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Columna
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Esperpentos electorales

Es una práctica habitual y en cierto modo normal, y podría decirse universal, que los candidatos en una contienda electoral hagan promesas que seduzcan al electorado para conseguir sus votos, aunque no siempre las cumplan. Como no podía ser menos estos resabios electorales, son cada día más evidentes en la dura y larga campaña electoral que ahora se inicia.

Pero unas ofertas electorales tan fascinantes como las que se están haciendo sólo se pueden explicar si las empresas de mercadotecnia electoral que diseñan la correspondiente estrategia suponen, erróneamente por supuesto como se verá al final, que el coeficiente intelectual de la sociedad española es relativamente bajo, a juzgar por la elevada proporción del espacio dedicado a satisfacer una creciente demanda por temas de bajo contenido intelectual.

Ya se sabe que en las campañas electorales se pueden hacer las promesas más inverosímiles para encandilar al electorado, como por ejemplo, la hecha por el partido socialista de clases bilingües en inglés para una parte importante de las clases de primaria y que al término de la secundaria todos los alumnos hablarían esa lengua correctamente.

Esta promesa puede que no cubra uno de los temas más importantes de la campaña, pero es sin duda indicativa de la improvisación con que se está llevando a cabo. Los responsables de esta oferta parecen que ignoran, en efecto, que el profesorado perfectamente bilingüe que sería necesario requiere un periodo de formación tan largo que esa promesa no sería factible en una legislatura. Pero lo que quizá sería más grave es si conociendo estas dificultades prometen algo tan ilusionante para el electorado sabiendo que no se puede cumplir.

Esa misma falta de seriedad y respeto para con el electorado se observa en la puja de importantes rebajas fiscales en que han entrado los dos candidatos más importantes al olvidarse de las posibles contrapartidas. El equilibrio presupuestario no es objeto ni siquiera de mención y el mítico equilibrio cero ha saltado por los aires.

Es curioso y digno de ser señalado que ninguno de los dos tampoco haya propuesto formalmente la reducción o abolición del impuesto indirecto que grava la construcción de viviendas y es un componente importante de sus exorbitantes precios. Pues como impuesto indirecto se puede considerar el sistema que utilizan las corporaciones locales para poner en el mercado los terrenos de que disponen en situación casi monopolística.

Lo que no se ha visto todavía y no es probable que se vea en las ofertas electorales, quizás porque no es tan atractivo para el electorado, son ideas sobre cómo promover el crecimiento económico que será necesario para hacer frente a todas esas promesas.

La expansión de la economía española en estos últimos tres años se ha basado exclusivamente en la construcción y el consumo, pero ya han aparecido signos evidentes de una pérdida de competitividad que comprometerá su futuro crecimiento. En efecto, con un ritmo de expansión anual de poco más del 2% en 2003, inferior al potencial, el sector exterior tuvo una contribución negativa superior al 1% del PIB.

Este modelo de crecimiento tendrá que cambiar por otro que frene e invierta la pérdida de competitividad que inexorablemente todavía se va a acentuar por razones obvias en el futuro próximo.

En principio España se habría obligado a cambiar el chip del desarrollo por otro que requiere entre otras cosas un esfuerzo importante en investigación e innovación al firmar el Acuerdo de Lisboa en 2000, que iba a hacer de la economía europea la más dinámica y competitiva del mundo en 2010. Pero una vez más un pacto europeo ha quedado en papel mojado, y al igual que el resto de Europa poco parece haber hecho España en este terreno, debido en parte a la penuria del gasto privado en investigación y sobre todo al bajo nivel en gasto público.

Es más que probable, sin embargo, que en lo que queda de campaña electoral los candidatos van a sorprender al electorado entrando en una puja de compromisos formales de mejora en este terreno al percatarse de que la investigación y la innovación es la clave del futuro, un baluarte contra la desindustrialización y la deslocalización y un instrumento para mantener e incluso atraer industrias de valor añadido.

Economista y estadístico

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