El diluvio de deuda del Estado y la IA deja secos a los hogares
El bono a 30 años toca máximos desde 2007 y encarece las hipotecas justo cuando el Tesoro y los gigantes tecnológicos compiten por el mismo dinero

La competencia por el capital es feroz, y los precios lo reflejan. Los mercados globales de bonos están inundados no solo de montañas de deuda pública, consecuencia de unos déficits descomunales, sino también de emisiones de los gigantes tecnológicos para financiar el auge de la inteligencia artificial. Las rentabilidades del Tesoro estadounidense a largo plazo se han ajustado en consecuencia: el bono a 30 años alcanzó el martes el 5,3%, su nivel más alto desde 2007. Con Washington y las grandes tecnológicas sin dar señales de frenar, el crédito al consumo es el candidato más probable a sufrir el encarecimiento. Una temporada decepcionante de compraventa de vivienda indica que ya está ocurriendo.
La Casa Blanca parece consciente del riesgo de que alguien —el Gobierno, las empresas o los consumidores— acabe teniendo que ceder. Las rentabilidades cedieron algo ayer, después de que el Departamento del Tesoro anunciara que aumentará la recompra de bonos a largo plazo. Es una muestra de la actitud cada vez más intervencionista del secretario Scott Bessent, tras haber actuado a principios de mes para estabilizar el yen y frenar así una posible oleada de ventas de los 950.000 millones de euros en deuda estadounidense que está en manos japonesas.
El aluvión de emisiones puede poner a prueba su determinación todavía más. Para financiar su carrera de construcción de centros de datos, Amazon, Alphabet, Meta Platforms y Oracle han colocado unos 167.000 millones de euros en bonos entre enero y el 7 de julio de 2026, un 79% más que en todo el año 2025. Las perspectivas de la deuda pública a largo plazo, mientras tanto, han empeorado a medida que se alargaba la guerra con Irán, con la presión resultante sobre los precios de la energía y peticiones de billones en nuevo gasto en defensa. Una oferta que no deja de crecer terminará por tensar los precios de los bonos: las rentabilidades que exigen los inversores en deuda tecnológica también han subido.
Los hogares están atrapados en la riada. Los tipos de interés hipotecarios tienden a moverse al compás de los bonos del Tesoro a largo plazo. A medida que se encarecía la financiación del Estado, el coste medio de un préstamo hipotecario a 30 años ha subido hasta cerca del 6,7%, después de haber caído justo por debajo del 6% antes de los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán en febrero.
Ocurre algo parecido con otras modalidades de crédito al consumo, como los préstamos para comprar coche, pero el pellizco ha sido especialmente doloroso en la concesión de nuevas hipotecas. La desaceleración se contagia a otras partes de la economía: la construcción residencial nueva cayó un 13,5% en julio respecto al mismo mes de 2025, un golpe para las promotoras. A su vez, las cadenas Home Depot y Lowe’s dijeron esta semana en sus resultados que la menor demanda de obras nuevas está lastrando las ventas de herramientas y materiales. Si los hiperescaladores y el Gobierno estadounidense siguen acaparando el comedero de la deuda, a los consumidores les costará meter el hocico.