TRIBUNA

La eurozona no sobrevivirá sin unión política

Los votos en contra de la Constitución en Francia y Holanda han sido un shock para quienes dábamos por descontado que el proceso de unificación política en Europa seguiría avanzando indefinidamente. Las señales que llegan desde esos dos países sugieren que esa presunción era errónea, y que el deseo de construir una auténtica nación europea es débil. Sabíamos que ése era el caso en países como Reino Unido. Pero resulta una sorpresa que la mayoría de franceses y holandeses deseen regresar a su crisálida política nacional.

¿Debemos preocuparnos por esto? Habrá quien diga que no hay motivo. La Unión Europea puede vivir con la actual estructura institucional. Desde ese punto de vista, no hay necesidad de seguir adelante con el proceso de unificación política.

Sería maravilloso que ese punto de vista fuera acertado. Por desgracia, no es así. La unión monetaria sólo puede funcionar adecuadamente en el contexto de una unión política. Desde el principio estaba claro en la mente de quienes crearon el euro que la unión monetaria sólo podría mantenerse a largo plazo si los miembros avanzaban hacia una unión política total. Se entendía también, aunque no siempre se formulara explícitamente, que esa unión política era necesaria para que la unión monetaria fuera sostenible a largo plazo. Quizá no quede claro para el observador por qué la unificación política resulta tan importante para la supervivencia del euro. Merece la pena analizar las razones.

Nadie debe olvidar que el área euro es el resultado de un tratado. Y que todos los tratados pueden romperse

En primer lugar, la unión política hace posible organizar sistemas de transferencia fiscal que proporcionen alguna protección contra los shocks económicos negativos. Cuando un país resulta golpeado por una crisis y sufre un aumento del desempleo como consecuencia del declive de la producción, un presupuesto centralizado garantiza compensaciones a ese país para reducir así sus dificultades.

Este mecanismo funciona en todos los países desarrollados. En España, por ejemplo, el presupuesto centralizado garantiza que esas transferencias se hagan automáticamente entre las regiones más prósperas y las no tan prósperas. Tal sistema crea un mecanismo de solidaridad que también genera un sentido de pertenencia a la misma nación. Sin ese sistema, se está diciendo a las regiones o a los países que se cuiden por sí mismos sin ayuda del resto. Eso mina el sentido de pertenencia.

La zona euro no tiene tal mecanismo. Como consecuencia, cuando sus miembros sufren un shock económico negativo, se les está diciendo implícitamente que resuelvan sus propios problemas por sí solos sin la ayuda de los demás.

El lector puede objetar que ese mecanismo de solidaridad tampoco existe entre los países de la UE que no pertenecen a la zona euro. La diferencia estriba en que los países de la zona euro han renunciado a su soberanía monetaria. Para ellos es mucho más difícil que para el resto estabilizar sus economías cuando sufren un shock negativo. Y la ausencia de un mecanismo de solidaridad minará, por tanto, el deseo de los socios de permanecer en la Unión si los shocks son demasiado fuertes y prolongados.

Una segunda razón por la que la unión política es necesaria para la supervivencia del euro es que reduce el riesgo de las divergencias económicas con un origen político. Sensu contrario, la ausencia de una unión política provoca shocks políticos que llevan a divergencias económicas.

Tenemos ejemplos importantes de esto en la zona euro. El gasto y la fiscalidad continúan hoy en manos de los Gobiernos y Parlamentos nacionales en los países del euro. Como consecuencia, las decisiones unilaterales de reducir (o aumentar) los impuestos crean shocks que pueden llevar a grandes divergencias económicas. Irlanda ha rebajado sustancialmente el impuesto de sociedades, generando así un boom local a costa de otros países.

De manera similar, la seguridad social y la política salarial se deciden a nivel nacional. De nuevo, esto crea margen para shocks en la eurozona. Fue el caso de Francia cuando decidió en solitario reducir la semana laboral a 35 horas y perdió, de repente, parte de su competitividad.

De lo anterior se desprende que la unión política resulta necesaria para asegurar la sostenibilidad a largo plazo de la unión monetaria. La unión política crea un mecanismo de solidaridad imprescindible cuando los países son golpeados por shocks negativos. Y también disminuye al mismo tiempo la posibilidad de shocks que tengan un origen político.

Si las señales que llegan de Francia y Holanda se confirman, surgirán problemas en la eurozona en el futuro. No cabe la menor duda. Sin unión política el euro no sobrevivirá. Tarde o temprano, las divergencias económicas acumuladas y la total ausencia de un mecanismo de solidaridad creará grandes incentivos para que algunos miembros se salgan de la unión y recuperen sus instrumentos monetarios nacionales para resolver sus problemas.

Nadie debe olvidar que la eurozona es el resultado de un tratado. Y que todos los tratados pueden romperse. Esto acontecerá si los ciudadanos de algún país miembro se convencen de que los costes de permanecer en la unión monetaria superan en gran medida los beneficios. Y la ausencia continua de una unión política incrementará los costes aparentes de la unión monetaria.

Ha llegado la hora de que nuestros políticos digan la verdad a los votantes. Que no es otra que la necesidad de elegir. Si quieren disfrutar de los beneficios de la divisa común, el euro, tendrán que seguir adelante hacia la unión política completa. Si no quieren tal unión, no podrán disfrutar indefinidamente del euro.