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Álava se convierte en el principal obstáculo para el plan Ibarretxe

Álava es el examen al que se enfrenta el plan de libre adhesión entre Euskadi y España del lendakari Juan José Ibarretxe, que se siente reforzado por los 600.000 votos recibidos en las pasadas elecciones autonómicas, parte de ellos procedentes de la órbita de la antigua Herri Batasuna.

Hace unas semanas, Ibarretxe posó a gusto con las carpetas que recogían las recomendaciones a su proyecto enviadas por 33.500 ciudadanos (Euskadi tiene más de dos millones de habitantes). La repercusión de ese plan en Álava, cuyas principales instituciones están en manos del PP, es una incógnita.

Este territorio se siente cómodo en su singularidad frente a Vizcaya y Guipúzcoa, que también defienden con fuerza sus respectivas señas de identidad. Álava, que nunca perdió sus competencias forales, recuperadas por los otros dos territorios hace tan sólo dos décadas a través del Estatuto de Gernika, concentra el 80% de su población en Vitoria, una de las ciudades con mayor calidad de vida de España. Con este ayuntamiento gestionado por Alfonso Alonso y con la diputación alavesa dirigida por Ramón Rabanera, ambos del PP, Álava es la obsesión de la alianza PNV-EA. Los cargos locales del PP defienden en público que el voto alavés es especial y aseguran que no tendrá en cuenta la implicación del Gobierno de José María Aznar en la guerra de Irak.

En este territorio, los acuerdos entre populares y socialistas son más factibles, aunque sólo sea para frenar a los nacionalistas. Parece que ese entendimiento, difícil por el nivel de enfrentamiento alcanzado entre ambos grupos tras el desastre del Prestige y la guerra de Irak, pudiera reeditarse después del próximo 25 de mayo.

Álava ha sido, además, escenario de deserciones sonoras por parte de miembros del PNV, como el ex diputado general Emilio Guevara, que ahora se presenta como independiente en la lista del PSE-EE.

José Ángel Cuerda, que durante 12 años de alcalde sacó brillo a Vitoria, siempre en el PNV salvo una corta estancia en EA, no ha ahorrado críticas a la dirección que ha tomado su partido, que en Álava siempre ha mantenido un perfil nacionalista más moderado.

Álava siempre ha sido el menos nacionalista de los tres territorios. Los que hablaban en euskera eran identificados como vascos por sus vecinos hace 25 años, en el inicio de la vertebración de Euskadi y sus instituciones, algo impensable en Vizcaya, y mucho menos en Guipúzcoa, la zona más euskaldun (vascohablante) de la comunidad. Por eso no fue casual la ubicación en Vitoria de la sede del Gobierno vasco, del Parlamento y de gran parte del entramado institucional del Ejecutivo.

A nivel económico, la identidad alavesa saca la cabeza a sus dos vecinos porque les gana en los ratios fundamentales. Tiene la renta per cápita más alta de Euskadi y el menor índice de paro. Además, la abundancia y disponibilidad de suelo industrial propicia que arrebate inversiones empresariales a Guipúzcoa, castigada por su orografía montañosa.

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