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Breakingviews
Opinión

Pekín no puede retrasar mucho más la reforma de su economía

Las exportaciones y las manufacturas siguieron impulsando el crecimiento chino el año pasado

Parece la misma historia de siempre. Las exportaciones y la industria manufacturera volvieron a impulsar a China a través de un año difícil para ayudar al PIB a crecer un 5% en 2025. Mientras el motor manufacturero del país pueda seguir funcionando a pleno rendimiento, Pekín podría dejar que la economía, de 20 billones de dólares, siga avanzando. Pero el enorme superávit comercial de China está a merced de las tensiones arancelarias. Mientras, persisten los desequilibrios internos, como la deflación, las débiles ventas minoristas y la elevada deuda.

En esta misma época del año pasado, mientras el mundo se preparaba para la impredecible política comercial del presidente estadounidense Donald Trump, las autoridades y los economistas chinos hablaban de la necesidad de impulsar la demanda interna. El cambio tiene mucho sentido, ya que un mayor gasto de los consumidores puede absorber el exceso de capacidad y la presión deflacionista. Reducir la dependencia de las exportaciones también podría fomentar un crecimiento más sostenible y menos expuesto a las recesiones mundiales y los riesgos geopolíticos.

Eso no sucedió exactamente así. Sí, la economía china desafió unas expectativas inicialmente pesimistas y alcanzó el objetivo oficial de crecimiento de “alrededor del 5%”. Sin embargo, fueron de nuevo la producción industrial y las ventas al exterior las que hicieron la magia. Las exportaciones fueron un 6,1% superiores a las de 2024 y contribuyeron a un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares. Las ventas minoristas, a pesar de toda la retórica política, solo aumentaron un 3,7%, y el crecimiento se ralentizó hasta situarse en solo un 0,9% en diciembre.

La vivienda sigue siendo el elemento en el que los hogares son más reacios a gastar sus ahorros, ya que las ventas de viviendas nuevas se desplomaron otro 12,6% durante el año. Los precios en fábrica también se contrajeron un 2,6% más. Mientras, la deuda de los gobiernos locales se disparó hasta alcanzar aproximadamente el 84% del PIB en 2024, frente al 62% en 2019, según el Fondo Monetario Internacional. Esto paraliza su capacidad para salir de la crisis mediante el gasto. La inversión en activos fijos cayó un 3,8% en 2025 con respecto al año anterior.

Reestructurar una economía no es tarea fácil, y lleva tiempo. En China, esto se ve dificultado por el importante papel que desempeña la industria manufacturera en la vitalidad económica y la seguridad nacional del país. Al fin y al cabo, fue el motor de su ascenso hasta convertirse en la segunda economía más grande del mundo, además de ayudar a la República Popular a sobrevivir a la recesión provocada por la covid y a la guerra arancelaria de Trump el año pasado. A pesar de la campaña de Pekín contra el exceso de capacidad en la segunda mitad de 2025, por ejemplo, la producción industrial con valor añadido siguió creciendo un 5,9%.

La tentación de seguir con lo conocido debe de ser grande, sobre todo teniendo en cuenta que Pekín vuelve a estar bajo presión este año para mantener su impulso de crecimiento. Las perspectivas no son menos difíciles, ya que los socios comerciales se resisten al excesivo superávit comercial de China. Los economistas encuestados por Reuters esperan que la expansión del PIB se ralentice hasta el 4,5% este año y el próximo.

De todos modos, en diciembre los dirigentes chinos volvieron a prometer una política presupuestaria proactiva que estimularía el consumo y abordaría un desequilibrio que describieron como “notable”. La revista de teoría política del Partido Comunista llegó incluso a publicar una recopilación de comentarios de los últimos diez años del presidente Xi Jinping para dejar claro que la expansión de la demanda interna se ha convertido en una cuestión estratégica para Pekín.

Otra década de inacción corre el riesgo de crear una economía demasiado desequilibrada para poder gestionarla.

Los autores son columnistas deReuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, deCarlos Gómez Abajo, es responsabilidad deCincoDías

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