Lealtad, 1

Greenspan y la bola de cristal

Supongamos que usted hubiese dispuesto ayer por la mañana de una bola de cristal, de una máquina del tiempo o que pudiese escudriñar los posos del té para adivinar el futuro. Supongamos que, no obstante, esta visión se limitase a conocer tanto el resultado de la reunión de la Reserva Federal como el comunicado adjunto. Conocería, así, la noticia más importante de la semana, pero no la reacción del mercado.

Con una información tan valiosa, ¿qué decisión habría tomado; comprar, vender o mantenerse fuera del mercado? La Reserva Federal optó por rebajar los tipos de interés un cuarto de punto y Wall Street reaccionó con bajadas. El recorte, por lo visto, fue demasiado tímido para lo que buscaba el mercado.

Pero, por otro lado, la decisión supone que la Reserva Federal no ve tantos problemas en la economía como para verse obligada a bajar los tipos medio punto. O quizá sí lo ha visto, pero no quiere tomar una decisión de este calibre porque entonces transmitiría pesimismo al mercado y agravaría la situación, y como pensaba eso sólo bajó los tipos un cuarto de punto...

Especular con las razones que mueven a Greenspan y releer los comunicados de la Fed durante horas son la obligación de cualquier bolsista que se precie. Pero profundizar en exceso en la búsqueda de claves lleva, como ocurre en el párrafo anterior, al absurdo, y es tan útil como observar el tamaño de la cartera de Greenspan antes de las reuniones para adivinar el resultado de éstas. Una práctica que en su día tuvo numerosos adeptos.

El mercado, esta vez, fue más agudo que los inversores y la decisión de la Reserva Federal ha sido solapada con prontitud por la realidad económica. Como quiera que ésta no aportó novedades en la sesión de ayer, los mercados europeos pasaron por encima de la decisión de la Fed.