EDITORIAL

Irak se va de las manos

Justo cuando Estados Unidos empieza a generar empleos -la asignatura económica pendiente de George Bush de cara a la reválida electoral de noviembre-, las encuestas indican que la popularidad del presidente cae de forma acelerada. El índice de aceptación de Bush, que alcanzó el 90% tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y se mantuvo en torno al 70% durante meses, ha caído en abril hasta el 43%, según los datos del Pew Research Center for the People & the Press. Se trata del nivel de popularidad más bajo en más de tres años de presidencia. Y el declive está directamente ligado al agravamiento de la situación en Irak. Sólo el 40% de los estadounidenses está conforme con la manera en que Bush y su equipo están gestionando la supuesta posguerra iraquí, frente al 60% que mostraba su aprobación a mediados de enero.

Cada día que pasa aumenta el número de bajas estadounidenses en un conflicto que se vietnamiza a pasos acelerados. La revuelta de chiíes y suníes está poniendo contra las cuerdas a las fuerzas de ocupación que lidera EE UU y el Departamento de Defensa reconoce ya, aunque todavía con la boca pequeña, que la situación se les ha ido de las manos. La tensión bélica es especialmente grave en torno a Faluya y Nayaf (la zona 'hortofrutícula' a la que han sido enviadas las tropas españolas en 'misión humanitaria'). Y la escalada de los últimos días pone aún más en evidencia lo ilusorio del traspaso de poderes a una autoridad civil previsto para el 30 de junio.

En EE UU, como en muchas otras democracias, los ciudadanos suelen votar con el bolsillo. Es decir, que mantienen a su presidente en el puesto si la economía va bien. Pero cada día que pasa aumenta la percepción de que la reactivación económica no da plenas garantías de reelección a Bush y José María Aznar podría no ser el único líder de la cumbre de las Azores, en la que se decidió lanzar la guerra en Irak, que es derrotado en las urnas por este conflicto.