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Breakingviews
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El dulce momento de las grandes petroleras europeas podría agriarse

Deberían invertir sus extraordinarios beneficios en renovables, y prepararse para la presión de los Gobiernos

Gasolinera de Shell en Schwedt (Alemania).
Gasolinera de Shell en Schwedt (Alemania).Krisztian Bocsi (Bloomberg)

Un hombre sin previsión tendrá preocupaciones inmediatas, como dice el proverbio chino. No parece que esto sea aplicable a Shell, BP y TotalEnergies. Las grandes petroleras europeas se encuentran en un momento dulce, ya que los altos precios de la energía favorecen sus resultados y los accionistas están menos incentivados para molestarles con una salida rápida de los combustibles fósiles, con alto contenido de carbono. Pero a largo plazo, las cosas podrían torcerse.

Shell cerró el día 4 la temporada de resultados del sector anunciando unos beneficios ajustados récord de 9.600 millones de dólares en el primer trimestre, superando las previsiones de los analistas. A ello contribuyeron los buenos resultados del comercio de combustibles y al aumento de las ventas de gas natural licuado, así como el aumento de los márgenes de las refinerías, que compensaron el enfriamiento de los precios de la energía. La deuda neta del productor británico como porcentaje del capital total había caído al 18% a finales de marzo, desde el 30% de 2020.

TotalEnergies anunció el 27 de abril que su beneficio neto ajustado del primer trimestre fue de 6.500 millones de dólares, en línea con las expectativas de los analistas. Y BP dijo el día 2 que obtuvo unos beneficios ajustados de 5.000 millones de dólares en el primer trimestre, superando las previsiones.

En los años transcurridos desde el pionero giro de BP hacia las energías renovables en septiembre de 2020, este tipo de extraordinarios beneficios del petróleo resultaban casi incómodos para el jefe del grupo británico, Bernard Looney, que por aquel entonces planeaba reducir la producción de petróleo y gas en un 40% para 2030. Las voces más ruidosas de los accionistas procedían de inversores deseosos de que se volviera ecológico aún más rápido. La situación ha cambiado: los temores por la seguridad energética y las fuertes subidas de los tipos de interés han dado la vuelta al guión.

A juzgar por las votaciones de la junta general de accionistas, menos de una quinta parte de los inversores quiere que se tomen medidas contundentes en materia de emisiones. El aumento de los tipos de interés ha hecho menos atractivas las rentabilidades inferiores al 10% de los proyectos eólicos y solares a largo plazo, que requieren mucho capital. Esta es una de las razones por las que BP redujo en febrero el ritmo de sus recortes de producción de petróleo. También puede explicar por qué Shell no ha fijado un objetivo formal de capacidad de energía renovable para 2030. Si hubiera adoptado el objetivo de 50 gigavatios de BP, los analistas de Carbon Tracker calculan que Shell necesitaría invertir 7.500 millones de dólares al año, en lugar de los 2.000-4.000 millones actuales.

Riesgo

Es posible que Looney, Sawan y Patrick Pouyanné, jefe de Total­Energies, piensen que un giro ecológico menos brusco conlleva un riesgo mínimo. El último informe anual de Shell sugiere que solo unos 20.000 millones de dólares de activos –o un poco más del 10% de los activos de exploración y producción y de gas integrados en su balance– se enfrentan a pérdidas de valor en un escenario de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en el que el mundo decide limitar el calentamiento global para 2050 a 1,5 grados centígrados por encima de la era preindustrial.

Es justo, pero las grandes petroleras europeas siguen teniendo dos problemas. El mismo escenario de la AIE dice que no se necesitan nuevos proyectos de petróleo y gas, por lo que si los perforadores deciden hacer más, más parte de sus balances podrían acabar varada. Mientras, Shell y compañía podrían utilizar sus ganancias inesperadas del petróleo para invertir más en energía verde. Ello acentuaría la diferencia con rivales estadounidenses como Chevron y Exxon Mobil, que no se han fijado objetivos absolutos de reducción de emisiones ni de asignación de capex a energías renovables, pero que cotizan a múltiplos más altos. Al parecerse más a ellos, los europeos están diluyendo cualquier ventaja que puedan tener antes de que los Gobiernos actúen enérgicamente contra el cambio climático.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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