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Por qué no todas las ‘stablecoins’ son iguales: cómo funcionan, qué las respalda y dónde pueden fallar

El mercado de monedas estables vale más de 270.000 millones de euros e incluye a activos vinculados a divisas tradicionales, materias primas u otras criptomonedas

Representación de una criptomoneda junto al logo de Circle.NurPhoto (Getty Images)

Si alguien guarda una moneda de un dólar o de un euro debajo del colchón sabe que la encontrará cuando vaya a buscarla y que siempre seguirá valiendo un dólar. Las stablecoins aplican esa misma lógica al mundo digital: aspiran a convertirse en el nuevo dólar o euro electrónicos, con los que no se gana pero tampoco se pierde. Las monedas estables son dinero privado que replica al dinero tradicional usando la misma tecnología que el bitcoin, la blockchain. Su valor depende del activo al que están ancladas: las más comunes son las stablecoins ligadas a una divisa, como el dólar o el euro, pero hay otras vinculadas a criptomonedas, a materias primas o diseñadas para mantener la estabilidad mediante algoritmos.

Su nombre, no obstante, induce a error. No todas son estables e incluso las más sólidas, aquellas respaldadas por divisas tradicionales, han llegado a perder la paridad con el dólar. En este sentido, su estabilidad no se refiere a la ausencia de volatilidad, sino a su equilibrio con el activo que replica. “El concepto de stablecoin hace referencia a que su valor está directamente ligado al subyacente y se mueve de igual forma. La stablecoin no es un activo que no se mueve", afirma Javier Cabrera, analista de mercados. El mercado de stablecoins ha crecido exponencialmente en los últimos años y asciende a más de 320.000 millones de dólares, unos 270.000 millones de euros.

Ligadas a las divisas

Las stablecoins vinculadas a divisas tradicionales son las más populares. Su valor depende de la moneda tradicional a la que están ancladas: por ello siempre valen, céntimo arriba, céntimo abajo, un dólar (o un euro). El sector se ha desarrollado fundamentalmente en Estados Unidos, y los activos ligados al dólar representan el 98% de la capitalización total de este mercado. Las más populares son USDT, de Tether, y USDC, de Circle, ambas vinculadas dólar, aunque existen algunos activos, menos populares, ligados al euro: EURC, también de Circle, o la futura stablecoin de Qivalis, el consorcio de bancos europeos que busca emitir su activo en la segunda mitad de 2026.

Pese a ello, no hay una garantía total de que mantengan su paridad con la divisa. En ocasiones puntuales han perdido su vínculo, especialmente en momentos de tensión. En 2022, la crisis de confianza en el mercado cripto y las dudas sobre la gestión de las reservas del emisor, Tether, llevó a la mayor stablecoin del mundo, USDT a perder la paridad con el dólar. El año siguiente, USDC se desvinculó momentáneamente del billete verde durante la crisis de Silicon Valley Bank, tras revelar que tenía parte de sus reservas en este banco, para después recuperar la paridad.

Respaldo y regulación

Estos activos son los más populares y se usan principalmente para invertir en el mercado cripto, como método de pago en países con una divisa débil, o para remesas. Su popularidad ha hecho que sean los únicos en estar regulados: en Europa, bajo MiCA y en EE UU con el Genius Act. La regulación prevé que cada moneda emitida esté respaldada al 100% por reservas: una parte se guarda en depósitos bancarios y otra se invierte en activos muy líquidos, como letras del Tesoro o bonos a corto plazo, en porcentajes diferentes dependiendo de cada jurisdicción. El objetivo es que los emisores siempre tengan liquidez disponible para hacer frente a retiradas masivas y rápidas por parte de los usuarios.

Pero no todas las stablecoins cumplen con la regulación, pese a su popularidad. La más utilizada del mundo, Tether, está domiciliada en El Salvador y una parte minoritaria de sus reservas (un 5%) son bitcoin. Por ello, no cumple con la normativa europea y no puede ni comprarse ni venderse en la región. Tampoco se ajusta a la regulación estadounidense: por ello, ha empezado a emitir otro activo, USAT, que cumple con los requisitos legales previstos por el Genius Act.

Algorítmicas

No toda stablecoin tiene el respaldo directo de un activo que garantiza su estabilidad. Las algorítmicas son concebidas, como sugiere su nombre, para mantener la paridad con el dólar por medio de algoritmos, que ajustan la oferta y la demanda de los tokens en circulación para mantener la estabilidad del precio. A través de contratos inteligentes, el sistema genera nuevas monedas si el precio del token sube por encima de su valor de referencia (un dólar), o retira parte de la oferta en circulación cuando cae, para impulsarlo al alza.

Representan una pequeña fracción del mercado —valen unos 1.300 millones de euros— y su atractivo se redujo cuando el mayor de estos activos, TerraUSD, y su token asociado, Luna, colapsaron. Esta stablecoin prometía la paridad con el dólar y, a la vez, altísimas rentabilidades de hasta el 20%. Se basaba en un mecanismo complejo que preveía premios para cambiar tokens de Luna por los de Terra cuando esta última cotizaba por debajo del dólar, para que así recuperara su valor.

Sin activos líquidos que lo respaldaran, este sobrevivía solo gracias a la confianza y a las dinámicas del mercado. Pero en 2022, cuando empezaron a circular dudas sobre el activo, este mecanismo se rompió: Terra llegó a valer 23 centavos, Luna tan solo uno. En cuestión de días se esfumaron unos 60.000 millones de dólares de valor de mercado.

Do Kwon

Vinculadas a materias primas

Otra variante cada vez más popular son las stablecoins ligadas a las materias primas, como el oro o el petróleo. Cada token representa una unidad de la materia prima a la que están ancladas, como una onza troy de oro. Para cada token acuñado y en circulación, la empresa emisora debe mantener una cantidad equivalente de activos para garantizar su valor. En la práctica más que una stablecoin tradicional, funciona como una representación digital del oro.

“La lógica es similar a la de un ETF de oro, pero en formato tokenizado y transferible en blockchain“, explica Javier Molina, analista de eToro. El ejemplo más popular es Tether Gold (XAUt), emitido por Tether, con una capitalización de 2.780 millones. Cada token se puede canjear por una onza troy de oro, almacenado en un búnker de la guerra fría en Suiza. “XAUT no intenta estabilizar su precio, sino replicar el valor del oro. Por ello, se considera más un activo tokenizado que una stablecoin en sentido estricto", incide.

Ha habido también varios intentos de emitir stablecoins ligadas al petróleo pero la adopción ha sido escasa por problemas de transparencia y diseño. Por un lado, se trata de un activo muy volátil, que replica el precio del oro negro que, en momentos de tensiones geopolíticas, vive profundas fluctuaciones cada día. Por otro, los costes logísticos son elevados y el mercado está basado principalmente en derivados, lo que dificulta su tokenización directa, explica Molina.

Respaldadas por otros criptoactivos

Aunque parezca una paradoja, existen criptomonedas que se apoyan a otras criptomonedas, como bitcoin o ether. Para limitar su volatilidad, no suelen mantener la paridad con los activos que las respaldan sino una relación de 1:2, es decir, cada unidad está respaldada con el doble de valor en criptoactivos, explica Javier Pastor, director de Formación de Bit2Me. Así, en teoría, si los activos de respaldo se desploman, el aterrizaje de la stablecoin sería más suave.

Un ejemplo es el token DAI, cuya estabilidad frente al dólar se basa en un sistema de sobrecolateralización con una variedad de activos como ether y bitcoin. Se trata de criptomonedas que se usan en plataformas descentralizadas para pedir préstamos en criptos, para hacer trading o pagos en la blockchain, pero destacan por su elevada volatilidad, coinciden los expertos.

Con el colapso de TerraLuna, que provocó un efecto contagio en el mercado y desencadenó un profundo criptoinvierno, se popularizaron las stablecoins híbridas, es decir, activos que funcionan con un mecanismo algorítmico pero que están respaldados en parte por otros criptoactivos (incluso por otras monedas estables como USDT o USDC) y por divisas tradicionales. Un ejemplo es Frax, que emplea algorítmos y respaldo en USDC para mantener la paridad con el dólar.

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