TRIBUNA

Worldcom, ética y compulsión

Xerox, Enron, Tyco, Worldcom, Imclone, Arthur Andersen, Adelphia Communications Corporation... han puesto sobre la mesa la facilidad que existe para que el sistema económico funcione para el bien de unos pocos despiadados y el mal de muchos pequeños inversores.

Múltiples son los elementos que rigen la vida y transparencia de las corporaciones que han hecho aguas durante estos últimos años: una relación viciada entre auditores y compañías auditadas; un exceso de relación entre los reguladores (la autoridad pública en su función de policía administrativa) y las grandes corporaciones; unos analistas con claros incentivos a perder su independencia en la valoración de las diferentes empresas y en las recomendaciones a realizar a los inversores; un funcionamiento de los consejos de administración deficiente, distanciado de la propiedad; consejos de dirección y consejeros delegados con agendas particulares distintas al bien del proyecto empresarial a medio y largo plazo; sistemas retributivos (como las stock opcions) útiles y válidos, pero mal utilizados... Demasiados errores para que funcione una economía de mercado.

El mercado es una 'institución social' delicada y compleja, que únicamente funciona adecuadamente bajo determinadas circunstancias: cuando existen unas instituciones que velan por su buen funcionamiento, cuando existen las regulaciones necesarias para garantizar la existencia de competitividad, así como para evitar los abusos de los más poderosos sobre la gran mayoría de pequeños inversionistas y pequeños consumidores.

Cuando la capacidad adquisitiva de la población está suficientemente repartida para que todos puedan acceder a 'votar' en el mercado y el proceso productivo pueda ponerse a disposición de la mayoría de la población.

Muchas condiciones que se han reiterado en manuales académicos, conferencias, tesis doctorales, discursos políticos..., pero que han caído en saco roto hasta que, finalmente, los grandes escándalos los vuelven a poner sobre la mesa.

Ante ello parece que asoma, como una moda importante, la ética empresarial. Lejos de mi pensamiento el no valorar su importancia. Pero no olvidemos que la sociedad americana es una de las sociedades más puritanas de Occidente, donde la ética es un debate presente en todo momento, donde la religión sigue jugando un papel extraordinariamente importante y, sin embargo, los mayores escándalos los tenemos hoy en esa sociedad.

No quiero decir con ello, insisto, que la ética no sea importante, pero como decía un buen colega de Esade, el profesor Carlos Comas, 'hace falta convicción (ética) y compulsión (diseños institucionales, incentivos, regulaciones y castigos)' que garanticen el buen funcionamiento de la economía de mercado.

El sistema económico no premia a la gente de buena voluntad y bienintencionada, sino al eficiente. Al mismo tiempo, el sistema social debe castigar al listillo, aquel que se salta las normas, y aquel que, precisamente por esa actuación (free rider), convierte uno de los instrumentos sociales que ha generado mayor progreso a lo largo de la historia (el mercado y la empresa) en una trampa para miles y miles de ahorradores.

Por ello, no más, pero sí mejor regulación de la función de auditoría (obligación de cambio en un plazo de cuatro o cinco años de empresa auditora, separación de la función auditora de la función consultora...); mayor independencia de los diferentes reguladores (cuando la Administración no actúa como Administración de fomento, sino como policía administrativa, la cercanía Administración/empresa no debe verse como un buen síntoma, sino como algo no deseable).

Además sería necesario avanzar en una regulación de las retribuciones de los analistas claramente orientada a favorecer su independencia; y unos consejos de administración dotados de más medios para cumplir su función; consejeros independientes al frente de las comisiones de nombramientos, auditoría, retribuciones... En síntesis, un mejor diseño institucional (un buen sistema de compulsión).

Y a su vez, un liderazgo y una cultura organizativa capaces de crear valor empresarial y social, mediante un comportamiento directivo que permita la motivación y la orientación del conjunto de la organización hacia el éxito sostenible de ésta, un liderazgo que permita el ejemplo de aquellos comportamientos deseados.

En definitiva, ahora es un buen momento para fortalecer los fundamentos de la economía de mercado. Si no lo hacemos aprovechando esta circunstancia, los inversores institucionales, las propias asociaciones de inversores y consumidores, incluso alguna organización no gubernamental (ONG), ya se encargarán de presionar por el cambio. En este caso, de una manera más abrupta y costosa.