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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los problemas de la banca no se resuelven con hojas de cálculo

La solución no es regular más, sino mudar la estructura del sector. Se ha dejado crecer el riesgo sistémico mientras se disfrutaba de los beneficios financieros

Christine Lagarde
Christine Lagarde, presidenta del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Fed.GETTY

Después de la crisis financiera de 2008 se llegó al acuerdo de que eso no podía volver a pasar. Nunca más un colapso del sistema financiero. Nunca más el rescate de los bancos por parte de los Gobiernos. A esa decisión le siguió una avalancha de investigaciones dentro de las entidades. Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas fue una de las preguntas más frecuentes. ¿Por qué los colchones de capital eran tan bajos? Las lecciones aprendidas del estudio de los sistemas complejos se aplicaron al sector financiero y eso llevó a la conclusión unánime de que existen riesgos sistémicos, puntos de inflexión y bucles de retroalimentación peligrosos dentro del sistema que pueden provocar un colapso repentinamente. Pero todo lo escrito y todo lo hablado no se tradujo en demasiadas acciones. Es cierto que se aumentaron un poco los colchones de capital de los bancos, se introdujo más regulación y la supervisión de riesgos se hizo más estricta, pero el sistema en sí se quedó como estaba. Hojas de cálculo para gestionar riesgos individuales.

Los acontecimientos de las últimas semanas demuestran que los riesgos sistémicos no han desaparecido. Primero tuvimos un shock en Estados Unidos, donde Silicon Valley demostró una vez más que la tecnología puede acelerarlo todo, incluida una crisis bancaria. Y luego Suiza, donde un problema que se arrastraba desde hacía años en un banco de gran tamaño culminó en una absorción forzosa que podría aumentar el problema sistémico a largo plazo, porque un banco “demasiado grande para quebrar” se vuelve aún más grande. La razón por la que estos problemas no estallaron antes es que estaban cubiertos por un velo de liquidez.

Una política monetaria extremadamente laxa con la esperanza de elevar la inflación a alrededor del 2 % tuvo como efecto principal la reducción de las primas de riesgo y, como resultado, hizo que fuera demasiado atractivo asumir riesgos en la sombra del sistema bancario y cubrirlos en el sistema regulado. Lo que no logró fue aumentar la inflación.

El cambio en la inflación del año pasado, que no fue debido, por supuesto, a las políticas de los bancos centrales, también ha dado lugar a un giro en forma de U en la política monetaria, de flexible a ajustada. El fuerte aumento de los tipos de interés hasta ahora no ha tenido efectos significativos sobre la inflación, pero ha podido eliminar el velo de liquidez que cubría los riesgos financieros existentes.

De hecho, creo que los riesgos sistémicos no han hecho más que aumentar durante los últimos años. En muchos países creció el volumen de agentes financieros como bancos o gestoras de activos, lo que hizo que el índice de concentración del sector aumentara, favorecido además por una tecnología que crea economías de escala para los grandes flujos monetarios. Además, la supervisión, especialmente en el sector bancario, ha dado lugar a un monocultivo extenso, porque la estandarización y una normativa más estricta facilitaron el control, pero disminuyeron la diversidad. Los costes regulatorios hacen que la barrera de entrada efectiva para los competidores sea mayor, lo que conduce a una competencia menor.

La retroalimentación negativa del sistema también se deja sentir con mayor rapidez. Así se demostró en Twitter con la crisis de Silicon Valley Bank, pero también lo vemos en los mercados financieros en general. El pánico se propaga más rápidamente, lo que aumenta las probabilidades de que se produzcan caídas. El comercio automatizado y los flujos de fondos pasivos van más rápido que hace 15 años. Mientras tanto, el sector financiero tiene que hacer frente a un nivel de deuda considerablemente mayor que en 2008, de alrededor de dos veces y media el PIB mundial, frente al doble del PIB en aquel momento. ¿Se lo imaginan? ¿15 años después de una crisis de deuda mundial y hay todavía más deuda? Y, aun así, se afirma que más deuda va de la mano de más activos. Entonces, ¿cuál es el problema? Bueno, el problema es que los balances a más largo plazo siempre son más vulnerables a los shocks. Los precios de los activos pueden desmoronarse, mientras que la deuda nominal se mantiene alta. Y no se pueden controlar estos factores de riesgo sistémicos con supervisión sobre los bancos. Los efectos de contagio y los bucles de retroalimentación de otras partes del sistema financiero (no regulado) siempre pueden conducir al contagio del sistema.

No se lucha contra la complejidad si se deja el sistema como está, solo con la creencia de que es suficiente tener más regulación. Hay que abordar la estructura del sistema financiero. De hecho, no se lucha contra la complejidad con más complejidad, así que poner más regulación no funcionará.

Si comparamos el sector financiero con la naturaleza, como se hizo en este artículo de 2008, veremos enseguida por qué. Hay que evitar que se desarrolle una especie dominante porque eso haría que el sistema fuera cada vez más vulnerable debido al monocultivo, la falta de resiliencia y la disminución de la diversidad, además de suponer una carga extrema para el sistema. Esto es tan claro en ecología que la especie dominante escribe informes que abordan el tema y tratan de encontrar formas de evitar un colapso del sistema.

La agenda política para la ecología también se puede aplicar al sistema financiero. Así que hay que asegurar su diversidad y tratar de reducir el dominio de un puñado de bancos y gestores de activos para evitar que todo el sistema se derrumbe si una especie o elemento queda fuera de juego. Aumentar drásticamente los mecanismos de amortiguación en el sistema para aumentar la resiliencia. Lo más importante es evitar que los elementos problemáticos tomen como rehén a todo el sistema.

Y no hemos hecho nada de esto. Los intereses eran demasiado fuertes y la voluntad de cambio probablemente demasiado baja. Hemos permitido que el problema sistémico creciera, mientras se disfrutaba de los beneficios financieros causados por las burbujas de precios de los activos.

Hans Stegeman es economista jefe de Triodos Bank

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