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Análisis
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La geopolítica o quién tiene el poder y la riqueza

Estamos en pleno declive de un ciclo que va camino de una recesión para 2027

Uno de los términos más usados en los análisis económicos recientes es geopolítica o geoestrategia, una forma elegante de hablar de la lucha por la creación y la distribución del poder y la riqueza influida por las ideologías o la religión. Casi todos los tiempos turbulentos se han debido a luchas de poder, bien por obtener riqueza y por medio de conflictos con forma de revoluciones y guerras impulsados por crisis de dinero y crédito, o bien por grandes brechas en la posesión de esa riqueza, a veces en escenarios graves de origen natural, sequías, inundaciones, epidemias. La sola amenaza de riesgos geopolíticos deprime la actividad económica y la rentabilidad bursátil en las economías avanzadas.

Los países e imperios con altas tasas de ahorro, poca deuda y una moneda de reserva fuerte han resistido los colapsos económicos y crediticios mucho mejor y, aun así, todos ellos han vivido periodos de auge seguidos de etapas de declive. China fue durante siglos una potencia dominadora que superó constantemente a Europa en términos económicos y otras variables hasta el siglo XIX. Desde el siglo XVII, y a pesar de ser una nación relativamente pequeña, Países Bajos se convirtió en el imperio que contaba con la moneda mundial de reserva. El Reino Unido tomó el relevo a los holandeses y alcanzó su cima en el siglo XIX. Y Estados Unidos se ha convertido en una superpotencia mundial durante los últimos 150 años, sobre todo tras la segunda guerra mundial, pero en declive frente a China que aumenta su poder de nuevo.

La riqueza y el poder de los países e imperios se puede medir a través de ocho factores que evolucionan de forma cíclica: educación, competitividad, innovación y tecnología, producción económica, participación en el comercio mundial, fuerza militar, poderío como centro financiero y estatus de la moneda como divisa de reserva. La educación conduce a una mayor innovación y tecnología, que a su vez llevan a más participación en el comercio mundial y a un incremento de la fuerza militar, lo que resulta en una producción económica más sólida y favorece al país como centro financiero internacional, cuya moneda, a medida que pasa el tiempo, se establece como divisa de reserva.

Para tener éxito los imperios utilizan un enfoque capitalista y así propician e incentivan el desarrollo de los emprendedores productivos. Incluso China, dirigida por el partido comunista, utiliza un enfoque de capitalismo de Estado para incentivar y capacitar a su población. Y la forma de hacerlo es mediante unos mercados de capitales desarrollados para emitir deuda, una financiación vía préstamos y un mercado de valores para que la gente pueda convertir sus ahorros en inversiones y así financiar la innovación y el desarrollo. Todos los grandes imperios lo hacen; ocurrió en Ámsterdam, Londres y hoy en Nueva York o Shanghái, que se está posicionando con gran rapidez.

A medida que un país se convierte en imperio comercial predominante, más operaciones se denominan en su moneda y más personas del resto del mundo depositan sus ahorros en dicha divisa. Así, se termina convirtiendo en la moneda mundial de reserva. Un ejemplo es el dólar y, en menor medida, el euro. Esto permite pedir más dinero prestado y además facilita la financiación con tasas más bajas.

Ahora bien, cuando las deudas se vuelven muy elevadas, la amenaza de recesión económica empieza a pesar y ya no se puede pedir prestado el dinero necesario para pagar las deudas, lo que crea grandes dificultades internas y obliga al país a elegir entre incumplir sus deudas o imprimir dinero nuevo. Casi siempre se opta por esta segunda vía, lo que devalúa la moneda y aumenta la inflación; además, si el entorno dificulta financiarse, aumentan los conflictos internos que conducen al extremismo político y a culpabilizar al capitalismo, empresarios e inversores, y a las élites en general de todos los problemas. Durante estos periodos se suelen subir los impuestos a los “ricos” y, cuando estos ven peligrar su riqueza y bienestar, se refugian en lugares, activos y monedas en los que se sienten más seguros. Estas salidas socavan la productividad, reducen la riqueza económica y provocan más conflictos en torno a la posesión y el reparto de unos recursos menguantes.

En clave exterior, si hay una potencia en ascenso capaz de desafiar a la potencia dominante, la primera buscará explotar la debilidad interna de la rival y esta se defenderá, pero requerirá un fuerte aumento del gasto militar precisamente cuando sus condiciones económicas internas se están deteriorando. Este es el escenario actual.

Desde abril de 2020 vivimos en un ciclo dominado por la mayor inyección de estímulos fiscales y monetarios conocidos en la historia; nada que ver con los de 1960, 1970, 1974, 1980, 1982, 1990 y 2001. Ni siquiera los estímulos de 2008 se acercaron a los actuales. Debido a ello, aproximadamente un tercio de los países, que representan el 80% del PIB mundial, tienen una deuda pública superior a la de antes de la pandemia y que crece a un ritmo más rápido. La deuda pública mundial va camino de alcanzar el 100% del producto interior bruto a finales de la década.

Más de dos tercios de las 175 economías estudiadas por el FMI tienen ahora una carga de deuda pública mayor que antes de la pandemia y en un contexto de fuertes tensiones en materia de política comercial. El incremento de coste de esta deuda en los próximos años podría elevarse a un 10% del PIB en Estados Unidos y un 4% en Alemania, niveles que generan un grave problema presupuestario y de sostenibilidad. Ante esto, los inversores han dado un aviso a los Estados por haber sobrepasado su límite fiscal para controlar el incremento de gasto y deuda. Esta tendencia ha comenzado con la deuda japonesa tras la peor subasta desde 1987 y un récord histórico de tipo exigido a los bonos de largo plazo. El primer ministro de Japón anunciaba que la situación fiscal del país es “peor que la de Grecia”.

¿Qué nos dice la geopolítica? Que estamos en pleno declive de un ciclo que va camino de una recesión para 2027. Estados Unidos necesita préstamos a tasas de interés preferenciales por su creciente deuda, su envejecimiento demográfico y su disciplina fiscal en decadencia. Su estatus de moneda de reserva mantiene bajos los costes de sus préstamos, aunque su credibilidad se está resintiendo por su egoísta agenda comercial. Por su parte, China no toma las medidas necesarias para que el renminbi sustituya al dólar y Europa tampoco hace lo necesario en nombre del euro, por lo que estamos en un mundo multidivisa sin un prestamista global de última instancia y con pocos refugios seguros en caso de crisis. Esto ha disparado el precio del oro porque, como dice Meghnad Desai, profesor emérito de la London School of Economics, “para mantener las monedas estables frente a la inflación se necesitaría mucho más oro del que se puede extraer de la tierra”. Entender lo que viene puede ayudar a evitarlo.

Carlos Balado es profesor de OBS Business School y director de Eurocofín

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