Spain Investors Day: liderazgo empresarial y liderazgo político
La evolución del PIB no está sostenida ni por inversiones en capital ni por mejoras en la productividad

Una nueva edición, la decimosexta ya, del Spain Investors Day, foro financiero de referencia en España. Cifra récord de inversores institucionales, europeos y americanos, 45 compañías españolas cotizadas, fondos soberanos, de infraestructuras, de capital privado, muchos cientos de reuniones bilaterales, numerosas mesas redondas, participación del presidente del Gobierno, de ministros y secretarios de Estado, multitud de líderes empresariales, financieros e institucionales, reguladores, representantes de organismos multinacionales…. Y por encima de todo, S.M. el Rey, que ha tenido un año más la deferencia de inaugurar el evento, alentarlo y ofrecer guía y orientación a los participantes en tiempos tan únicos como los que vivimos.
Es difícil resumir en pocas líneas las principales conclusiones.
Quizá, lo más recurrente es el incremento sin precedentes de la incertidumbre geopolítica y macroeconómica, ante la demolición del modelo de gobernanza global y del multilateralismo y la vuelta a la política de hechos y de fuerza, la ruptura de los paradigmas del libre comercio y de muchas de las reglas del juego internacional.
Y ello combinado con una gran esperanza, pero también un creciente desánimo, por la capacidad de Europa para hacer valer su posición. Europa, bastión tradicional de los valores democráticos, de la libertad económica y la apertura comercial y del imperio de la ley, hoy carece de la influencia y de la unidad de acción indispensable para mantenerse como referente global de esos valores. Da igual si hablamos de energía o de defensa, de tecnología o de productos farmacéuticos, el liderazgo moral de Europa y su enorme peso económico y comercial no pueden articularse de manera efectiva en el concierto global por falta de cohesión y agilidad de respuesta.
Y, si nos fijamos en España, las cifras macroeconómicas son indudablemente positivas: crecimiento económico casi dos puntos por encima de la media europea, desempleo en mínimos, deuda privada de familias y empresas decreciente, máxima inversión extranjera directa… Solo el déficit fiscal y la deuda pública creciente arrojan ciertas sombras.
Pero estos números pueden ser frágiles. La evolución del PIB hoy tiene gran dependencia de la inmigración y el turismo, pero no está sostenida ni por inversiones en capital y en particular en I+D que garanticen el crecimiento del mañana, ni por mejoras en la productividad, lastrada por la fragmentación empresarial. Mientras que la productividad de nuestras grandes compañías es equivalente a la de las mejores multinacionales de otros países, es en las pequeñas y medianas empresas donde la productividad es todavía baja. Si no se fomentan la concentración empresarial y el crecimiento con mejor regulación y fiscalidad, la productividad no mejorará. Y si no crece el stock de capital por trabajador, que lleva estancado una década, tampoco. Y esto exige un apoyo público decidido a la inversión.
Finalmente, el envejecimiento demográfico tendrá un impacto esperado en el gasto público equivalente al 8% del PIB en los próximos 15 años, el mayor de la OCDE, solo por detrás de Corea del Sur, sin mencionar el deterioro paralelo en el ratio de individuos pasivos versus activos. España debe afrontar cambios estructurales profundos en su modelo de soporte social si quiere mantenerlo, contemplar alternativas de capitalización versus reparto, e invertir como nunca antes en la mejora de la productividad, si queremos que nuestros jubilados y dependientes en el futuro tengan los niveles de vida de que hoy disfrutamos.
La conclusión es que el desarrollo empresarial y financiero necesita ser fuertemente apoyado hoy, para mantener nuestro nivel de bienestar mañana.
Desafortunadamente, la evolución de nuestro gasto público en los últimos años ha priorizado categorías de gasto corriente, que ayudan al crecimiento actual, pero no al futuro. Y, a falta de presupuestos, las distintas Administraciones tienen libertad limitada para asignar recursos fiscales a las partidas de mayor interés desde el punto de vista de la sostenibilidad del sistema y el crecimiento futuros.
En resumen, la economía española tiene desafíos enormes, en un mundo convulso. Los grandes jugadores globales están apostando ingentes sumas y esfuerzos a nuevos desarrollos tecnológicos, industriales, médicos, energéticos, científicos… España no se puede quedar atrás.
Como hemos dejado escrito otras veces, el tejado hay que arreglarlo cuando brilla el sol. No podemos esperar. O actuamos ya, o cuando lleguen las borrascas económicas no tendremos margen de maniobra.
El Spain Investors Day ha dejado claro que España disfruta de algunas de las mejores compañías y líderes empresariales del mundo. Compañías y líderes que compiten en mercados globales, con productividad máxima y enorme éxito, y que representan el carácter, el genio, la audacia, el esfuerzo, y la excelencia que han hecho históricamente de España el gran país que es.
El Spain Investors Day ha lanzado, este año más que nunca, un desafío a nuestros gobernantes: el tamaño y la importancia de nuestras empresas, de nuestros líderes empresariales, de nuestro peso económico en Europa y en América del Norte y América Latina… exige un peso político equivalente de España en Europa, y de Europa en el concierto mundial.
Nuestras autoridades tienen la obligación de poner nuestro peso político e institucional en la esfera internacional al mismo nivel que el económico, y con ello, ayudar a liderar Europa hacia un nuevo rumbo de mayor agilidad y dinamismo, reduciendo impuestos, complejidad regulatoria y trabas administrativas, estimulando la concentración empresarial transfronteriza, y potenciando la actuación coordinada en defensa de nuestros intereses, de nuestros valores y de nuestro modelo social.
Las empresas españolas han retado a nuestros gobernantes a que estén a su altura. Es el momento de que nuestros gobernantes respondan.