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El BCE intensifica sus esfuerzos para superar uno de los talones de Aquiles del euro digital

El pago físico sin conexión, fundamental para el desarrollo de la nueva moneda, implica una serie de equilibrios difíciles de alcanzar

Euro digital
Agencia Getty (Getty Images)
Fernando Belinchón

Desde el pasado 1 de noviembre, el Banco Central Europeo (BCE) se afana en el desarrollo de una nueva forma de dinero para toda la Unión Europea: el euro digital. La máxima autoridad monetaria de la eurozona busca crear una suerte de gemelo virtual de los billetes y monedas que sirva para garantizar que el sistema monetario sigue siendo seguro, creando un dinero público independiente de los bancos privados en un mundo en el que el efectivo ha ido perdiendo protagonismo. Según se desprende del último informe de sus progresos hecho público esta semana por el BCE, la tarea no es sencilla. El BCE tiene que hacer equilibrios con muchos factores: aspira a un dinero virtual que sea lo más anónimo posible, fácil de utilizar y que, además, pueda usarse sin tener ningún tipo de conexión a internet. A juzgar por el resumen de los avances del BCE, este último punto está siendo especialmente delicado.

Piero Cipollone, miembro del Consejo del BCE, insistía este martes en la importancia de sacar adelante el euro digital pese a los retos. “A medida que el mundo cambia a nuestro alrededor y los riesgos geopolíticos crecen, necesitamos mantener el impulso. Juntos podemos garantizar que el euro, nuestra moneda única, está listo para la era digital y para seguir cimentando las libertades que tanto aman los europeos”, ha sostenido el principal responsable del proyecto.

En teoría, y parafraseando al BCE, el euro digital se podrá usar para hacer pagos entre personas y en comercios, tanto de forma online como offline. La función de pago offline haría posible el hacer pagos en lugares sin cobertura móvil o, incluso, en medio de un apagón. En teoría, estos pagos se validarían al quedar registrados en los dos dispositivos involucrados en la transacción (un teléfono móvil o una tarjeta). La privacidad queda garantizada con este hipotético método, pero se abren otras muchos interrogantes. Por ejemplo, un mal diseño abriría la posibilidad de fraude, de forma artificial, de pagos duplicados o de romper el límite de tenencia que el BCE establecerá para evitar fugas de depósitos bancarios. Cualquiera de los errores anteriormente mencionados, pondría en serio entredicho el proyecto.

“La función de pago sin conexión involucra aspectos tecnológicos, de seguridad y operacionales. Por esa razón, el BCE ha intensificado sus esfuerzos para investigar la implementación de esta funcionalidad en los dispositivos de los usuarios en concordancia con el borrador de propuesta legislativa. Para teléfonos móviles, la función sin conexión dependería de la tecnología NFC”, escribe el BCE. La institución fía la seguridad y fiabilidad de estos pagos a “herramientas técnicas” que ya existen y que permitirían esta funcionalidad.

En concreto, todo dependería de un chip conocido como elemento seguro. Un elemento seguro es un chip microprocesador que protege los datos sensibles, proporcionando almacenamiento y procesamiento a prueba de manipulaciones de claves criptográficas y otra información crítica para la seguridad. “Esto permitiría a la gente usar su móvil para pagar sin conexión en euros digitales, lo que es crucial para asegurar el acceso inclusivo al euro digital”, reza el documento del BCE. Para saber si un smartphone tiene elemento seguro, basta con comprobar si tiene función NFC, pues se basa en él, o si permite el desbloqueo por huellas o reconocimiento facial, puesto que se almacenan allí.

Además de explorar el móvil como la forma de hacer pagos con euros digitales sin conexión, el BCE también ha estudiado el uso de tarjetas inteligentes con una batería integrada y otras tarjetas que se usarían con un “dispositivo puente” para hacer las transacciones. En un seminario técnico que celebró el BCE el pasado mes de abril, se explicó de forma más detallada este punto y el desafío que supone. Desde la parte técnica, no todos los teléfonos disponen ni de NFC ni de elemento seguro, los dos ingredientes necesarios para operar. En la parte de tarjetas inteligentes con batería integrada, el BCE comentaba que supondría un reto fabricar esas tarjetas y ponía en duda lo sostenible que podrían ser. En cuanto a usar tarjetas sin batería, explicaba que se necesita un “dispositivo puente”, definiéndolo como “unos dispositivos de bolsillo con batería cuyo objetivo es establecer un canal de conexión entre dos tarjetas inteligentes sin alimentación, permitiendo que se produzca una transacción entre ellas”.

Pero no solo el reto es la parte técnica. “El BCE también ha analizado otros elementos esenciales del pago sin conexión, con la vista puesta en hacerlo igual de fácil de usar, seguro y comprensible. En particular, el trabajo se ha centrado en considerar cómo ingresar y sacar dinero del monedero offline, teniendo en cuenta cómo llevar a cabo prácticas contra el lavado de dinero y evitar que se generen euros digitales de forma fraudulenta durante ambos procesos. Es esencial garantizar que los euros digitales son genuinos, y detectar y prevenir cualquier práctica de doble pago o de generación fraudulenta”, dice el documento.

El anterior párrafo admite poca discusión porque la moneda necesita ser segura para funcionar, pero esto choca con la privacidad, otra de las principales premisas en las que basa. “Para garantizar que los euros digitales que vuelven al sistema una vez que el dispositivo offline se conecta a la red no son falsos y detectar posibles dobles gastos, el Eurosistema recibirá unos datos mínimos”, afirmaban en la presentación, sin concretar cuáles eran, pero sí puntualizando que no permitirían al BCE identificar a los individuos involucrados. Esto en lo referente al fraude, para combatir el lavado de dinero, el BCE reconocía que precisan saber la cantidad de dinero ingresada o sacada de cada monedero, el identificador del dispositivo de almacenamiento, fecha y hora del ingreso o retirada de dinero y el número de la cuenta online a la que va ligado ese monedero.

Todavía el euro digital está en fase de preparación y hasta octubre de 2025 el Consejo del BCE no tomará una decisión sobre si lanzarlo o no, pero resolver con éxito la incógnita de la funcionalidad sin conexión será una de las claves. Entre tanto, los expertos del banco siguen cavilando qué opción es mejor para implantarla. “El trabajo en la operativa sin conexión continuará en los próximos trimestres”, adelanta un BCE que cada vez tiene más claro la importancia del proyecto.

“As the world around us changes and

geopolitical risks grow, we need to keep up the momentum,”

European Central Bank Executive Board member Piero Cipollone

says in an op-ed. “Together, we can ensure that the euro – our

single currency – is ready for the digital era and continues to

underpin the freedoms Europeans hold dear.”

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Fernando Belinchón
Madrid. 1994. Máster en periodismo económico por la Universidad Rey Juan Carlos. Redactor de la Mesa Web de CincoDías. En el periódico desde 2016.
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