producción mundial, de tamaño suficiente para poder afectar a los mercados financieros. ¿Cuál sería la primera medida de las autoridades de ese país? Probablemente la puesta en cuarentena del país, cerrando la circulación de bienes y de personas al exterior.

¿Qué implicaciones tendría esto para la economía mundial? Depende de la reacción a su vez de las autoridades de los otros países, pero lo más probable es que hubiera una caída drástica del comercio mundial y del transporte de pasajeros, ante el miedo al contagio. Al mismo tiempo, y a pesar de la preparación de los Gobiernos, es lógico anticipar una reacción de pánico mundial por parte de los ciudadanos. Actividades normales como ir al cine, a un restaurante, o a la escuela o al trabajo se convierten inmediatamente en actividades de riesgo. Por tanto, habría una caída significativa de la confianza y del consumo, reflejado rápidamente en caídas de los mercados bursátiles y aumentos de los spreads de los activos con riesgo. ¿Cuánto duraría este periodo de pánico? Depende de la rapidez en desarrollar una vacuna eficaz. En vista de que la transmisión humana sólo sería posible tras una mutación del virus, la vacuna sólo se podría desarrollar una vez que se declarase la fase 5. Por tanto, los primeros seis meses de la pandemia el impacto de la vacuna sería menor. Estaríamos pues ante un claro shock negativo de demanda.

¿Qué sucedería con la oferta y los precios? El output potencial de la economía mundial se reduciría, ya que las muertes -la OMS estima que ocho millones de personas podrían morir- y la enfermedad reducirían la fuerza de trabajo, y las cadenas de aprovisionamiento global estarían en peligro, aumentando los costes de producción. A su vez, dependiendo del origen de la pandemia, los precios de ciertas materias primas aumentarían drásticamente, sobre todo en países no autosuficientes. Tendríamos pues un claro shock negativo de oferta.

La combinación de un shock negativo de oferta con uno de demanda conlleva claramente una caída de la actividad: se estima que la neumonía atípica redujo el crecimiento del sur de Asia unos dos puntos porcentuales en el segundo trimestre del 2003, y se podría extrapolar que la pandemia podría reducir el crecimiento mundial en dos puntos porcentuales por trimestre de duración.

El impacto sobre la inflación es incierto, dependiendo de la importancia relativa de cada shock y de su duración. La reacción de los bancos centrales sería probablemente de proveer liquidez para minimizar el daño al sistema financiero y al mecanismo de pagos, tratando de controlar las expectativas de inflación. Es importante recordar que estos shocks llegarían en un momento de alto endeudamiento de las familias. Si el resultado final fuera una espiral deflacionista -concebible si la pandemia se extendiera a muchos países y fuera de larga duración- se podría repetir la experiencia de los años treinta, cuando la combinación de deuda y deflación fue muy dañina para la economía mundial.

O puede que no pase nada. Al fin y al cabo, la probabilidad de alcanzar la fase 5 de la epidemia es baja, y lo más probable es que todo esté bajo control. Pero no está de más plantearse lo que podría ocurrir.