La doble maniobra desesperada de MPS tiene más lógica de la que aparenta
Luigi Lovaglio contraataca la oferta de Intesa Sanpaolo con una operación simultánea sobre Banco BPM y Banca Generali

El próximo manual de tácticas de fusiones y adquisiciones deberían escribirlo los banqueros italianos. En el mismo año en que el consejero delegado de UniCredit, Andrea Orcel, culminó un golpe políticamente espinoso sobre el alemán Commerzbank, y en que Carlo Messina, de Intesa Sanpaolo, se lanzó sobre Banca Monte dei Paschi di Siena, el consejero delegado de esta última, Luigi Lovaglio, ha ideado algo completamente nuevo. Llámenlo la doble defensa simultánea frente a una opa. Parece desesperada y enrevesada, pero también tiene una lógica estratégica y política.
Lovaglio probablemente no duerme mucho. El año pasado cerró la compra hostil de Mediobanca y frustró el intento de destituirlo que impulsó un gran accionista de Monte dei Paschi.
Su misión actual es repeler al gigante italiano Intesa, que en junio ofreció 30.600 millones de euros en efectivo y acciones por el banco más antiguo del mundo. La maniobra defensiva de Lovaglio, presentada ayer, consiste en intentar comprar a su rival más pequeño, Banco BPM, y también a Banca Generali, una gestora de patrimonios. Antes pagará a sus accionistas 4.000 millones de euros en dividendos extraordinarios.
El primer reto será convencer a sus objetivos. El accionista clave de Banca Generali es la aseguradora Assicurazioni Generali, en la que Monte dei Paschi tiene de facto un 13%. Lovaglio ofrece una prima escasa, del 10%. Pero el consejero delegado de Generali, Philippe Donnet, tiene motivos para colaborar: puede inquietarle que Intesa, rival en seguros, controle Monte dei Paschi, porque eso daría al gigante bancario una influencia notable también sobre Generali.
Conquistar a Banco BPM parece más difícil. Lovaglio no ofrece prima, así que el francés Crédit Agricole, con cerca de un 30%, puede ponerse duro. Aun así, solo necesita el 50% de las acciones de BPM para sacar adelante la operación. A otros inversores pueden seducirles las sinergias.
Luego están los accionistas de Monte dei Paschi. Lovaglio necesita el apoyo de dos tercios de sus propios inversores. Entre ellos hay grupos poderosos como Delfin y Francesco Gaetano Caltagirone. Este último, dueño del 10% del banco, ya se ha enfrentado al consejero delegado.
Al menos Lovaglio tiene un argumento financiero que defender. Los inversores de Monte dei Paschi recibirán un dividendo extraordinario de 4.000 millones de euros y el 50,1% del conglomerado que aspira a crear. Su banco, Banco BPM y Banca Generali valían en conjunto 55.000 millones de euros antes de que el huracán de fusiones disparase las cotizaciones, o 51.000 millones descontado el dividendo extraordinario. La unión generará ahorros de costes con un valor actual neto de quizá 7.000 millones, según nuestros cálculos. Con esas cifras, el valor total para los accionistas de Monte dei Paschi sería de 33.000 millones.
La comparación es favorable frente a los 27.000 millones que valía el banco antes de la ofensiva. Y está en el mismo orden de magnitud que la oferta de Intesa que, usando precios previos para que sean comparables y computando la parte de las sinergias que corresponde a Monte dei Paschi, ronda los 32.000 millones, según nuestros cálculos. Más allá de las cifras, los accionistas italianos pueden inclinarse por apoyar una transacción que cumple la ambición del Gobierno de crear un tercer polo en la banca del país.
Un peligro es que Messina suba su oferta. La compleja operación de Lovaglio entraña además cierto riesgo de integración, ya que acaba de digerir Mediobanca. A sus 71 años, tendrá que contentar a cuatro plantillas. Pero, como maniobra corporativa, no se le puede reprochar ambición.