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El silencio de Kevin Warsh se vuelve en su contra

El giro dado por el nuevo presidente de la Fed a su relación con el mercado siembra dudas sobre su credibilidad para anclar la inflación

El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh.Evelyn Hockstein (REUTERS)

El aterrizaje de Kevin Warsh en el edificio Marriner S. Eccles de la Reserva Federal de Washington ha desatado el nerviosismo entre analistas e inversores. El presidente de la Reserva Federal ha anunciado que reducirá los mensajes y la información que hasta ahora enviaba al mercado para que intuyera sus próximos pasos en política monetaria. Desde que tomó las riendas de la institución, el mercado está a oscuras sobre las perspectivas de la Fed. Warsh ha dejado clara su ruptura con la forma de comunicación al mercado de sus pasos que tenía su predecesor en el cargo, Jerome Powell, y con sus palabras ha dibujado un escenario brumoso que el mercado trata de digerir tras años de movimientos guiados por los faros del banco central.

Warsh quiere obligar al mercado a actuar a ciegas, sin orientación prospectiva y sin una función de reacción clara. Ha reducido el mensaje de la nota que publica la Fed tras sus reuniones. Y se resiste a dar pistas sobre próximos movimientos. Quiere que sea el mercado quien saque sus conclusiones sobre los datos económicos, que mida el riesgo y apueste con sus análisis sobre el nivel del coste de financiación. De esta forma, permitiría a la Fed tener menos presión y más tiempo para decidir sobre una subida de tipos de interés. Warsh cree que de esta forma se evitarían las profecías autocumplidas y la política monetaria sería más efectiva.

La estrategia de Warsh, sin embargo, ha sido recibida con dudas en el mercado, por su opacidad, pero también por sus contradicciones. Justificó que los bonos bajaban por su nueva política y cuando subieron también lo achacó a lo mismo. Los inversores tildan su visión de peligrosa. La reacción no se hizo esperar tras la segunda reunión de la Fed sin ofrecer ninguna hoja de ruta. Los inversores castigaron la deuda a más largo plazo. La rentabilidad de la deuda a 30 años (que se mueve de forma inversa a su precio) subió a su nivel más alto desde 2007. “En realidad, la cuestión es si el banco central quiere tener el control o no”, ha asegurado Mark Cabana, responsable de estrategia de tipos de interés en Bank of America y antiguo empleado de la Reserva Federal de Nueva York.

Entre los economistas y estrategas, el poso que ha dejado este movimiento es que la Fed deja a un lado un pincel más fino, su potestad sobre los tipos de interés federales, por la brocha gorda, el propio mercado. Jeremy Stein, gobernador de la Fed de Nueva York en la presidencia de Barack Obama y actual profesor de Economía de Harvard, apuesta por la brocha gorda: de esta forma la herramienta de los tipos de interés “llega a todos los rincones”.

Hay quien ha recurrido a una analogía más futbolera. Adam Pickett, responsable de estrategia macro global de Citi, ha contrapuesto la teoría lanzada en 2005 por el entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, ligada al gol del siglo de Diego Maradona con el juego de Lionel Messi. Para King, el jugador argentino sorprendió al equipo de Inglaterra al hacer una jugada que no esperaban: regateó a los defensores corriendo en línea recta mientras los rivales esperaban una finta. Una cuestión de expectativas. King sostiene que el mercado trata siempre de predecir cuál será el movimiento de los responsables de los bancos centrales. Pickett da a su vez un nombre al enfoque de Warsh: “Esperar en silencio, observar y actuar solo cuando sea necesario parece más Messi que Maradona”, ha aseverado en un informe publicado esta misma semana.

Warsh ha dejado claro que va a implantar un estilo de comunicación casi minimalista, con escasos detalles de su estrategia en política monetaria. Un menos es más que por el momento no ha servido para convencer al mercado de sus hipotéticos beneficios y de su capacidad para mantener a raya la inflación, pero en el que ha decidido mantenerse. El economista ha optado por eliminar la orientación prospectiva (conocida como forward guidance) y ha activado la función de reacción, bajo la que el banco ajusta su política monetaria en respuesta a los cambios en la economía. Para Zixun Tan y David Wessel, del think tank Brookings Institution, “la transparencia no exige señalar una trayectoria probable para los tipos de interés, pero refuerza la necesidad de explicar la previsión económica de la Reserva Federal, la evidencia y el análisis que la respaldan, los principales riesgos para las perspectivas y cómo podría responder la política monetaria si esas perspectivas cambiaran”.

Según el diario Financial Times, fuentes conocedoras del entorno de Warsh habrían reconocido ciertos errores de sus primeros pasos, pero insisten en que no va a dar marcha atrás. La nueva estrategia ha provocado más volatilidad e incertidumbre en el mercado. Muchos estrategas coinciden en la necesidad de reformar la Reserva Federal tras ser incapaz durante los últimos cinco años de que la inflación alcance el objetivo del 2%. Y advierten de que los inversores están malinterpretando a Warsh. Otros hablan de falta de credibilidad y transparencia de la institución. El sanctasanctórum de la Fed puesto a prueba.

La relación entre Warsh y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ayuda a la imagen de independencia de la institución. El gobernador de la Fed ha hablado en repetidas ocasiones con el mandatario republicano, según avanzó The Wall Street Journal. Trump lo utiliza como el nuevo gurú económico. Lo llama para consultarle sobre su visión de la economía, sus ideas sobre la IA y el impacto de la guerra contra Irán sobre la actividad económica estadounidense. Aunque aseguran que no hablaron de tipos de interés, la principal política de la Fed, las comunicaciones tan estrechas son algo infrecuente entre un presidente estadounidense y el responsable de un organismo autónomo, al menos en el siglo XXI.

“El presidente Trump ha subrayado repetidamente que está dando al presidente Warsh el espacio necesario para restaurar la confianza y la competencia en la toma de decisiones de la Reserva Federal”, explicó un portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai. Lo cierto es que el líder republicano está dando a Warsh el espacio que no le concedió a Jerome Powell, el anterior jefe de la Fed, contra el que lanzó una dura campaña de acoso para que bajara los tipos de interés. “Quiero que Kevin sea totalmente independiente. Quiero que sea independiente y simplemente haz un gran trabajo. No me mires, no mires a nadie, haz lo tuyo y haz un gran trabajo”, dijo, sin embargo, Trump durante la toma de posesión de Warsh.

Trump ha asegurado que una posible subida de los tipos de interés antes de las elecciones de mitad de mandato “no depende exclusivamente de Warsh”. En una entrevista a Punchbowl News esta misma semana, ha cargado contra el resto de gobernadores de la Fed al asegurar que “tiene un comité muy politizado” y que se trata de una decisión que toman de forma conjunta. En la reunión de julio, nueve miembros del Comité del Mercado Abierto optaron por mantener los tipos y otros tres se mostraron a favor de acometer una subida.

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