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Perfil
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El CEO de ENI, un petrolero con conciencia verde

Claudio Descalzi, se acerca a su deseada meta de cero emisiones tras la compra de la gasística Neptune Energy por 4.900 millones de dólares

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Habla de forma pausada, seguro de sí mismo, consciente de lo que dice. No titubea en sus respuestas, ni se cohíbe ante las cámaras. Claudio Descalzi (Milán, 1955) se hace notar: habla con los medios de forma frecuente, con total naturalidad, buscando insistentemente hacer entender su meta, la de lograr una transición energética segura, por irónico que resulte. Y es que, a sus 68 años, lleva más de media vida formando parte de la corporación italiana de hidrocarburos por excelencia.

ENI, que así se llama la compañía, nace en 1953 como empresa pública y se convierte en sociedad anónima en los noventa. Claro que más de un 30% de su participación sigue en manos del país ítalo, que también tiene total potestad a la hora de designar quién la controla. Es por eso que el pasado abril la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, fue la encargada de reelegir a Descalzi como CEO de ENI. Y este, ahora como director ejecutivo por cuarto mandato consecutivo, vuelve a poner en portada a la empresa, en esta ocasión por la adquisición de la gasística noruega Neptune Energy.

Pero la llegada de Descalzi a la multinacional energética que hoy lidera se remonta a los años ochenta, cuando era prácticamente un recién graduado en Física por la Universidad de Milán, buscando un hueco como ingeniero de yacimientos de petróleo y gas. Y desde entonces, ha sabido ganarse su sitio.

Eso sí, parece hombre de un solo tema: su naturalidad ante las cámaras solo se aplica cuando habla de trabajo. Poco se sabe de su vida personal. Puede deducirse que le interesa la ópera, por su presencia en el patronato del famoso Teatro alla Scala de Milán. Pero poco más.

Su matrimonio con la empresaria congoleña Marie Magdalena Ingoba, sin embargo, es de conocimiento público. Principalmente por el conflicto de intereses que hizo público Reuters en 2019: Petro Services Congo, propiedad de Ingoba, prestaba servicios por valor de 104 millones de dólares a ENI. Y, para más inri, a seis días de la oficialización de su marido como CEO del grupo, se deshizo de la empresa, vendiéndosela a un empresario británico.

Cabe decir que la Fiscalía italiana retiró el pasado febrero los cargos por presunto conflicto de intereses por la prescripción del delito.

Pese a todo, la realidad sigue su curso. La reciente adquisición de Neptune Energy Group Limited, compañía independiente líder en exploración y producción con activos principalmente gasísticos, es noticia en el sector. La operación, llevada a cabo entre la multinacional italiana y Var Energi (de la cual ENI posee el 63%), y valorada en unos 4.900 millones de dólares, permitirá la optimización del negocio y la disposición de 4.000 millones de metros cúbicos de gas para Europa, algo esencial, dado el déficit derivado de la guerra de Ucrania. El gas es para la petrolera el “puente crucial para la transición energética mundial”, asegura Descalzi.

El mensaje que la compañía lanza al mundo es su compromiso por llegar hasta que el gas natural suponga el 60% de su producción y alcanzar las “cero emisiones netas para 2050″, aunque la principal labor de la organización siga siendo la extracción, producción y adquisición de petróleo y gas. Pero no es una incoherencia. No para Descalzi. En un mundo dependiente de estas materias, parar el negocio no es una opción, pero hacerlo menos contaminante, sí. Por eso él lucha por encontrar el equilibrio entre medioambiente y necesidad energética, para una transición fácil. Pero estos fines sostenibles están probablemente fundamentados también en la presión de los inversores.

De momento, menos petróleo y más gas es la estrategia a corto plazo que ENI sigue para esa conversión verde que tanto ansia el italiano. Aunque también destaca la creación de una división centrada en lo renovable, la inversión en tecnología de fusión nuclear o la investigación e intensificación de los proyectos de captura, utilización y almacenamiento de carbono.

Algunos inversores pueden temer esta transición energética porque, de alejarse del petróleo, la compañía podría disminuir considerablemente sus beneficios. Pero Descalzi no se cansa de desmentirlo y asegura que la introducción de nuevas materias primas ampliará su base de clientes de 9 millones a 20 millones para 2050. Además, por si fuera poco, el CEO de ENI afirma que esa transición requiere menos capital.

Sea como sea, empresa y directivo, prácticamente de la misma quinta, han crecido juntos. Hombro con hombro, han hecho que la presencia italiana en el sector petrolero sea notoria. ENI cotiza desde los noventa en la Bolsa de Milán y también tiene presencia en la Bolsa neoyorquina. Pero es bajo la dirección de Descalzi cuando más ha proliferado, hasta llegar a batir récord de beneficios en 2022, cuando logró alcanzar los 13.810 millones de euros, el doble de lo obtenido el año anterior.

Ahora son protagonistas de la mayor operación de compra de gasística en Europa de la última década. Todo para acercar a Descalzi a su ambiciosa meta.

Reconocimientos

El think tank estadounidense Atlantic Council le concedió el año pasado el Premio al Liderazgo Empresarial Distinguido. También destaca el título honoris causa que le otorgó la Universidad de Roma en 2016 por transformar ENI en una compañía líder en la exploración de recursos más sostenibles.

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