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Opinión

Greenspan deja un legado de auge y crisis

Podría haber hecho más para contener los excesos, pero quedó rehén de su propia ideología

Alan Greenspan en Moscú en 1989.Frederique Lengaigne (REUTERS)

Alan Greenspan, que murió el lunes, deja un legado de grandes éxitos y estrepitosos fracasos, al igual que la economía que supervisó durante sus 19 años al frente de la Reserva Federal. Su dominio de los tipos de interés y sus crípticas declaraciones propiciaron una larga expansión económica. No actuar contra la “exuberancia irracional” que él mismo identificó, sin embargo, sirve hoy como oportuno recordatorio para que las autoridades no se conviertan en prisioneras de sus propias convicciones.

“Tuve razón el 70% del tiempo, pero me equivoqué el 30%”, dijo Greenspan a una comisión de investigación oficial sobre la crisis de 2008. Para un economista conocido por su dominio de los datos más detallados, es una valoración especialmente imprecisa. Su largo mandato al frente del banco, entre 1987 y 2006, se recordará por haber sorteado crisis periódicas: desde el desplome bursátil del Lunes Negro, dos meses después de su nombramiento, hasta los atentados del 11S, pasando por la crisis financiera asiática de 1997 y la quiebra al año siguiente del fondo LTCM.

Su mayor logro fue pilotar los tipos durante una década de crecimiento ininterrumpido, de 1991 a 2001. La política laxa y la desregulación financiera que impulsó, como discípulo de Ayn Rand, contribuyeron a una subida de más del 200% en el S&P 500. Esa racha valió al economista elogios como “maestro” u “el oráculo”. Los apodos perdieron brillo tras el pinchazo de la burbuja en 2000. Y lo peor estaba aún por llegar.

La percibida disposición de la Fed a sostener los mercados de activos, conocida como el seguro Greenspan, alimentó la devastadora inestabilidad de 2008. Para entonces, el maestro ya había traspasado el testigo a Ben Bernanke.

Con todo, la mano blanda de Green­span podría encontrar eco en el recién nombrado presidente de la Fed, Kevin Warsh, que ha defendido que la inteligencia artificial permitirá mantener tipos bajos en periodos de fuerte demanda. El propio Greenspan describió el problema en un discurso de 1996: “¿Cómo podemos saber cuándo la exuberancia irracional ha inflado excesivamente el valor de los activos?” Los mercados sin trabas, resultó, eran incapaces de corregir tales problemas. Greenspan podría haber hecho más para contener los excesos. Pero quedó rehén de su propia ideología.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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