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Esperando el fin de la crisis bélica

La economía está pendiente del posible ataque a Irak. Carlos Sebastián cree que si la guerra es corta, la coyuntura internacional podría mejorar claramente en la segunda mitad del año

Si la guerra en Irak, que todo indica se producirá en pocas semanas, fuese corta, los negativos efectos que ya se están dejando sentir sobre la economía mundial serían transitorios y podría esperarse que tras la desgraciada experiencia bélica las economías mejorasen apreciablemente (con algunas excepciones).

Un artículo en The Economist de esta semana apunta que tal confianza puede ser excesiva, pues existen problemas de fondo, desequilibrios profundos, que no son causados por la crisis bélica y que no van a desaparecer cuando ésta termine. La advertencia recuerda la experiencia de la economía española (y en buena medida de la economía europea) en 1991, con ocasión de la Guerra del Golfo. En el segundo trimestre de ese año, tras la finalización de la guerra, los indicadores empresariales (inversión, expectativas sobre la evolución de la cartera de pedidos e, incluso, ritmo de la producción industrial) experimentaron una pasajera recuperación, que rompió el proceso de debilitamiento que venían experimentando durante varios trimestres.

Este hecho se debió probablemente a que los responsables empresariales sufrieron el espejismo de que con el fin de la crisis bélica se volvería a una senda de crecimiento, cuando la realidad era que el ciclo se había agotado (el empleo y la inversión habían dejado de crecer, y los resultados empresariales se habían deteriorado significativamente) y existía un contexto de elevados tipos de interés, incertidumbre cambiaria y fuerte endeudamiento de familias y empresas. La economía española (y la europea) volvió a debilitarse a finales de ese mismo año y entró en recesión en el ejercicio siguiente.

Existen algunas similitudes con aquella situación y también notables diferencias. Quizá la economía con más similitudes es la alemana, que tiene graves problemas que no se van a resolver con el fin de la guerra (y que la conducirían a una severa recesión si la guerra se prolongase). Pero en el caso de las economías de EE UU y de España existen también algunas diferencias. La similitud más importante es el desequilibrio financiero de las familias, que no se ha corregido, más bien lo contrario, con el debilitamiento de las economías en los últimos dos años. Pero el contexto de tipos de interés es radicalmente más favorable ahora que entonces y ahora, a diferencia de entonces, las economías estaban saliendo (tímidamente, eso sí) de un periodo recesivo (abiertamente recesivo en el caso americano y de desaceleración en el caso español) y entonces estaban en franca desaceleración, que la guerra (que realmente duró siete meses) no hizo sino intensificar. España, junto a los bajos tipos de interés, tiene una estabilidad cambiaria y una moderación salarial que no disfrutaba en la crisis de principios de los noventa. La economía estadounidense, por su parte, tiene un dinamismo tecnológico que estaba apagado entonces.

Para la evolución de la economía mundial a corto plazo, la cuestión relevante sigue siendo la duración de la guerra. Si ésta es corta, la coyuntura internacional podría mejorar claramente en la segunda mitad del año, aunque sin alcanzar los ritmos de crecimiento anteriores a 2001. Quedan pendientes varios ajustes que impedirán una fuerte recuperación. Estos desequilibrios son los que podrían hacer que, de no cumplirse las expectativas y el conflicto se prolongara en el tiempo, las consecuencias económicas fueran realmente graves.