Energía

La demanda de los países emergentes eleva los precios del petróleo

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) elevó el pasado 11 de agosto su previsión de demanda de petróleo para este año de 77,2 millones de barriles por día a 78,4 para este año. El origen de esta revisión pasa por haber subestimado el consumo procedente de los países emergentes, que la Agencia justifica por 'la recuperación más rápida de lo previsto de China', tras la neumonía atípica, y la fuerte demanda de India e Irán.

Esta revisión de las previsiones implica un mayor aumento de la demanda de petróleo para este ejercicio sobre las estimaciones iniciales. Teniendo en cuenta que los productores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) está reduciendo su oferta real para ajustarse a las cuotas de producción y las tensiones que atenazan al mercado petrolero (Nigeria, Irak, Venezuela), los precios del petróleo van a permanecer en niveles elevados en el segundo semestre de 2003 y todo 2004, señalan analistas de Morgan Stanley, Citigroup y Banif.

Con todo, lo más importante es el cambio estructural que se está produciendo en el sector energético. El nivel de la curva de la demanda energética mundial está subestimado, viene a reconocer la AIE. Y eso supone que las previsiones de oferta energética para los próximos años también han quedado invalidadas.

A la vista del rápido desarrollo que están protagonizando algunos países emergentes altamente poblados, 'es probable que la AIE vuelva a encontrar de nuevo algunos barriles perdidos en el lado de la demanda' en los próximos meses, asegura Eric Chaney de Morgan Stanley, lo que implicará un nuevo alza en la curva.

A partir de ahora, el incremento de la demanda energética dependerá menos de la evolución de la actividad de las grandes economías, como sucedía en el pasado, que del desempeño económico de las economías emergentes. La Agencia calcula que para 2030 'el mundo consumirá dos tercios más de energía que hoy y que los países en desarrollo reemplazarán a los países industrializados como el principal grupo consumidor del mundo', según señala en su informe anual para 2003.

Vulnerables al suministro

Ante ese cambio estructural y pese al aumento de la oferta petrolera procedente de países de fuera de la OPEP, como Rusia, el suelo del precio del petróleo aumenta considerablemente. Los expertos sitúan ahora el precio medio del barril de petróleo en unos 27 dólares, entre dos y tres dólares por encima calculado con anterioridad.

Pese a las fuentes energéticas alternativas, el petróleo seguirá siendo la principal referencia para el sector, lo que complica aún más el escenario. El director de la Agencia, Robert Priddle, lo tiene claro. 'Para que la energía deje de ser un factor de incertidumbre se requerirán inversiones de billones de dólares' en el sector.

De esa forma, el coste de la energía cobrará un nuevo peso en la decisiones empresariales y de política macroeconómica. Así como la dependencia entre países consumidores y productores y la mayor vulnerabilidad de la economía mundial a las posibles interrupciones de suministro, tipo la crisis de Venezuela de principios de año.

La agenda de la política energética en los próximos años estará marcada por la seguridad en el suministro, aseguran tanto la AIE como el Centro de Estudios Globales de la Energía (CGES, en sus siglas en inglés).

El Protocolo de Kioto, a punto de saltar por los aires

Las crisis energéticas que han sufrido este verano las principales potencias mundiales revelan los problemas de suministro y las deficiencias que sufren las grandes economías en este aspecto.

Con una recuperación económica en puertas, más segura en EE UU que en Europa, y ante la llegada de la temporada de invierno, la demanda va a registrar en la última parte del año un fuerte repunte que obligará a reforzar la producción energética. Y, con ello, las emisiones contaminantes de dióxido de carbono.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya aventuraba en septiembre del pasado año que 'cumplir los objetivos fijados en el Protocolo de Kioto no será nada fácil' y las perspectivas, casi un año después, son aún más desalentadoras.

Cuando el Protocolo aún no ha entrado en vigor, a falta de la ratificación de Rusia, la amenaza de que los compromisos salten por los aires parece inminente.

La comisaria europea de Transportes y Energía, Loyola de Palacio, se ha mostrado firmemente partidaria de aumentar la energía procedente de centrales nucleares para atender, por un lado, las necesidades energéticas de la región y, por otro, cumplir con los compromisos medioambientales. Por ahora, De Palacio ha ganado pocos adeptos.