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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Yen y yuan: duelo para ver cuál es más débil

Entre los más enfadados por la rápida depreciación de la divisa japonesa no están los habituales norteamericanos, ahora es la exasperación de China lo que va en aumento

Juan Ignacio Crespo
yen y yuan
Jason Lee (Reuters)

Los mercados de cambio andan con un run-run… Algo raro en los últimos años, probablemente porque, como todo el mundo hace las mismas políticas especulativas y expansivas, nadie se atreve a dar la nota.

¡Que lejos quedan aquellos tiempos de 1992 en que George Soros se enriquecía atacando a la libra esterlina y, de paso que la sacaba del Sistema Monetario Europeo (SME) también conseguía expulsar a la lira italiana que ninguna culpa tenía (bueno, ¡puede que alguna sí!), mientras que el franco francés perdía buena parte de su lustre y la peseta se quedaba en el SME prendida por los pelos!

O cuando, al año siguiente, el mismo Soros se empeñaba en especular contra el yen y salía escaldado, aunque, a pesar de ello, su reputación como especulador quedara intacta porque ni hubo hechos espectaculares ni a Europa ni a EE UU les afectó directamente.

Desde entonces, la única crisis digna de tal nombre fue la que hizo tambalearse al euro entre 2010 y 2012, si bien, finalmente, la Guerra del euro no tuvo lugar.

Quizás se puede añadir algo más al elenco: las dos devaluaciones del yuan separadas por un intervalo de solo cuatro meses y medio en 2015-2016, dentro de la mayor crisis que ha tenido la economía china desde que decidió abrirse al comercio internacional y aplicar su política de un país, dos sistemas (la mayor crisis si no se tiene en cuenta la actual, aún sin superar, provocada por la quiebra de su sector inmobiliario).

Algún susto aislado también podría añadirse a la lista de los problemas en los mercados de cambio de divisas, como la depreciación súbita de la libra esterlina en la madrugada española, allá por octubre de 2016. Y poco más. A menos que se quiera incluir en la lista el hundimiento de la cotización de la lira turca y alguna otra problemática más, pero no en los países centrales del sistema económico y financiero mundial.

Ya todo el mundo se ha olvidado del ministro de finanzas brasileño, Guido Mantega, que se quejó en septiembre de 2010 de una extemporánea “guerra de divisas” que nunca sucedió.

Los viejos del lugar, que estaban acostumbrados a hablar de la crisis del dólar, que tan fuerte fue en su juventud, han tenido que ir abandonando ese mantra, justificado por haber visto al dólar depreciarse en la década de los setenta hasta los 1,83 dólares por euro sintético.

Es verdad que muchos jóvenes hoy y, también, algunos nostálgicos supervivientes de aquellos tiempos no paran de hablar de una futura crisis del dólar, bien porque el fin del imperio americano está cerca; bien porque la deuda pública que acumulan en EE UU es insostenible; bien porque los BRICS van a crear su propia moneda; bien porque los bancos centrales compran oro y esquivan el dólar como moneda de reserva; bien porque las criptomonedas lo van a desplazar; bien porque…

Pero las criptomonedas bastante tienen con los suyo. Para empezar, aún no han convencido a casi nadie (con perdón y permiso de Nayib Bukele) de que sean una divisa. Como bien señala el profesor Mark Blyth, de la Brown University, “algo (como el Bitcoin) que tiene que decirte que es dinero es que no lo es”. O, añadiendo al asunto el peso de alguien de tanta experiencia como Charlie Munguer (recientemente fallecido), “una criptomoneda no es una moneda, ni una materia prima, ni un título-valor. Nada de eso, es solo un contrato de juego con casi el 100% de ventaja en favor de la casa”.

En los dos últimos años hemos asistido a una gran crisis de las criptomonedas que, o bien se han hundido de precio, primero, y recuperado, después; o bien han desaparecido entre procesos judiciales por estafa (Terra, Luna, FTX); o navegan entre acusaciones de fraude (Binance) y dudas sobre la credibilidad de los activos que las respaldan (Tether), así como latrocinios diversos. Como crisis, esa sí que ha sido una verdadera crisis.

Pues en esas estábamos cuando el yen ha comenzado a superar de largo lo que normalmente se consideraba que era el límite en el que el Banco de Japón detendría su depreciación, que era cuando llegara a los 150 yenes por dólar. Ha superado los 160 y, de momento, no ha pasado nada. Desde el inicio de 2021 se ha depreciado un 35% frente al dólar y un 28 % frente al yuan renminbi, la moneda china.

La subida reciente de tipos de interés por el Banco de Japón hace poco no ha conseguido detener esa depreciación. Serían necesarias nuevas y fuertes subidas para conseguirlo, lo que afectaría al crecimiento económico del país.

Entre los más enfadados por esa rápida depreciación del yen no están los habituales norteamericanos, que tantas veces han chocado con el Gobierno de Japón por competencia desleal. Es la exasperación en China por estos hechos la que va en aumento, por lo que es muy fuerte la tentación para proceder a una devaluación de su moneda.

En Japón saben capear bien este tipo de tormentas, cediendo a los competidores suavemente a corto plazo y manteniendo el rumbo de largo plazo.

¿Habrá devaluación competitiva del yuan? Desde luego, las devaluaciones del yuan de 2015-2016 se produjeron con un yuan muy fuerte. Ahora está débil. ¿Cuál sería el sentido de una devaluación? Devaluarlo frente al yen es una opción, pero eso afectaría a todas las demás cotizaciones cruzadas, algo muy complicado de controlar.

Juan Ignacio Crespo es estadístico del Estado y analista financiero

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