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El Foco
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

‘Economics’ y ‘economy’: mejoras básicas para medir la economía

Para reflejar el desarrollo hay que ir más allá del PIB y usar indicadores que miden otras variables, como la educación

Jesús Lizcano Álvarez

Los términos economics y economy son dos acepciones distintas en lengua inglesa de lo que en nuestro idioma pasa por ser la economía. Economics hace referencia a los modelos y postulados teóricos y metodológicos de la economía, mientras que el término economy viene a significar el sistema económico real, esto es, la situación y funcionamiento de la economía en términos prácticos. En este artículo vamos a hacer referencia a algunas mejoras que se necesitan en economics, para poder así mejorar la situación y el funcionamiento de la economy.

En primer lugar, nos vamos a referir a la necesidad de cambiar y ampliar la medición del desarrollo económico de un país en base a su producto interior bruto (PIB), y ello, en función de las limitaciones de esta magnitud macroeconómica para medir de una forma integral la actividad económica de un país. Hemos de recordar a este respecto que el PIB mide simplemente el valor de mercado de los bienes y servicios producidos en cada país, sin medir por tanto importantes aspectos como los ecológicos y sociales. Es por ello que en caso de un accidente o catástrofe grave en un país, pueda con ello aumentar el PIB por el valor económico de los trabajos de reconstrucción, que se consideran como bienes y servicios producidos, sin tener en cuenta los importantes recursos perdidos por esa catástrofe. Algo parecido ocurre en el ámbito medioambiental, ya que si un país vende una gran parte de la madera de sus bosques, aumenta significativamente el PIB, pero no se computa la pérdida de esos importantes activos o recursos naturales.

Es por ello que para que se recoja más fielmente la realidad del desarrollo económico habrá que dar un mayor protagonismo a otros indicadores o macromagnitudes, tales como: el indicador del desarrollo humano (IDH), que mide variables tan importantes como la longevidad, la educación o las condiciones de vida en un país. También será importante que se otorgue un mayor protagonismo al índice de bienestar económico sostenible (IBES), el cual recoge en su cálculo tanto la desaparición de los recursos naturales como los gastos de defensa, la pobreza o la discriminación. Será igualmente necesario que se dé una mayor importancia al índice de progreso genuino (IPG), que es una modificación del IBES, y que incluye aspectos como la distribución desigual de la renta o la delincuencia. Otro indicador a tener en cuenta en el ámbito de economics es el indicador de pobreza humana (IPH), que mide aspectos como la esperanza de vida, el porcentaje de adultos analfabetos o el nivel de dotación de servicios (sanitarios, agua potable, etc.) en un país. La utilización añadida de los anteriores índices o macromagnitudes proporcionará, en resumen, una imagen más integral y holística de la economía de un país.

Aparte de la simple y algo obsoleta utilización exclusiva del PIB como una referencia fundamental, cabe añadir que la propia contabilidad nacional es un sistema de información tan complejo como inoperativo y en absoluto ajustado a los problemas y necesidades de la economía y la sociedad; e igualmente hemos de decir que tampoco cumplen esa función las numerosas y a menudo frondosas series de datos estadístico-contables del INE. De un tenor similar es, por otra parte, lo que ocurre con la información oficial del sector público, que parece que con la asunción (incompleta) del principio de devengo ya ha alcanzado su quintaesencia informativa, cuando en la práctica no deja de ser un conjunto de datos agregados y alineados por capítulos y subcapítulos, cuyas únicas aspiraciones parece que son el simple cumplimiento del principio de legalidad y las correspondientes normas contables y presupuestarias. En resumen, la información económica pública, tanto macro como micro, ha de ir mucho más allá de su nivel actual, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo.

Otro importante problema en el espacio economics es el de la forma de medir la inflación. Aquí el problema fundamental consiste en que al medir oficialmente el índice del coste de la vida de los ciudadanos con el IPC no se tienen en cuenta los gastos hipotecarios que pagan los varios millones de familias de nuestro país que tienen contratada una hipoteca, y para quienes el pago mensual de sus intereses representa una muy importante proporción en los presupuestos familiares; y curiosamente al medir la inflación se pasa soberanamente de este muy importante gasto (y sus subidas) para tantos ciudadanos. Parece obvio que debería incluirse en la inflación esa parte tan sustancial (sobre todo en los primeros años) de las cuotas hipotecarias que soportan mensualmente las familias, como es la parte de los intereses (que se paga junto a la devolución del principal) y cuya omisión en el IPC significa un verdadero falseamiento de la subida real de los precios y el coste de la vida de esos millones de familias y por tanto el ninguneo de millones de ciudadanos. Paradójicamente, sí se incluye en cambio en el IPC el alquiler que pagan las familias que tienen arrendada su vivienda, asimetría esta que queda fuera de toda lógica. Afortunadamente países como Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda ya han comenzado a introducir los gastos hipotecarios en el cálculo del IPC, e incluso el Banco Central Europeo, que dicta las normas en la UE al respecto, se ha dado cuenta recientemente del problema, y está estudiando ahora la inclusión de los intereses hipotecarios de las viviendas a la hora de calcular el IPC. Pero en todos estos años, y mientras tanto se modifica la metodología, nos preguntamos cuántas habrán sido las decisiones –tanto micro como macroeconómicas– tomadas erróneamente en base a ese incorrecto cálculo del IPC.

En resumen, hemos tratado de explicitar en estas líneas algunas de las incoherencias, insuficiencias y desaciertos de la ortodoxia económica actualmente vigente, y que hacen tan urgente como necesario combatir las inercias y mejorar los planteamientos, herramientas y formas de medición económica. Esperemos que los responsables de las políticas y decisiones económicas lo tengan en cuenta para lograr así mejorar el progreso económico y social de los ciudadanos.

Jesús Lizcano es Catedrático de la UAM. Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España

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