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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El golf se rinde a Riad, y empieza a ser lo normal

La paz entre los circuitos establecidos y el nuevo saudí da luz verde para que los petrodólares apunten a otros deportes

US golfer Dustin Johnson
El golfista Dustin Johnson, el 26 de mayo pasado en un torneo del circuito LIV Golf, en el Trump National Golf Club de Sterling (Virginia, EE UU), propiedad de Donald Trump.MICHAEL REYNOLDS (EFE)

La guerra del golf ha terminado. El PGA Tour de EE UU y el DP World Tour europeo han enterrado el hacha de guerra con LIV Golf, respaldado por Arabia Saudí. Este repentino brote de buena voluntad es una sorpresa. LIV Golf, propiedad en un 90% del Fondo de Inversión Pública (PIF) saudí, dotado con 600.000 millones de dólares, estaba arrebatando grandes estrellas a los circuitos establecidos. Pero aunque el flujo de deserciones se había ralentizado y LIV no tenía una porción de los derechos mediáticos (1.300 millones en total, estima SportBusiness) ni parecida a la del PGA Tour, el comisario de este, Jay Monahan, debía de temer que los saudíes tuvieran los bolsillos llenos para comerle el almuerzo con el tiempo.

Ese contexto refleja los términos del nuevo acuerdo. El PGA Tour seguirá siendo una entidad sin ánimo de lucro, pero tendrá una participación mayoritaria en un nuevo grupo con fines de lucro que incluirá a los tres circuitos. Según una fuente cercana, esta empresa probablemente reciba miles de millones del PIF. Así que Monahan podrá utilizar los recursos del Golfo para financiar el crecimiento del juego, mientras sigue presidiendo una entidad que se beneficia de exenciones fiscales.

Pero Riad sale ganando. Puede que sea el socio menor en términos financieros y de consejeros, pero su victoria estratégica es más tangible. Tras fracasar en su objetivo de atraer a los mejores jugadores, como Tiger Woods, y de asegurarse lucrativos contratos de TV, ahora podrá lograr ambas cosas.

Además, el acuerdo supone un nuevo nivel en lo que los críticos han calificado de blanqueo deportivo (sportswashing). Hasta ahora, los esfuerzos de Riad por mejorar su imagen tras el asesinato de Jamal Khashoggi se han limitado a organizar grandes combates de boxeo, comprar el Newcastle de fútbol y atraer a leyendas jubiladas como Cristiano Ronaldo a su liga local. Al hacerse con una influyente posición en un deporte mundialmente reconocido, podría reforzar su imagen como hizo Qatar con el Mundial.

El resultado no financiero para Monahan es mucho más intrincado. No está claro cómo encajarán los circuitos. Y dado que tanto él como figuras como Rory McIlroy habían criticado públicamente a LIV Golf, no es de extrañar que se enfrentara a un ambiente “acalorado” cuando se lo dijo a los jugadores, ni que reciba peticiones de dimisión. En todo caso, es una luz verde para que los petrodólares apunten a gestores maleables de otros deportes.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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