Radiografía de la primera crisis de un bitcoin consolidado: “Los institucionales son los que mandan”
El papel de los grandes inversores en la criptomoneda cambia la naturaleza de sus movimientos y abre interrogantes sobre su concentración en pocas manos

La naturaleza especulativa del bitcoin y un ejército de seguidores reclutado en la cultura popular de Internet ha hecho de la imprevisibilidad su marca, pero la criptodivisa más popular parecía haber cambiado de piel en el último año. Con la llegada de Donald Trump, el primer criptobro presidente de Estados Unidos, la promesa de una época dorada para el mercado y una regulación favorable impulsó la entrada en esta industria de nuevos jugadores: grandes bancos, gestoras, aseguradoras, empresas e incluso gobiernos. La criptomoneda ganó impulso, pero todo ha quedado en una ilusión. El mercado cripto ha evaporado casi la mitad de su valor desde julio y bitcoin se ha desplomado más de un 45% desde sus máximos de octubre. A diferencia del pasado, no hay escándalos ni problemas internos a la base de esta crisis y todo apunta a motivos que bien habrían cabido en un periódico salmón de hace 100 años: pausas en las bajadas de tipos, aversión al riesgo, tensiones geopolíticas y riesgo de sobrevaloración. Elementos que llevaron a una retirada masiva de grandes inversores, decisivos en los movimientos de precio.
Durante meses, la acumulación de bitcoin en manos de estos grandes actores apaciguó su volatilidad e impulsó su precio hasta niveles desconocidos de 125.000 dólares. Pero en este tránsito pasó de ser un activo emocional a uno táctico. La inversión no era épica ni transformadora; solo era una gestión de riesgos. “La institucionalización no está eliminando la volatilidad de bitcoin, sino que puede amplificarla en determinados momentos”, señala Luz Parrondo, profesora de la UPF Barcelona School of Management. Por eso en octubre la furia arancelaria de Trump, sumada al nerviosismo por la burbuja de la IA, hicieron desplomar el mercado y borraron el efecto Trump: en un solo día estos grandes inversores decretaron ventas masivas por 16.300 millones de euros. Un repliegue que sigue a día de hoy.
Los inversores minoristas también lo han notado. Jorge tiene 41 años y es de Valencia. Invirtió por primera vez en criptos en 2016, cuando nadie creía en estos activos. Atrapado en su tercer criptoinvierno (cuando el mercado cripto entra en una espiral bajista), reconoce que es diferente. “Ha habido euforia, pero moderada y solo para bitcoin. Solía replicar el comportamiento del Nasdaq, pero ya no está correlacionado. Ahora hay mucho institucional, y los institucionales son los que mandan”, asevera. Las primeras dos crisis, en cambio, sacudieron un mercado incipiente y repleto de inversores particulares, en busca de ganancias rápidas y guiados por la euforia y el FOMO (fear of missing out, miedo a quedarse fuera).
Pero ahora el panorama es diferente. Aquellas crisis dejaron lecciones a inversores y supervisores, acelerando la llegada de la regulación, primero en Europa y luego en EE UU, lo que a su vez atrajo a los institucionales. Con ello, surgieron vías más sencillas para invertir en bitcoin, como los fondos cotizados en Bolsa (ETF) que replican el precio de estos activos, gestionados por gigantes como BlackRock. El suministro de bitcoin empezó a concentrarse en manos de grandes actores: además de la gestora, entre los principales tenedores figuran Coinbase, Fidelity, Binance, Strategy y el gobierno de EE UU.

Así bitcoin empezó a responder también a otras dinámicas, que no son ni el hype ni el pánico de los minoristas, sino la política monetaria o las tensiones geopolíticas. Para David Tercero-Lucas, profesor de Economía en la Universidad Pontificia de Comillas - ICADE, se debe a que está más vinculado a las estructuras típicas de mercados financieros tradicionales. “La presencia institucional ha cambiado la escala y la velocidad de los movimientos. Los ETFs fueron grandes compradores durante la fase alcista y ahora registran salidas relevantes. Cuando estos vehículos venden, lo hacen en volúmenes elevados y de forma relativamente coordinada, porque responden a flujos de entrada y salida de sus propios partícipes. Eso puede amplificar las caídas”.
Daños colaterales
El mercado atraviesa ahora el primer criptoinvierno de un bitcoin consolidado, que impacta como una onda expansiva en el sector. Aquellas empresas que al son de las promesas de Trump decidieron debutar en Bolsa en 2025 están viviendo su peor momento: no cumplen ni un año en Wall Street y ya se dejan entre un 30% y un 50%. El desplome del mercado pesa en sus negocios, basados en el cobro de comisiones y expuestos a los vaivenes de los activos. El mayor intercambio cripto de EE UU, Coinbase, presentó pérdidas netas de 667 millones de dólares, mientras el bróker estadounidense Robinhood dijo esta semana que los ingresos por negociación de criptomonedas descendieron un 38%.
Esto les obliga a reorganizar sus negocios. Gemini, la plataforma cripto de los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss, famosos por haber acusado a Mark Zuckerberg de robarles la idea de Facebook, anunciaron la semana pasada que despedirán hasta un 25% de su plantilla y cerrarán operaciones en Reino Unido, en la Unión Europea y en Australia antes de la segunda mitad de 2026. Los recortes, que afectarán a unos 200 empleados, se deben a una demanda limitada en estos mercados y a los costes elevados que están enfrentando.
Las tesoreras de criptomonedas, firmas que acumulan activos digitales en sus balances, también están contra las cuerdas. Strategy, la que más bitcoin posee, registró pérdidas netas de unos 12.400 millones de dólares en el último trimestre, debido principalmente al ajuste de su balance con el valor de mercado de sus tenencias. Mientras la compañía asegura que, por ahora, no piensa vender sus activos, otras firmas que copian su modelo ya se han deshecho de ellos. Un movimiento que, si lo hicieran actores más relevantes, podría ejercer aún más presión sobre el precio de bitcoin.
Pese a ello, los inversores más experimentados no han perdido la fe. Luis, un ingeniero gallego de 33 años que vive en Madrid, invierte especialmente en bitcoin y Strategy. Empezó a comprar acciones de la tesorera porque su gestor se lo recomendó: “Compré a un precio bastante alto, de más de 200 euros. Estaba ganando un 30%-40% pero de repente empezó a caer y ahora estoy perdiendo un 50% de mi inversión”, reconoce. La firma se ha convertido en cinco años en una versión del bitcoin con esteroides, amplifica sus subidas y bajadas. Por ello asegura que si la acción baja, seguirá comprando. “La empresa no va a desaparecer. Su deuda vence en 2028 y bitcoin va por ciclos. Hay que entrar en un buen momento, y eso es cuando todo el mundo está en contra”.
Los inversores intentan surfear este nuevo criptoinvierno y reconocen que las anteriores crisis les sirvieron de lección. Jorge ya no invierte siguiendo la euforia ni le atraen las subidas estelares. “Ya no espero que una criptomoneda me haga millonario. Cuando veo que se dispara, salgo y busco otra”. Este inversor mantiene sus bitcoin en una billetera fría y aplica lo aprendido a los mercados tradicionales. “Lo mismo he hecho con la plata. La vendí cuando estaba en máximos y el día después se ha desplomado”, recuerda. Luis también aprendió de sus errores. Llegó a perder 5.000 euros en tokens sin fundamentales en la anterior crisis, pero no ha pensado salir o venderlo todo. “Los años me demostraron que bitcoin es lo más seguro dentro de ese mercado y ya no compro nada más. Eso sí, hay que invertir solo lo que estás dispuesto a perder”, sentencia.