Opinión

Experiencia y buenas prácticas

Asistimos a la ejecución de procesos que tienen como finalidad el desarrollo de la reputación corporativa. Experiencias y buenas prácticas muy diversas nacidas de las mismas empresas, o puestas en marcha por consultorías externas con la colaboración, en algunos casos, de los agentes sociales.

Hace poco, como anunciaba La Vanguardia, se informaba de un programa piloto sobre organización del trabajo en tres empresas por parte del bufete de abogados Cuatrecasas y del sindicato CC OO. La iniciativa surgía del estudio Nuevo método de concertación de anticipación a los cambios en la empresa, elaborado por las dos entidades y con el objetivo de fomentar políticas de prevención de crisis. En estos tiempos de cambios continuos y complejidad social, las distancias entre los gobiernos, corporaciones empresariales y medios de comunicación y la sociedad civil se materializan en crisis de confianza y de falta de credibilidad hacia las decisiones, las estrategias y sus resultados.

Paralelamente nacen prácticas empresariales que se plantean una nueva cultura organizativa basada en el diálogo, el respeto y la colaboración y que se inscriben en la creencia de que son necesarias nuevas fórmulas para gestionar, donde la calidad del gobierno corporativo surge de la capacidad de dar respuesta a los retos actuales e implicar efectivamente a los miembros de la organización y establecer cauces para identificar las demandas de sus stakeholders. Sin duda estas prácticas se inscriben en lo que viene denominándose como reputación corporativa y que van más allá de una moda. La reputación corporativa en nada es diferente a cualquier clase de reputación. En el caso de las empresas se trata del desarrollo e implantación de una cultura sólida basada en la creencia de que es necesario adaptarse a un entorno cambiante, pero desarrollando y fortaleciendo los intangibles de éstas: ética, valores, responsabilidad social, marca, identidad, gobierno corporativo y comunicación.

La adaptación al entorno requiere un reajuste de la organización y de la cultura corporativa que indudablemente implicará conflictos, aunque éstos deben ser tratados como oportunidades de transformación. Cuanto más sólida y flexible sea a la vez la cultura de la organización, cuanto más compartan sus miembros sus objetivos y valores, más pronósticos de éxito habrá en el futuro, dado que la organización cambiará con una mayor cultura y responsabilidad. De ahí derivan las prácticas de empresas de nuestro país que cuentan con el valor de sus intangibles para crecer y desarrollarse, y obtener valor en un mercado cada vez más competitivo.