Crónica de Manhattan

Vacío olímpico

En estos días se dan los últimos retoques a un edificio de 52 plantas que se levanta en la Zona Cero. Es el que reemplaza a la Torre 7 del World Trade Center, caída el 11S, el único edificio de nueva planta que se ha hecho en este solar y probablemente el único que se construya en mucho tiempo pues los planes maestros para este área no terminan de cuajar y su pieza fundamental, la Torre de la Libertad, está cuestionada por su diseño, su seguridad y su oportunidad económica.

Con todo, éste no es el único proyecto de desarrollo urbanístico que preocupa a las autoridades. De hecho, ahora todo gira en torno a la futura construcción del estadio del equipo de fútbol americano New York Jets, propiedad de Robert Wood Johnson. El miércoles este millonario puede obtener la autorización de las autoridades del estado de Nueva York para empezar las obras de este edificio en el área oeste de Manhattan.

Muchos ciudadanos se oponen a que se construya porque cada vez son menos los amigos de las megainstalaciones deportivas en las ciudades y porque acabará con parte de las viviendas sociales del área. Cablevisión, dueña del Madison Square Garden, ha invertido millones en promocionar a los contrarios a este proyecto porque no quiere competencia deportiva en el vecindario (los Jets estarían a pocas manzanas del Madison).

Pero los abogados del estadio son personas poderosas. Uno de ellos es George Pataki, el Gobernador del Estado, y el otro es Michael Bloomberg, el alcalde de la ciudad. Ambos quieren que se construya porque han presentado éste recinto como el futuro estadio olímpico de una ciudad que aspira a celebrar los juegos de 2012. El viernes, el presidente del Comité Olímpico de EE UU, Peter Ueberroth, echó un cable a Pataki y Bloomberg al enviar una carta a los legisladores neoyorquinos diciendo que si no se aprueba el estadio, su candidatura carece de posibilidades.

Por este servicio olímpico los Jets tendrán facilidades. Para empezar, la Agencia Metropolitana de Transporte, gestora el deficitario metro y dueña del terreno venderá la propiedad por 250 millones de dólares cuando está tasada en 923 millones. Adicionalmente, las autoridades preparan una subvención de 600 millones de dólares.

Además de estas cuentas, a los enemigos del proyecto, les preocupa la reflexión en voz alta del portavoz de la Asamblea del Estado, Sheldon Silver, quien ha comentado que la reorganización que requiere el área entrará en competencia con las necesidades de desarrollo de la Zona Cero. Justo lo que no necesita la empantanada y emocional reconstrucción del World Trade Center.

Y es que la indefinición de los planes para su desarrollo no hace más que restar atractivo a una zona a la que las empresas no están convencidas de querer volver. Goldman Sachs, que iba a instalar ahí su sede, se acaba de echar atrás por la falta de concreción y cuestiones de seguridad. La realidad es que a muchos les perturba la idea de ocupar edificios percibidos como objetivo terrorista. Muchas oficinas de la zona están desocupadas y se buscan inquilinos para la Torre 7.

Tal y como están las cosas, la lógica económica de la reconstrucción puede ir perdiendo peso cada vez más rápidamente de tal manera que el hueco que dejó el 11S en el perfil de la isla siga una buena temporada. Y como teme Silver, la apuesta del estadio solo puede alargar este vacío más tiempo.