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Warsh fía al mercado la tarea de subir tipos pese al riesgo de disparar la volatilidad en los bonos

La falta de indicaciones de la Fed siembra la inquietud entre los inversores sobre la capacidad del banco central de influir en las expectativas de inflación

Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal.Evelyn Hockstein (REUTERS)

Kevin Warsh tuvo en la reacción del mercado de bonos de este jueves una primera respuesta a su delicada apuesta por suprimir el forward guidance, la valiosa herramienta de política monetaria con que la Reserva Federal, el banco central más influyente y poderoso del mundo, ha ido dando indicaciones al mercado en los últimos años sobre la orientación futura de los tipos de interés. La Fed mantuvo los tipos sin cambios esta semana y Warsh se mantuvo en silencio sobre próximos movimientos, lo que causó el desconcierto y también la desconfianza de los inversores, que ahora deben lidiar con la deliberada falta de visibilidad por parte del presidente del banco central. Su respuesta fue dudar de la credibilidad de la Fed y de su capacidad para anclar las expectativas de inflación y la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años se disparó a máximos de 2007. Fue un primer aviso de cómo la nueva política de comunicación de la Fed puede provocar la volatilidad en el mercado de bonos, mientras Warsh parece cómodo con que sea el mercado quien le avance el trabajo y se ocupe de tensionar las condiciones financieras y de reducir así la demanda. En definitiva, de provocar el efecto que causaría un alza de tipos de interés.

“Los participantes del mercado están aprendiendo a jugar el partido en lugar de centrarse en el árbitro, y los precios del mercado seguirán respondiendo en la dirección y magnitud que consideren oportunas”, señaló Warsh al término de la rueda de prensa que ofreció este miércoles tras la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el órgano que decide sobre los tipos. “A mi juicio, este es un cambio positivo, y apenas estamos comenzando”, insistió. Warsh es un conocido enemigo del forward guidance y ya en junio, tras su primera reunión de la Fed como presidente, anunció su eliminación de los comunicados del banco central. En su opinión, el mercado debe fijar por sí mismo los precios de los bonos de acuerdo a los datos económicos, sin dedicarse continuamente a anticipar los movimientos de la Fed, que con esas indicaciones a futuro queda en cierto modo presa de su propio mensaje y bajo el riesgo de magnificar sus propios errores.

El nuevo modo de comunicar de Warsh abre por tanto el debate sobre si es más efectivo para la política monetaria renunciar a dar pistas sobre sus decisiones, lo que ha permitido en el pasado anclar las expectativas de inflación, o insistir sin dar más detalles en el compromiso de alcanzar el objetivo de inflación en el 2%, como ha defendido reiteradamente el presidente de la Fed aunque sin dar pistas sobre cómo lograrlo. Por el momento, la primera reacción de los inversores ha sido de desconfianza, algo nada positivo para un mercado, el de bonos del Tesoro de EE UU, que asciende a 31 billones de dólares. “El mercado quizás duda de si la Fed está siendo contundente en su lucha contra la inflación, y endurece las condiciones financieras a las que se enfrenta EE UU a largo plazo, el coste por prestarle”, explica Jesús Sáez, responsable de mercado de capitales para sector público y financiero en España de Natixis. Mientras, Warsh parece cómodo sin mover ficha.

Según reconoce Goldman Sachs, “Warsh insinuó en un par de ocasiones que la subida de los tipos de interés de mercado podría sustituir a una subida de tipos, aunque sin decirlo explícitamente en ningún momento”. A la pregunta en rueda de prensa este miércoles de si los tipos deberían estar más altos, cuando van ya cinco años sin alcanzar el objetivo de inflación, Warsh respondió que los tipos están más altos hoy que en junio. Y al interrogarle sobre por qué la Fed se había detenido, respondió que los tipos de interés del mercado “no se habían detenido”. “Aunque, en cierto modo, no hayamos hecho mucho en 42 días, los mercados sí que han hecho bastante”, aseguró. Ahora bien, en ING se cuestionan si esta es una interpretación correcta “o si Warsh reconoció implícitamente que los tipos reales más altos reflejaban la expectativa de que la Reserva Federal subiría los tipos en septiembre”.

El mercado sí está anticipando esa subida y los futuros dan una probabilidad cercana al 70% de un alza de tipos en la reunión de septiembre. “Mostrarse agresivo sin tomar medidas es una forma cómoda de dejar que los mercados juzguen por sí mismos y que sean ellos quienes endurezcan la política de la Fed. Esto podría resultar contraproducente cuando la inflación se acelere y el mercado considere que la Fed vuelve a ir por detrás de la curva”, advierte en declaraciones a Bloomberg Ben Emons, director general de renta fija en Highline Asset Management y fundador de FedWatch Advisors. En la misma línea, UBS incide en que cualquier cambio significativo en la comunicación podría aumentar la volatilidad de los tipos de interés. El banco suizo recuerda además que el diagrama de puntos —en el que la Fed avanza las opiniones de los gobernadores sobre cómo deberían evolucionar los tipos y que Warsh también podría eliminar— “contribuye a estabilizar las expectativas a corto plazo, especialmente para el año en curso, mientras que las orientaciones prospectivas también han ayudado a moderar la volatilidad durante las últimas dos décadas”.

Prueba de esa mayor volatilidad —que refleja al fin y al cabo el desconcierto de los inversores— ha sido la incertidumbre sobre cuál sería la decisión de la Fed este miércoles. La apuesta mayoritaria era que mantendría los tipos pero también había un 30% de probabilidades de un aumento. “Es históricamente un porcentaje nada desdeñable, en comparación con porcentajes que rondaban el 10% con anterioridad a reuniones previas, cuando había más visibilidad, y que muestra la volatilidad que se verá en los próximos meses”, explica Eduardo García, economista de Mapfre Economics. Para la firma, la falta de respuesta de la Fed va más allá de una decisión deliberada y es reflejo también del nuevo entorno que afronta la política monetaria de máxima incertidumbre y de acontecimientos geopolíticos imprevisibles, que requieren más flexibilidad y menos compromiso con trayectorias predeterminadas. “Los bancos centrales deberían sincerarse con los mercados y reconocer que no pueden definir el camino”, añade García. Y más allá del curso que pueda tomar la inflación y de cómo el mercado se anticipe y le allane el trabajo a la Fed, en el ánimo de los inversores también subyace una inquietud de más largo alcance: el elevado déficit público de EE UU, las crecientes necesidades de emisión del Tesoro y el enorme capital que reclama la IA. Motivos también suficientes para alimentar la volatilidad y la subida de rentabilidad de los bonos.

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