La vida de las empresas

La luz nace en el desierto de Calanda

Es la central térmica más compleja de Endesa y sus raíces se entrelazan con las de la antigua empresa pública. Situada en la localidad de Andorra, en Teruel, la planta es un ejemplo del esfuerzo tecnológico que impone el futuro. Pese a todo, su gente no teme a Kioto

No hay día en que el director de la central térmica Teruel no reciba a algún grupo de escolares deseosos de ver cómo funciona el ingenio eléctrico. Son tantos los años desde que se inició en el negocio del carbón, allá en Córdoba, en la antigua Eneco, que José Hervás explica el proceso con la soltura de un viejo maestro: 'Desde el parque de carbones, junto a la central, se transporta el mineral hacia las tolvas enormes recipientes en forma de embudo y de ahí a los molinos', en los que el lignito se pulveriza para ser quemado en las calderas a 1.500 grados. La planta, una de las tres más grandes de carbón de Endesa, 'y la más compleja', según su director, está situada a ocho kilómetros de la localidad turolense de Andorra y su chimenea, con 343 metros, se divisa también desde Alcañiz y Calanda.

Entre el sonido de la megafonía que a ratos resuena en las extensas instalaciones y el ir y venir de camiones que cargan carbón, yeso o cenizas (cada día circulan más de 600), Hervás hilvana su explicación sobre una central que cuenta con tres grupos de producción: 'Las tres calderas son como catedrales y tienen en sus paredes kilómetros y kilómetros de tubos por los que circula el agua que después se convierte en vapor'. æpermil;ste al expandirse mueve una turbina acoplada a un generador que convierte la energía mecánica, cual eslabón mágico, en electricidad. El jefe de operación, Javier Roldán, ofrece su apoyo didáctico: 'La energía sale a las líneas de alta tensión, que antes eran de Endesa y ahora de Red Eléctrica, hasta el parque Aragón, la estación transformadora y de distribución en la que confluyen la energía de Ascó, Vandellós y otras centrales', explica.

Raíces lejanas

ENDESA 16,34 -2,16%

De la Endesa profunda, como la califican sus empleados, los orígenes de esta planta se remontan al complejo mineroeléctrico de la Empresa Nacional Calvo Sotelo (Encaso), propiedad del antiguo INI, que explotaba minas de curioso nombre: la Oportuna, la Innominada, Corta Barrabasa... Como reminiscencias de aquel pasado, Hervás muestra algunos muebles que conserva en su despacho: 'Ese buró estaba en la habitación de la residencia de la empresa en la que durmió Franco durante la inauguración', comenta.

Sucesivas reestructuraciones dieron lugar en 1981 a la central tal como hoy se la conoce. O casi, porque a finales de esa década, un escándalo medioambiental en el que se vio envuelta y que acabó en los tribunales cambió su destino industrial. A la central de Andorra se la acusó de ser la causante de una lluvia ácida que estaba exfoliando los bosques del Maestrazgo. 'El asunto nunca se probó, sino más bien al contrario', señala José Hervás, pero Endesa decidió acabar con las emisiones de dióxido de azufre (SO2). Para ello construyó tres grandes plantas de desulfuración, 'las mayores del mundo', aclara Hervás, que eliminan el 90% del azufre de los gases que emanan de la combustión. Las plantas arrancaron en el año 2000 y en ellas la empresa invirtió 30.000 millones de pesetas.

Y es que el lignito negro de la comarca (el de las minas propias y el que vende Ángel Luengo, conocido empresario aragonés), es muy pobre y tiene un alto contenido en azufre. Para paliar esta deficiencia, se mezcla con carbón importado de Sudáfrica que, desde el puerto de Tarragona, discurre hasta la central por una línea de ferrocarril de su propiedad.

A cientos de kilómetros de los poderes de decisión, como buen guardián, a José Hervás no le gusta abandonar su territorio. 'La relación con Madrid es buena, fluida..', comenta, aunque reconoce que no frecuenta la capital. 'En la antigua Endesa -recuerda-, cuando todo era generación, era más fácil, nos conocíamos todos'. Ahora, la corporación es un coloso.

Esta sujeción al terreno impide, en cierto modo, que en Teruel muestren temor ante el Protocolo de Kioto, el gran enemigo del dióxido de carbono (CO2) que también emiten este tipo de centrales. 'Estamos tranquilos, la producción de electricidad con carbón va a seguir existiendo en el mismo porcentaje, entre un 15% y un 20%', augura su director. 'Esta es una buena planta, rentable y, aunque cumple 25 años en 2005, tecnológicamente sólo tiene 15 años, gracias a las fuertes inversiones que se han hecho', añade.

Un bien escaso

Subiendo a lo alto de las calderas, cuya incandescencia infernal se aprecia a través de pequeños portillos, el visitante puede divisar la amplia y seca llanura del desierto de Calanda. El abastecimiento de agua, que procede de un embalse a 20 kilómetros, ha sido uno de los puntos débiles de una central que consume 2.300 metros cúbicos cada hora. 'En algunas ocasiones hemos tenido que parar por falta de agua, pues el pantano no es muy grande y también se usa para el riego', explica Hervás, que recuerda las veces que tuvieron que pagar las cosechas de maíz para preservar el agua para la central.

Frente a las calderas se alzan las tres torres de refrigeración con sus cien metros de altura. Una vez generada la electricidad, el vapor que no se disipa (el 30%) se condensa y se enfría en ellas para ser usado de nuevo. 'Las plantas de la costa no necesitan estas torres, pues el agua se enfría en el mar', señala Javier Roldán.

Aunque la enorme extensión de la planta hace que se pierdan sus dimensiones, llama la atención su escaso personal. La desaparición de las minas (sólo quedan las de cielo abierto), los avances técnicos y las políticas de ajuste han ido menguando una plantilla, hoy 250 personas, y 150 en la minería, que llegó a sumar 4.000. Eran tiempos en los que la empresa era un pueblo, con viviendas, economatos, colegios e, incluso, una iglesia en propiedad.

Ficha técnica

El ingenio

La central tiene tres grupos de producción de 350 MW de potencia cada uno. Con 6.000 horas de funcionamiento al año, genera el 94% de la energía que se consume en Aragón y un 4% del total de España.

Cuenta con un parque de carbones de 1,5 millones de toneladas, que sirve para abastecer la central cinco meses. æpermil;sta sólo explota minas a cielo abierto, que tienen unas reservas para cubrir toda su vida útil. Un 26% del carbón que se quema es importado.

Con la ayuda de geólogos, Endesa está recuperando los terrenos de las viejas minas, en los que ya se cultiva y serán devueltos a los ayuntamientos.

Su gente

La plantilla de Teruel es de 250 personas, otras 275 subcontratadas y 150 en las minas. El 10% de la plantilla propia y el 20% de la subcontratada son mujeres. Endesa colabora en la reindustrialización de la zona, en la que genera 1.800 empleos indirectos.

Las relaciones sindicales no son fáciles. Un largo conflicto con el personal de mantenimiento no impide al director calificar al comité de empresa como 'negociador'.

Organización

Existen tres turnos de trabajo diario. El equipo de operación (100% de Endesa) y el de producción son el eje.

Cada mañana, el director mantiene una reunión de un cuarto de hora con todos los departamentos para tomar decisiones del día o de la semana.