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A fondo
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Por qué la crisis actual no se parece a la gran crisis del petróleo de 1980

La economía española tiene menor dependencia de las importaciones de energía gracias a las renovables y cuenta con un mercado laboral mucho más flexible que el de entonces

José Carlos Díez


La economía española, al igual que el resto de economías del mundo, registró en 2022 una crisis energética sin precedentes desde 1980. Hace 40 años una guerra entre Irán e Irak colapsó el Golfo Pérsico, los precios del petróleo se doblaron y el consumo mundial de energía disminuyó durante tres años consecutivos, algo que solo se ha producido en esa ocasión desde 1965, fecha desde la que hay estadísticas.

La economía mundial y española tienen poco que ver hoy con la de 1980. Como dijo Platón, citando a su maestro Heráclito; “nunca te bañarás en el mismo río, la corriente se encargó de cambiarlo”. China era una economía pobre y con escaso peso entonces, hoy es el líder mundial en PIB, en exportaciones y en tecnología energética y renovable. Eso ha flexibilizado significativamente la curva de oferta mundial y ayuda a explicar que la inflación sea hoy mucho más baja que entonces, especialmente en Asia, pero también en EEUU y Europa.

Los bancos centrales aprendieron en la crisis de los años setenta que tienen que mirar al futuro para tomar decisiones. En esta ocasión actuaron con celeridad y determinación, subiendo los tipos de interés y reduciendo el dinero en circulación. Esto es clave para explicar que la inflación sea más baja y el impacto sobre el desempleo y la deuda pública infinitamente menor ahora que en los años ochenta.

España tiene hoy el doble de PIB, corregida la inflación, que en 1980, un 25% más de población y un 65% más de personas trabajando. La inflación alcanzó el 27% en 1977 y el pasado año el máximo fue del 10%. En 1980 teníamos la peseta y los tipos del Míbor a un año subieron al 17%, ahora en el euro el Euríbor está próximo al 3%. El estado recaudaba un 29% del PIB en 1980 y registró un déficit público del 2% del PIB con una deuda pública de solo el 16% del PIB, pero España no tenía acceso a los mercados internacionales de capitales y no tenía desarrollado un mercado doméstico de deuda pública para emitir bonos y financiarse.

Las dos grandes diferencias con la crisis actual y la de 1980 son que en esta ocasión España no ha tenido déficit exterior, a pesar de que el coste de nuestras importaciones energéticas se han doblado en 2022 con respecto a 2019. Eso supone PIB y renta generada en España que sale del país para pagar el gas principalmente, cuya escasez es la principal causa de la crisis energética. El desarrollo de renovables, especialmente eólica en los últimos veinte años y ahora solar fotovoltaica, han permitido reducir nuestra dependencia de las importaciones de energía y el coste de esta crisis en términos de déficit exterior, de déficit público y de destrucción de empleo.

La otra gran diferencia es el comportamiento de nuestro mercado de trabajo y de la formación de salarios. Heredamos del franquismo una regulación del mercado de trabajo llena de rigideces y fue la principal causa de la inflación galopante que forzó los Pactos de la Moncloa y el pacto de rentas. Hoy, la negociación colectiva de sindicatos y empresarios está funcionando, y la fuerte subida de inflación se está difiriendo en tres años en subidas de salarios para que las empresas tengan tiempo de ajustarse. Esto, junto a la flexibilidad de salarios que ha supuesto el fuerte aumento de oferta de mano de obra inmigrante, especialmente en empleos de menor cualificación, ayuda a explicar que la inflación de servicios en España siga en el 4% por debajo de la Alemania y de la de EEUU.

Sin energías renovables, bajos tipos de interés y moderación salarial, las empresas se habrían visto obligadas a destruir empleo, la economía ya habría entrado en recesión y habría aumentado la tasa de paro como sucedió en los años ochenta.

¿Qué sucederá en 2023? La economía española entre en este nuevo año sin inercia y con el PIB casi estancado desde el pasado mes de junio. El riesgo de escasez de gas este invierno en el centro de Europa se ha reducido significativamente y mantiene el gas próximo a 60 euros megavatio hora. Eso está muy lejos de los 250 euros del pasado verano, pero sigue siendo el triple que en 2019.

Las familias con hipotecas y las empresas endeudadas notarán el impacto de las subidas de tipos con mayor intensidad este año y los salarios aumentarán más que en 2022. Eso mantendrá la presión sobre los márgenes, la inversión y la creación de empleo. La inflación tiene visos de seguir moderándose, especialmente si continúan las lluvias y aumenta la oferta de alimentos que hizo desaparecer la intensa sequía de los dos últimos años. Eso aliviará la presión sobre el consumo.

El escenario más probable es un crecimiento débil, pero positivo. El riesgo de recesión vendría del exterior por la caída de las exportaciones a nuestros socios europeos. Y por problemas con la prima de riesgo para financiar nuestra elevada deuda pública, aunque de momento se mantiene estable, a pesar de que el BCE ha parado ya sus compras.

Si acabara la guerra y el gas ruso volviera a fluir por los tubos, todo volvería a la normalidad de 2019 y eso aumentaría la inversión, el consumo y el empleo de nuevo. Pero, de momento, ese escenario ni está ni se le espera.

José Carlos Díez es director de la Cátedra Orfin de la Universidad de Alcalá

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