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Andrés Sendagorta (Sener): Un ‘top gun’ a los mandos de la empresa familiar

Exmilitar condecorado y empresario por tradición y vocación, se define como un tipo con suerte que siempre ha trabajado en lo que le gusta

Sener

Andrés Sendagorta McDonnell (Madrid, 1958), presidente de la compañía de ingeniería Sener y del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), es un exmilitar condecorado, rico por familia y empresario por tradición y vocación, al que no le gusta la exposición pública. Tiene sentido y tiene explicación. El apellido Sendagorta forma parte del núcleo de la burguesía vasca asentado en Neguri (Vizcaya) junto a los Lezama-Leguizamon, Ampuero, Aguirre, Zubiría e Ybarra, que estuvo durante décadas en el punto de mira del terror. Sendagorta cumple con el axioma del bilbaíno que nace donde quiere y guarda una pasión: el Athletic de Bilbao. Con algunos puntales añadidos como la familia y la milicia. Una de sus máximas: “que no te conozca nadie es un lujo”.

Se podría decir que el camino de Andrés Sendagorta estaba trazado. Iba para ingeniero naval, pero acabó como piloto de la Armada. Un curso veraniego de vuelo sin motor en Huesca, con 17 años, abrió el camino. Graduado en la Escuela Naval Militar de la Armada española como alférez de navío, en más de 20 años de carrera militar ha sido, entre otras cosas, oficial de Guerra Antisubmarina en la fragata Baleares, piloto naval de reactores de combate (US Navy y Armada española), piloto de reactores Harrier en Rota, jefe de operaciones y segundo comandante, así como capitán de corbeta de la escala superior del Cuerpo General de la Armada. Sendagorta pasó tres años en la escuela de pilotos de la Armada de EE UU en Pensacola (Florida). Un curso exigente que le dejó huella; una gran admiración por el sistema de formación bajo presión y un imborrable recuerdo al mejor estilo de la película Top Gun: la entrada en pérdida del caza que pilotaba en una simulación de combate cercano (dogfight). No saltó del avión.

En 2009, a propuesta del ministro de Defensa, recibió la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco; la misma condecoración concedida a sus tíos Enrique y Jesús Sendagorta, en 1963 y 1967, y similar a la Cruz del Mérito Aeronáutico concedida a su padre, José Manuel Sendagorta. Además, Andrés Sendagorta McDonnell ha sido presidente y vicepresidente de Afarmade, la hasta hace pocos años patronal de los empresarios de armamento.

El presidente de Sener –seis hijos y una docena de nietos– tiene, por supuesto, una carrera civil. Es diplomado en Dirección General por el IESE y miembro del consejo rector del Instituto de Estudios Bursátiles. Antes de presidir el IEF, dirigió la Asociación de Empresa Familiar de Euskadi (Aefame).

Su vinculación profesional con Sener se fraguó, primero como consejero y desde 1999 como vicepresidente del grupo. En 2018, fue nombrado presidente de la fundación de la compañía. En su tiempo libre lee historia y practica bicicleta de montaña. Pero su gran pasión es la mar.

La relación de los Sendagorta con el mundo militar es estrecha. La compañía familiar Sener se creó en 1956 por el matrimonio Enrique Sendagorta y Maria Luz Gomendio más los hermanos Erhardt Hormaeche. Cada parte con el 50% del capital. El nombre de la empresa se creó con la primera sílaba de los apellidos fundadores: SEN y ER. Los Erhardt representaban en España a la firma alemana Krupp, el corazón siderúrgico y de armamento de la industria alemana.

El gran impulsor de Sener, José Manuel Sendagorta Aramburu –ya fallecido–, padre del actual presidente y hermano del fundador Enrique, también tenía relación con el área industrial-militar. Sendagorta Aramburu se formó en la Escuela de Ingeniería Aeronáutica, que en los años 50 tenía carácter militar y formó parte de un grupo de ingenieros que trabajaron para el Instituto Nacional de Industria (INI) en colaboración con Cetme –otra empresa militar– en un programa de aviación militar.

El área de Defensa ha sido muy rentable para los Sendagorta. En 1989, la empresa familiar Sener se alió con el gigante Rolls Royce para constituir la sociedad Industria de Turbo Propulsores (ITP) y participar, entre otros proyectos, en la fabricación del Avión de Combate Europeo. La alianza terminó 27 años después con la venta del 53% de la compañía en poder de los Sendagorta a la compañía británica por 720 millones de euros. Un dinero.

La venta permitió a la familia centrar sus esfuerzos en los negocios tradicionales de ingeniería y construcción. Pero sin abandonar por completo el área. Hoy en día, la actividad de defensa no es el área más amplia dentro de Sener pero, cualitativamente es importante, como han reconocido públicamente sus directivos, porque es la cuna de mucha tecnología que luego permite perseguir el liderazgo en otros sectores. Con apoyo, todo hay que decirlo, de las administraciones vascas que han contribuido a la buena marcha de la firma con contratos públicos que abarcan desde la asesoría sobre planes de movilidad hasta el desarrollo de infraestructuras.

El reconocimiento al liderazgo ha llevado a Sendagorta a presidir el Instituto de la Empresa Familiar. No es un mirador empresarial menor. El IEF, según datos de Deloitte, agrupa a un centenar de las mayores empresas familiares de España, que llegan a una facturación total de 172.000 millones de euros a nivel mundial. En su primer discurso como presidente del Instituto, hace menos de un año, Sendagorta destacó que el conjunto de empresarios que representa tiene “legitimidad suficiente para hablar y para que se le escuche”. Para probarlo, en sus últimas intervenciones, ha defendido la necesidad de tener un tejido empresarial formado por empresas enraizadas en España y ha pedido al Gobierno que deje “las ocurrencias” y especialmente “la marejada fiscal”. En el corazón de su discurso laten dos ideas: las empresas no tienen arraigo, las familias sí y la sociedad entiende mejor a las empresas familiares que a otro tipo de sociedades.

Desde el balcón del IEF, Sendagorta, expuesto como nunca antes a la opinión pública, ha abogado por la recuperación de “la noción del trabajo como eje dignificador de la persona”, un principio muy familiar para el empresario desde el comienzo de su educación en el colegio Gaztelueta de Bizkaia, vinculado al Opus Dei. En los últimos tiempos, Sendagorta ha apuntado a un problema que afecta especialmente al sector en el que se desenvuelve Sener: la falta de mano de obra cualificada.”Una paradoja” afirma “que amenaza ya a todos los sectores”. Son cosas del gran mercado en el nuevo milenio y una preocupación para quien se define como un tipo con suerte que siempre ha trabajado en lo que le gusta.


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