¿Criptoinvierno o extinción? Los efectos de la caída de FTX

Los activos digitales alcanzaron un valor de 3 billones de dólares en tiempo récord, pero en unos meses se está evaporando y muchos dudan sobre su futuro

Bitcóin pulsa en la foto

El futuro que prometían los defensores de las criptomonedas se diluye como un azucarillo. La quiebra de la plataforma de compraventa de activos digitales FTX ha sido la última pieza en caer de un dominó que empezó a colapsar hace meses. La descentralización masiva del mundo financiero; la posibilidad de sustraerse de la vigilancia estatal; la generación de confianza colectiva basada tan solo en la tecnología de cadenas de bloques (blockchain)... parecen ahora una utopía evanescente. Las consignas de Ayn Rand, la musa anarcoliberal de la comunidad cripto, hacen aguas.

Los defensores del bitcóin y demás divisas virtuales piden calma y recuerdan que las fuertes correcciones sufridas por las criptomonedas (casi un 70% desde máximos) son normales. Denominan a estos periodos de crisis “criptoinviernos”. Pero la gran duda es si en esta ocasión la industria ha quedado herida de muerte.

Jonhatan Boyar es gestor de fondos en Nueva York, y dirige la firma de análisis Boyar Value Group. A su juicio, el gran problema que ha tenido la inversión masiva de criptomonedas “es que se ha basado en la pura gratificación instantánea, en millones de jóvenes que querían hacer dinero rápido, que es lo contrario a lo que debería ser la inversión”.

Efectivamente, durante 2020, la revalorización de todas las criptomonedas fue exponencial. El bitcóin multiplicó por 10 su valor en pocos meses, al pasar de 5.000 a 50.000 dólares. Surgieron miles y miles de proyectos por todo el mundo. Nuevos tokens que prometían nuevas funcionalidades. Pero el tiempo ha demostrado que la mayoría eran castillos construidos en el aire.

Aunque parte del empuje del mundo cripto ha venido de los llamados cryto bros –jóvenes que se estrenaron en el mundo de la inversión adquiriendo Ripples, Cardano, Dogecoin y demás activos digitales–, lo cierto es que parte de la industria financiera les acompañó en el camino. Compañías de capital riesgo financiaron a FTX hasta convertirla en la cuarta mayor plataforma de este sector, con una valoración de 32.000 millones de dólares (ahora evaporada).

También surgieron cientos de fondos de inversión libre (hedge funds, en la jerga) especializados en esta temática. Y algunas gestoras de fondos convencionales empezaron a lanzar fondos cotizados que replicaban la evolución de estas criptomonedas.

Los problemas de El Salvador en su apuesta por el bitcóin

El desplome del bitcoin ha puesto en jaque a las cuentas púbicas de El Salvador, que se convirtió el año pasado en el primer país del mundo en adoptar esta divisa virtual como moneda de curso legal. Se trata de la principal apuesta económica del presidente, Nayib Bukele, pero no está saliendo como esperaba. Desde que el 7 de septiembre de 2021 esta moneda convive con el dólar en el país centroamericano, Bukele empezó a comprar bitcoins con dinero público. El mandatario ha destinado 107 millones de dólares de los magros presupuestos generales a estas compras. Pero ahora las monedas virtuales han reducido ese valor hasta los 41 millones de dólares. Además, Bukele anunció la creación de una ciudad para todos los interesados en los activos digitales, un proyecto que parece muerto antes de poner la primera piedra.

La caída del FTX, el exchange creado por Sam-Bankman Fried, el “niño de oro” de las criptomonedas, ha puesto de relieve los gravísimos problemas de diseño que tienen la mayoría de proyectos empresariales ligados a este mundo: sedes en paraísos fiscales, ausencia de verdaderas auditorías, falta total de regulación, carencia de una autoridades monetarias que puedan actuar como prestamista de última instancia...

En un reciente informe elaborado por la agencia de calificación crediticia Moody’s, se explica que la quiebra de FTX “va a tener un profundo impacto negativo sobre toda la industria de los critpoactivos, puesto que ha dejado a muchos clientes en el limbo”. La plataforma no llevaba ningún tipo de registro contable.

Fabian Astic, uno de los directivos de Moody’s especializado en activos digitales, recuerda que “los riesgos generales de las criptofinanzas coinciden estrechamente con los de los bancos, pero la opacidad del sector hace que sean más difíciles de medir. La concesión de créditos en el espacio de las criptomonedas se asemeja al “uso del balance” tradicional”. De hecho, los grandes jugadores cripto, como Coinbase o Binance, ya llevan tiempo ofreciendo servicios cada vez más parecidos a los bancos: brokeraje, custodia, apalancamiento...

Un directivo español especializado en el negocio de la depositaría, ironizaba esta semana sobre la situación de la industria de activos digitales. “De repente, se han dado cuenta de que tener una cámara de contrapartida que valide las transacciones entre dos operadores de mercado, o tener reglas que definan perfectamente la labor que tiene el custodio de un activo respecto al papel del bróker o del gestor, no es un simple capricho, sino la destilación de años de experiencias, a veces muy dolorosas, en el sector financiero”, apuntaba en un corrillo de un encuentro financiero.

Algunos analistas no tienen una visión tan diplomática. El economista Nouriel Roubini, mundialmente famoso por haber predicho la crisis de 2008, participó esta semana en un foro financiero en Abu Dhabi y allí describió a toda la industria cripto como “un ecosistema que está totalmente corrupto”. Se refirió a este mundo como un lugar lleno de “tramposos, sinvegüenzas, feriantes, timadores y estafadores”.Las palabras pueden parecer excesivas, pero el caso de FTX (y en otros anteriores) las autoridades judiciales están investigando fraudes masivos a sus clientes.

En el evento de Abu Dhabi estaba presente una de las figuras centrales del mundo de los activos digitales, Changpeng Zhao, fundador y consejero delegado de Binance, la plataforma de compraventa de criptomonedas más popular. Roubini recordó que este exchange está siendo investigado en Estados Unidos y prohibido en Reino Unido. Y se refirió a su dueño, Zhao, como “una bomba con patas”.

Tras la declaración de quiebra de FTX, son muchos los analistas que se preguntan cuál será el siguiente operador en caer. En mayo ya se vivió el colapso de las supuestas “monedas estables” Terra USD/Luna; meses después desapareció el fondo de cobertura Three Arrows Capital, la plataforma de cobertura Celsius y el corredor de criptomonedas Voyager Digital. Y esta semana ya se está hablando de si aguantará la plataforma Crypto.com. El token que está asociado a la misma ha perdido más de un 80% del valor en 2022, como le ocurrió al token de FTX que precipitó su final.

La mayoría de los valores de las criptomonedas han caído significativamente en los últimos cinco días. Bitcoin ha bajado un 20%, Ethereum un 24% y Solana un 54%. Solana ha caído más que los otros, ya que Alameda Research (la firma de trading vinculada al fundador de FTX) fue uno de los primeros inversores en Solana en 2021.

Mirva Antila, directora de activos digitales de Wisdom Tree, considera que el efecto contagio puede durar durante semanas. Con todo, también opina que sigue habiendo un gran potencial en los criptoactivos. “Al igual que con la mayoría de las nuevas tecnologías, las primeras etapas del desarrollo tecnológico son propensas a problemas, traspiés y contratiempos. Algunos de los modelos de negocio más problemáticos en la industria cripto han sido las plataformas de compraventa radicadas en paraísos fiscales , como Mt Gox, BitMEX, FTX, y los corredores cripto, como Voyager Digital. Se necesitan algunos cambios fundamentales para que la industria sea más transparente y transmita más confianza”.

A la falta de regulación y la opacidad se añade otra crítica: se trata de un universo que promete la descentralización financiera pero que realmente está controlado por muy pocos jugadores.

El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, recordaba el viernes en una tribuna de The New York Times que la industria cripto pasó casi de no existir a alardear de tener un balance agregado por valor de 3 billones de dólares, para luego volver casi a evaporarse. El economista es escéptico sobre su futuro. “Si finalmente se pone en marcha una fuerte regulación, y se limitan esas falsas promesas de grandes rentabilidades, es difícil ver qué ventaja pueden tener las criptofinanzas respecto a los bancos tradicionales”. Y no descarta que esta industria “acabe cayendo en el olvido”.

Mientras los inversores y teóricos del blockchain, la tokenización de la economía y la descentralización financiera se lamen las heridas y vaticinan una nueva Reconquista digital, cada vez son más los damnificados. Sobre todo, miles de trabajadores de plataformas y custodios de criptoactivos que han perdido sus empleos, y millones de particulares que han perdido parte de sus ahorros cegados por el fulgor de una rentabilidad etérea.

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