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Escrito en el agua
Opinión

¿Habrá dinero para el potente ciclo inversor desatado? Lo habrá

La IA, la energía, la defensa y la seguridad del suministro industrial absorberán una ingente cantidad de capital

Imagen de Elon Musk en el edificio de Nasdaq, en Nueva York, el día de la OPV de SpaceX, el 12 de junio.Jeenah Moon (REUTERS)

¿Estamos al principio del final o al final del principio de una gigantesca ola de inversión en el mundo? El volumen del desembolso soberano y corporativo global para atender las necesidades energéticas, de defensa, de seguridad económica y de desarrollo tecnológico para los próximos años se acercará a los 18 billones de euros, según los cálculos de quienes se han atrevido con el ejercicio de pronosticarlo. Hablamos, por tanto, de los primeros pasos de un fenómeno que necesitará ingentes cantidades de recursos para su financiación. ¿Habrá dinero para todo?

A pesar de las dudas planteadas por la fuerte atracción de recursos por parte de las grandes tecnológicas en sus desarrollos de la inteligencia artificial, con cifras mareantes de demanda de fondos que hacen temer la formación de una peligrosa burbuja, en el mundo hay ahorro suficiente y mecanismos en los mercados financieros para proveerlos. La única duda razonable es cuándo, cómo y en qué cantidad se generarán los retornos para remunerar el esfuerzo.

La explosión de la inteligencia artificial liderada por EE UU y China, y a la que Europa sigue de lejos con unos pocos ensayos, ha desatado una encarnizada yincana entre las grandes compañías tecnológicas por llegar antes, y por la búsqueda y captura de recursos de capital para atender la demanda de la clientela que justifica preguntarse si no habrá déficit de fondos, amén de un fuerte encarecimiento si se convierten en bienes escasos.

Pero tal explosión desencadena otras por la batalla para proporcionar la energía suficiente que asista a la revolución tecnológica, además de sostener la carrera abierta por la seguridad de los suministros en los procesos industriales en todo el mundo, o la cobertura de las necesidades de defensa estratégica, en la que tecnología y seguridad económica son claves de subsistencia. Por tanto, el efecto multiplicador de cada una de tales necesidades dispara la demanda de recursos a niveles desconocidos hasta ahora, y, al contrario que en el pasado, lo hace en espacios de tiempo muy reducidos.

En las últimas semanas han aparecido informes de consultoras y gestoras de fondos para poner números a este huracán inversor. Pimco, líder mundial en gestión de bonos, ha cuantificado la necesidad de fondos en 14 billones de dólares (12 billones de euros) para atender el desarrollo de infraestructuras de IA (7,6 billones de dólares, 6,5 de euros); la generación y extensión de red de energía eléctrica (2,6 billones de dólares, 2,2 de euros); la adaptación de la defensa, en la que tiene también mucho que ver la tecnología de última generación (1,4 billones de dólares, 1,2 de euros); y la revisión y blindaje de las redes de suministro, puestos en riesgo con simples conflictos locales como el iraní (1,4 billones de dólares, 1,2 de euros).

La consultora estratégica de inversiones TPW Advisory estima que en inteligencia artificial, políticas de clima y defensa se gastaron cerca de 7 billones de dólares (6 de euros) el año pasado, y que podría llegarse a los 10 (8,5 de euros) este año y a los 16 (casi 14 de euros) antes de que termine la década. Tanto Pimco como TPW Advisory estiman el capital necesario para los grandes proyectos, para los que necesitan más recursos financieros y generan mayor tracción industrial, pero tendrán que competir por la captura de capital con el flujo tradicional de inversión en el mundo, que se movilizará para no perder la carrera en la transformación que desatan las grandes tendencias.

Toda la inversión deberá proporcionarla el ahorro acumulado que esté dispuesto a asumir riesgo para obtener retorno. La mayor parte de los proyectos los desarrollarán empresas privadas y buscarán el capital necesario en el crédito bancario o de banca en la sombra, el capital-riesgo, la venta de acciones, la emisión de bonos o la reinversión de los beneficios que genere la cuenta de resultados. Una parte no pequeña de la inversión será gasto público, y saldrá de los impuestos y recursos de particulares y de fondos con emisiones de deuda.

La manivela de la deuda

La deuda pública alcanza ya niveles peligrosos en las economías más industrializadas y seguirá creciendo por la demanda de gasto defensivo en un mundo que apuesta por una paz caliente, hasta superar el 100% del PIB mundial antes de 2030; hoy, con 111 billones de dólares, llega al 94% y absorbe el 3% del PIB global en intereses. Pero el papel de guardián entre el centeno que se han atribuido los bancos centrales en las últimas crisis permite aventurar que no caerá nadie de los grandes emisores. Por tanto, la manivela de la deuda seguirá funcionando si es preciso y a las revoluciones que sean precisas.

En la esfera corporativa, solo en desarrollo, infraestructuras y servicios ligados a la IA, las compañías Amazon, Meta, Alphabet y Microsoft invertirán este año 620.000 millones de dólares (525.000 de euros), el doble que en 2025, que ya era un 50% superior al de 2024, y algunas anticipan ya cantidades superiores para 2027. Lo justifican por la fuerte demanda de servicios de IA, y ante la seguridad de que en el largo plazo la inversión proporcionará buenos retornos, tratando así de despejar dudas sobre la posibilidad de una burbuja en las valoraciones. Y en el mercado financiero norteamericano, que es el más profundo y dinámico del mundo, hay una marejada de disputa para hacer frente a inversiones de tal envergadura, con una carrera por asegurarse la disposición del capital.

La salida a Bolsa de gigantes, más en valoración que en negocio, como SpaceX, OpenAI o Anthropic, ha introducido más incertidumbre sobre la seguridad de la financiación. Elon Musk ha capturado 75.000 millones con una colocación del 5% que ha llevado el valor de la compañía al doble de lo que sus negocios permiten justificar, y seguirá absorbiendo dinero para alimentar proyectos que más parecen de ficción que de ciencia. OpenAI y Anthropic harán salidas parecidas, y esperan valoraciones billonarias.

Hasta ahora el apetito por el riesgo ha funcionado. Alphabet ha cerrado la mayor ampliación de capital de la historia, con 85.000 millones; Meta ha emitido bonos por valor de 25.000 millones en mayo y hará nuevas emisiones por 55.000 millones más; Amazon ha optado por el préstamo bancario y los bonos; y Oracle captó 50.000 millones en deuda y prevé 70.000 más apalancados en su cartera de contratos.

Todas estas operaciones y las que inevitablemente seguirán presionarán el precio de las acciones y los tipos de interés, pero no hay síntoma alguno de déficit de recursos en el mercado americano, donde las familias ya tienen casi 70 billones de dólares en acciones cotizadas, además de 8 billones largos en fondos monetarios y efectivo contante y sonante. No faltará dinero, porque los niveles de ahorro en el mundo son muy elevados. La liquidez privada en cuentas, depósitos y efectivo supera los 120 billones de dólares, y con un ritmo de acumulación muy elevado, que oscila entre el 8% y el 16% de la renta bruta anual según los países con agentes más dinámicos o más conservadores. Otra cuestión es que quieran ponerlo a trabajar y que la expectativa de rentabilidad compense el riesgo.

Pero lo que también habrá será una disputa por los proyectos con más certidumbre y retorno esperado, y un encarecimiento, una prima de riesgo superior, para los menos seguros, tanto a nivel corporativo como soberano. La capacidad de seducción de los proyectos, de las empresas y de los Estados será determinante para no perder la carrera en este gigantesco ciclo inversor que coge velocidad.

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